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EL DIARIO digital
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El vaso de leche antes de ir al colegio, obligatorio. El yogur de postre, también. Desde que tenemos uso de razón nos han inculcado la importancia de incluir en la dieta los famosos lácteos. Sin embargo, la búsqueda de una alimentación más sostenible ha ido desplazando estos productos en favor de alternativas vegetales. El problema: estas no aportan nutrientes que el cuerpo necesita. Al menos, las que no están fortificadas, es decir, a las que no se les ha añadido vitaminas o minerales esenciales que no obtienen de manera natural.
Así lo revela un nuevo estudio del Reino Unido publicado en la revista The Lancet Planetary Health, que alerta del déficit de nutrientes de los sustitutos vegetales de los lácteos, especialmente del yodo. "Es posible que la gente desconozca la importancia del yodo, necesario para la producción de hormonas tiroideas que regulan el metabolismo, favorecen el crecimiento saludable y el desarrollo cerebral", explica en un comunicado Sarah Bath, profesora asociada de la Universidad de Surrey y autora principal de la investigación. La experta aclara que el yodo es especialmente importante durante el embarazo para asegurar que las reservas sean óptimas. "Las alternativas de origen vegetal, a menos que estén fortificadas, tienen un contenido de yodo muy bajo", afirma.
En concreto, el trabajo, que incluyó a más de 3.500 personas de entre 18 meses y 100 años de edad, estimó que la ingesta media de yodo se reduciría entre un 9 y un 21% si un tercio de los productos lácteos se sustituyeran por una alternativa vegetal; y entre un 13 y un 28% si se sustituyera la mitad. La ingesta de calcio, riboflavina y vitamina B12 también disminuyó. Estos datos preocupan especialmente entre los grupos vulnerables, como los niños pequeños y los adolescentes, "quienes tienen mayor probabilidad de sufrir deficiencias de ciertos micronutrientes, lo que podría afectar su salud en general".
Cómo prevenir el déficit de yodo

Como se ha mencionado, en el enriquecimiento de los alimentos vegetales está la clave. "Los autores observan que la fortificación de las alternativas vegetales con yodo y otros micronutrientes ayudaría a reducir considerablemente las pérdidas nutricionales asociadas a esta sustitución, y que combinar esta medida con el uso de sal yodada en la elaboración del pan podría mejorar la ingesta de yodo incluso en grupos que ya presentan niveles insuficientes con su alimentación habitual", declara a la plataforma informativa SMC Jesús Francisco García-Gavilán, investigado en el grupo de Alimentación, Nutrición, Desarrollo y Salud Mental del departamento de Bioquímica y Biotecnología de la Universitat Rovira i Virgili.
Por otro lado, continúa el especialista, "una ingesta estimada inferior a los requerimientos no implica necesariamente una deficiencia clínica y los resultados corresponden a la población británica, por lo que no pueden extrapolarse directamente a España, donde existen diferencias importantes en los patrones alimentarios, las fuentes de yodo y el uso de sal yodada".
Por último, García-Gavilán recalca que las alternativas vegetales no son necesariamente perjudiciales, ni se debe mantener un elevado consumo de lácteos. "La sustitución de alimentos debe planificarse teniendo en cuenta su composición nutricional y no únicamente el origen de los alimentos. En este sentido, mejorar la fortificación, el etiquetado y la información nutricional de estos productos podría contribuir a que la transición hacia dietas más sostenibles sea también saludable y segura", concluye.