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EL DIARIO digital
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Durante décadas, el reposo fue la indicación por excelencia ante cualquier lesión o proceso postoperatorio. Sin embargo, la evidencia acumulada en el campo de la fisiatría y la medicina deportiva cuestiona ese paradigma de manera contundente.
Médicos especializados en rehabilitación, consultados por la revista Parade, advierten que descansar demasiado puede tener el efecto contrario al deseado: la inmovilización prolongada no solo retrasa la recuperación sino que puede agravarla. Al mismo tiempo, ofrecen una serie de indicaciones sobre cómo y cuándo volver a moverse.
Quedarse quieto tiene sus propios riesgos
Según la doctora Clarinda Hougen, especialista en medicina deportiva de atención primaria en Cedars-Sinai Orthopaedics and Sports Medicine de Los Ángeles, la masa muscular y la fuerza comienzan a deteriorarse en cuestión de días tras la inmovilización, incluso en personas jóvenes y sin condiciones de salud previas. Recuperar esas pérdidas, advierte, se vuelve progresivamente más difícil con la edad.
A eso se suman complicaciones que el reposo prolongado puede generar por sí solo: rigidez articular, formación de coágulos y lesiones por presión. En conjunto, estos factores terminan por extender el tiempo de recuperación en lugar de reducirlo.
El doctor David Gazzaniga, cirujano ortopédico y jefe de la División de Medicina Deportiva del Hoag Orthopedic Institute en Irvine, California, señala que la evidencia médica demuestra en forma reiterada que el movimiento favorece la reparación del tejido blando con mayor velocidad y solidez que la inmovilización. El mecanismo no se limita a la mejora del flujo sanguíneo: involucra procesos más complejos a nivel celular y tisular.
Hougen coincide en ese punto y agrega que los tejidos musculares responden directamente al uso. Al ser "solicitados" mediante el movimiento, activan sus mecanismos de crecimiento y reparación. La clave, subraya, es que ese esfuerzo sea graduado y controlado.

Cuándo es el momento de empezar a moverse
La doctora Humaira Ashraf, fisiatra de MedStar Health, propone que, en lugar de permanecer en cama durante dos días y luego retomar la actividad de golpe, sea más útil comenzar a explorar los límites del movimiento desde el inicio, con pequeñas acciones similares a las actividades cotidianas.
Gazzaniga pone un plazo concreto: no conviene esperar más de 72 horas para comenzar la rehabilitación en lesiones de tejido blando, siendo que, al iniciar antes el proceso de recuperación, los resultados eran notablemente superiores a los de quienes esperaban más tiempo.
Para lesiones más graves, como fracturas o esguinces severos, Hougen recomienda esperar entre una y dos semanas antes de comenzar el trabajo de rehabilitación.
Sanar bien exige atender varios frentes
Los especialistas proponen utilizar el dolor como indicador de los límites del movimiento. Un malestar leve que no supere uno o dos puntos en una escala de diez y que no se prolongue más de una hora puede ser aceptable. Lo que no se debe tolerar es un dolor agudo, sostenido o que se intensifique.
En el caso de las conmociones cerebrales, la actividad física ligera que no provoque ni agrave los síntomas puede acelerar la recuperación de forma significativa. Para las afecciones crónicas, en tanto, el descanso no es la respuesta: el movimiento continuo mantiene las articulaciones en mejores condiciones, bajo el principio que los médicos resumen en la frase "el movimiento es la loción".
La nutrición y el sueño también forman parte del esquema de recuperación que los rehabilitadores recomiendan considerar.

Cómo moverse durante la rehabilitación
La forma en que se retoma la actividad importa tanto como el momento en que se lo hace. Los especialistas sugieren comenzar con ejercicios de carga protegida, avanzar gradualmente en el rango de movimiento y trabajar con un fisioterapeuta con experiencia en el tipo de lesión en cuestión.
En cuanto a la dinámica muscular, la indicación es comenzar con contracciones isométricas donde el músculo se activa sin producir movimiento articular antes de pasar al movimiento activo, siempre en función de la estabilidad y la tolerancia de la articulación afectada. Los estiramientos lentos y sostenidos, como los que se enseñan en clases de educación física o en yoga, también forman parte del protocolo.
Ashraf sintetiza el criterio general: comenzar con actividad leve, evaluar la respuesta del cuerpo y aumentar la intensidad de manera progresiva, día a día, hasta recuperar el nivel de actividad previo a la lesión. Si al retomar la rutina los síntomas se agravan, la recomendación es consultar con un profesional de la salud.