Opinion

Entre la "estafa" y el "mal necesario"

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El Congreso aprobó, con muchos votos favorables pero más a la fuerza que por convicción, el pacto con el FMI.

La Cámara de Diputados y Diputadas dio amplio acuerdo al pacto del gobierno nacional con el Fondo Monetario Internacional, para afrontar el pago de la deuda -que numerosos sectores políticos y sociales consideran "estafa"- contraída por el gobierno nacional anterior.

La comodidad que mostraron los números para la aprobación del acuerdo -que incluyó el voto favorable de cuatro legisladores de La Pampa, con una ausencia- se contrapone con la incomodidad a la hora de la argumentación, puesto que incluso quienes avalaron el arreglo lo hicieron desde una posición en la que señalaron el mal gusto que les deja alzar la mano para semejante decisión.

A poco de ese resultado, y a tono con las palabras previas que había utilizado sobre el asunto, el gobernador pampeano definió el mentado acuerdo como un "mal necesario".

Esa idea de que no había alternativa fue la que se instaló con más fuerza no solo en la dirigencia política, sino en una extendida porción de la comunidad, que pese a los antecedentes nefastos de la presencia del FMI en el país parece temerle más al fantasma del "default" que a las penosas consecuencias de los monitoreos y la imposición de políticas económicas.

El debate en el Congreso puso en evidencia la falta de responsabilidad y autocrítica del sector que fue oficialismo cuando tomó esa deuda sideral y desproporcionada, y que sin embargo se permitió discursos como si nada tuviera que ver con el asunto.

Generó además la paradoja de que -no por primera vez- la izquierda dura y la ultraderecha votaron lo mismo, aunque con argumentaciones en las antípodas: la izquierda reclamó que no hubiera pacto y que se denunciara la estafa; los mal llamados "libertarios" y algunos asociados pidieron que el "entendimiento" fuera más gravoso para los sectores populares, con recetas de las ya aplicadas en los peores momentos de la historia.

Sectores del propio oficialismo también se opusieron bajo la mirada de que el FMI estaría de este modo imponiendo "un plan económico", según las palabras que eligió la vicepresidenta para aludir a una jornada que definió como de "inmensa pena".

La historia del FMI en la Argentina, como en el resto del mundo, ha sido funesta, y posiblemente el gobierno actual perdió una ocasión de ir más a fondo con la posibilidad de denunciar la estafa: no fue cuestión de estas semanas, sino en el mismísimo inicio de la gestión, cuando pudo exponerse más claramente el despropósito de un arreglo a todas luces abusivo y posiblemente criminal.

Aun así suenan comprensibles algunas argumentaciones que refieren a que el ingreso en otro "default", como ya ocurrió en el inicio de siglo, hubiera perjudicado fundamentalmente a los sectores menos pudientes, a pequeñas y medianas empresas, a trabajadores y trabajadoras y a quienes ni empleo tienen.

Ahora habrá que ver andar ese "entendimiento", con la inevitable memoria de que más de 20 acuerdos de ese tipo terminaron mal para los sectores populares y con la sensación que reina en la enorme mayoría de la dirigencia política y de la ciudadanía: es un acuerdo forzado, sin convicción, quizá inevitable, en el que en todo caso hay una mirada casi unánime de que está a medio camino entre una estafa y un mal necesario, y por lo tanto nada hay para festejar.

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