El Gallito Canta  Tapas de la edición de papel  ico_radio.png

Tapa de la Edición Impresa

Por Mariano Fava (*)

Como ya hemos comentado en columnas anteriores, la campaña de cosecha gruesa 2021-2022 se presenta con un pronóstico "Niña" (lluvias por debajo de la media histórica). Ante esta coyuntura nos enfrentamos a la disyuntiva respecto de avanzar o no en el establecimiento de cultivos de segunda.

Si el verano acontece seco como se espera, las plagas van a estar a la orden del día. Proteger a un cultivo de soja contra insectos y malezas en años de estrés hídrico es muy complicado y costoso, pues el cultivo es visitado por arañuelas, tucuras, chinches e isocas.

Ante este escenario, el maíz de segunda con tecnología de resistencia a herbicidas de amplio espectro en tándem con genes de resistencia a lepidópteros (orugas) aparece como una alternativa por demás de interesante, de manera de disminuir la inversión de cuidado de sementeras. Es por ello que seguidamente vamos a dar algunas recomendaciones y comentarios generales acerca de esta alternativa de producción.

Con el auge de la siembra de maíces ultrarralos en siembra directa se ha abierto todo un mundo para el establecimiento de esta especie en la modalidad de cultivos "tardíos" o "de segunda". Entendiéndose por este último (segunda) todo aquel potrero que se plante inmediatamente después de cosechada una especie de invierno.

Con el uso combinado de varias tecnologías como la siembra directa, la fertilización estratégica y los modernos híbridos prolíficos con potencial para generar más de una espiga por planta en siembras ralas, que además son resistentes a herbicidas de amplio espectro de control y a algunos lepidópteros, todo este cúmulo de situaciones ha transformado al maíz en una de las especies más estables y seguras agronómicamente hablando para este tipo de planteos.

Como hemos mencionado varias veces en esta misma columna, el maíz genera un gran aporte de rastrojo. Este constituye la base que alimenta la meso y microfauna del suelo. El poderoso sistema de raíces que posee (el cual recuerda a una cabellera larga) hace una exploración muy eficiente del suelo, y cuando termina su ciclo las raíces se descomponen, generando orificios conocidos agronómicamente como "macroporos".

Estos juegan un papel preponderante, tanto en el intercambio gaseoso suelo-atmósfera, como así también en la captación y el drenaje rápido del agua de lluvia, amortiguando de esta manera los fenómenos de acumulación de excesos hídricos en las zonas bajas de los campos, o encharcamientos en potreros planos, derivados de suelos con baja infiltración por falta de poros. Este proceso se ve magnificado en sistemas de siembra directa, donde no hay labranza posible que genere macroporosidad.

El aporte de materia orgánica que hacen las raíces, sumado al de la parte aérea de la planta, es muy importante para el suelo, ya que contribuye a la fertilidad física de este (resistencia a la compactación, captación de lluvia, almacenamiento de agua, estabilidad del suelo ante agresiones como el viento, etc.). Además el rastrojo sobre el suelo baja la temperatura del mismo, mejorando la eficiencia del uso del agua.

Quienes piensen sembrar maíz de segunda deberán tener en cuenta algunas consideraciones. Las mayores temperatura y radiación del mes de diciembre estimulan el crecimiento vegetativo de las plantas. Si esto no se regula de alguna forma se malgastan muchos recursos por la competencia entre ellas por luz, lo que impacta negativamente en la producción de granos. La estrategia en estos casos es sembrar el cultivo más ralo, es decir con menos plantas por metro lineal de surco que en las siembras de primera.

Por otra parte el ciclo del híbrido a sembrar debe ser intermedio a corto, preferentemente de rápida velocidad de secado. Esto permitirá que el cultivo madure antes de las heladas de otoño (dependiendo de la zona geográfica en cuestión), evitando que se dañe la producción del mismo. Al ser de rápida velocidad de secado se podrá trillar de manera temprana disminuyendo pérdidas por quebrado, entre otros beneficios. Es muy importante contar con un híbrido de maíz resistente al "Mal de Río IV", como una cuestión prácticamente excluyente, al igual que contar con la tecnología de los materiales transgénicos resistentes al barrenador del tallo.

En cuanto al control de malas hierbas, si los herbicidas tradicionales no son suficientes por presencia de "malezas problema", contamos con la posibilidad de adquirir híbridos de maíz resistentes a glifosato, imidazolinonas, glufosinato de amonio, etc. Sin embargo aun al escoger materiales resistentes a herbicidas de amplio espectro, es importante resaltar la necesidad de emplear herbicidas residuales tradicionales de maíz como las triazinas y las cloroacetamidas.

Como en las siembras de segunda se planta el cultivo sobre cereales de invierno que entregan un suelo en general seco o con escasa humedad en el perfil edáfico y carente de nutrientes fácilmente disponible para los cereales, juega un rol preponderante la fertilización de arranque, la cual deberá ajustarse conforme al rendimiento esperado y a la disponibilidad de agua a la siembra y/o expectativa de precipitaciones durante el desarrollo del cultivo.

En resumen y para finalizar, la siembra de segunda de maíz además de permitirnos hacer una rotación agronómicamente sustentable, que mejore la fertilidad física de los suelos evitando la proliferación de enfermedades y malezas resistentes a glifosato propias del monocultivo de soja, también puede llegar a ser un negocio muy interesante para los productores mixtos (agrícola/ganaderos).

(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP