La tapa de EL DIARIO de hoy

Los dichos de Cristina sobre programas sociales y organizaciones reponen una discusión que puede ser discriminatoria y falaz, pero también profunda y sensata.

Los dichos de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, que siempre impone parte de la agenda pública desde sus conceptualizaciones, dejaron otra vez en el centro de la escena la problemática de los "planes sociales", un tema habitualmente abordado con fanatismo e ignorancia desde distintos sectores.

En todo caso, es bienvenido el debate de las últimas horas, puesto que esa temática -que desde ya tiene su fuerte impacto en La Pampa- normalmente es tratada de modo discriminatorio, miope y falaz por los medios de comunicación del establishment y por la oposición política más exacerbada.

Las referencias de la expresidenta causaron múltiples reacciones, y en ningún caso indiferencia, puesto que esa herramienta creada en tiempos de crisis mayúscula se fue modificando con el correr del tiempo y en algunos casos, según ciertas interpretaciones, también tergiversando.

A la vez es indudable que, como señaló de inmediato el presidente, la puesta en marcha de esos programas sociales o de trabajos en alianza con organizaciones, contribuyó a que los pesares de por sí dolorosos que padecen los sectores más vulnerados no derivaran en un inevitable estallido a raíz de carencias extremísimas.

Sí queda la sensación de que lo que se creó como un paliativo para salir del paso fue tornándose con el correr del tiempo -y como sucede con tantos elementos y políticas en la Argentina- en un mecanismo masificado, y que así como registra ejemplos de su buena aplicación también dejó el campo libre para el oportunismo y el aprovechamiento político.

stanley macri 2

Aunque desde el discurso combatió a los sectores a los que dio en llamar "planeros", el gobierno neoliberal multiplicó la existencia de ese tipo de beneficios, llevando su número al doble de los que existían al momento en que Mauricio Macri asumió el gobierno: una gestión que se hizo de la mano de Carolina Stanley, incluso con las agrupaciones que hasta ese momento parecían comandadas por dirigentes de apariencia opositora.

Las organizaciones que tienen en sus manos la mayoría de los manejos vinculados con esos programas (la "tercerización" a la que polémicamente aludió Cristina) se convirtieron por eso mismo en espacios políticos de relativa pero nutrida presencia: el Movimiento Evita es quizá el más visible de esos sectores, sobre todo en este momento en que decidió jugar tan a fondo a favor de la figura presidencial.

movimiento evita

Los mensajes oficiales respecto de "reconvertir" los programas en "trabajo genuino" quedaron a mitad de camino porque la crisis es otro obstáculo infranqueable para esos fines y porque tampoco nunca estuvo muy claro de qué modo se iba a producir ese "pasaje" del actual estado de cosas a una era quizá más saludable.

A primera mirada, no hay sector dirigencial que no coincida con el mensaje vicepresidencial en el sentido de que lo deseable es "el laburo" y no "el plan", pero cierta estigmatización de las organizaciones también conlleva el riesgo de ocultar u olvidar lo que esos espacios aportaron positivamente en este tiempo.

Aparenta ser una discusión interesante la referencia al rol del "puntero" que define altas y bajas, pero no puede contraponerse a esa tarea a un Estado supuestamente virtuoso y absolutamente eficiente, porque esa imagen no se compadece con la realidad.