Salud

Qué significa que una persona no pueda estar sin hacer nada

El síndrome de la vida ocupada es vivir con la mente llena de pendientes y sentir que nunca se ha hecho lo suficiente
El "síndrome de la vida ocupada" es vivir con la mente llena de pendientes y sentir que nunca se ha hecho lo suficiente.
Estar siempre ocupado puede esconder una necesidad de sentirse útil o evitar determinadas preocupaciones. Una psicóloga explica cuándo esta necesidad de no parar puede convertirse en un problema.

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EL DIARIO digital

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Hay gente que lo de trabajar de sol a sol se lo toma de forma literal. Gente "torbellino", incapaz de quedarse quieta, que aprovecha cualquier hueco libre para hacer esto o lo otro. "Hay muchas personas que están constantemente con algo y que les cuesta parar. Y no necesariamente porque tengan una agenda muy repleta de obligaciones. Estar muy ocupadas les proporciona una sensación de control, utilidad y reconocimiento", subrayan los psicólogos.

Según los profesionales, ya sea porque se haya aprendido en la infancia o en el entorno laboral, estar siempre haciendo algo se puede convertir en una forma de vivir. Suele interpretarse como una señal de valía o importancia: "Cuanto más llena está la agenda, más parece que valemos". Por tanto, si una persona acaba vinculando su valía a lo que hace, quedarse quieta puede resultarle incómodo. Además, agrega, para algunos es una forma de eludir otros temas que generan preocupación.  

El hábito también influye: "Después de mucho tiempo funcionando sin parar, bajar el ritmo no es fácil, el cuerpo y la mente se han acostumbrado a una sobreactividad. Podemos tener tiempo libre y, aun así, sentir que debemos llenarlo".

Es en este punto cuando muchas veces se habla de "síndrome de la vida ocupada". Eso sí, los expertos aclaran que se trata de una expresión divulgativa y no de un diagnóstico psicológico. En concreto, sirve para describir una experiencia reconocible: vivir con la mente llena de pendientes y sentir que nunca se ha hecho lo suficiente. "La cuestión no es cuántas actividades hay en la agenda, sino qué relación mantenemos con ellas. Una persona puede atravesar una etapa exigente y disfrutar plenamente de ello", matiza la psicóloga, quien añade que la señal de alerta aparece cuando cualquier hueco se llena automáticamente y genera malestar.

De esta manera, insiste, "la señal reveladora no es tener una agenda llena: es sentir que no puedes dejar un espacio vacío. No es solo tener mucho que hacer, es sentir que siempre tienes que estar haciendo algo".

¿Por qué el descanso puede generar culpa o ansiedad?

"Debería estar aprovechando el tiempo" es un pensamiento recurrente cuando no se está haciendo nada. Y esto puede generar inquietud, aburrimiento o culpa. La mente entonces empieza a repasar lo pendiente. "Para quien se ha acostumbrado a sentirse valioso solo cuando está haciendo cosas, descansar parece una falta que debe justificarse".

También puede ocurrir que, al bajar el ritmo, se hagan más visibles preocupaciones que la actividad mantenida en segundo plano. Por eso, "conviene aprender a descansar sin esperar a haberlo terminado todo, pues esa lista probablemente nunca estará vacía. El descanso no es un premio por haber terminado todo, sino una condición para poder continuar bien".

¿En qué momento esto se convierte en un problema?

Cuando no parar deja de ser una elección y se convierte en una obligación interna, es importante pedir ayuda: "Conviene prestar atención si le cuesta desconectar incluso fuera del trabajo, duerme peor, está más irritable, pierde interés por actividades que antes disfrutaba o descuida su salud y sus relaciones".

Asimismo, si la persona necesita mantenerse ocupada para no enfrentarse a una angustia que va en aumento, conviene consultar con un psicólogo que pueda ayudarle a entender qué sostiene ese ritmo y a recuperar el margen de elección. "Buscar atención psicológica antes de agotarse también es una forma de cuidarse", concluyen los especialistas.

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