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La Pampa viene saliendo de un verano un tanto ambiguo en lo climático. Hemos tenido un tiempo normal a muy bueno en lo que a precipitaciones se refiere hacia el sur, y con mucho estrés hídrico al norte de la provincia. La buena noticia fue que las primeras heladas no llegaron sino hasta mayo, lo que permitió que prácticamente el 90% de los cultivos de segunda llegara a madurez sin problemas.

Actualmente se están recolectando los primeros lotes de soja, arrojando rindes muy dispares, en general muy correlacionados con la suerte que corrieron las diferentes zonas en cuanto a precipitación, y luego por la calidad de ambiente donde se plantó el cultivo. Ya hemos mencionado en columnas anteriores que la cosecha de girasol fue muy buena, con algunas excepciones muy puntuales.

Claramente los cultivos más afectados para la falta de lluvias durante el verano fueron los de segunda. Estos se implantaron en lotes con nula a muy poca humedad producto del consumo que hizo el cultivo precedente, y cuyo estatus hídrico no se pudo reponer por la falta de precipitaciones adecuadas durante los meses de enero y febrero. Así las cosas, la cadena forrajera también se vio resentida por la misma causa.

Actualmente quien tiene un sistema mixto o agrícola ganadero se ve en la disyuntiva de si aumentar o no la superficie de verdeos de invierno para acomodar rápidamente su cadena forrajera, lo que inevitablemente lo lleva a disminuir el área destinada a cereales de invierno de cosecha. En caso de no hacerlo deberá plantear alguna otra estrategia para sortear el invierno que se avecina con su carga animal, y las opciones no son muchas. O bien hace una restricción alimentaria pensando en un engorde compensatorio, o subsidia el sistema con la incorporación de reservas forrajeras propias o adquiridas (si no cuenta con las mismas).

Una de las estrategias más empleadas por los empresarios mixtos es el silaje planta entera de maíz, lo que le permite generar en poca superficie un volumen muy importante de un alimento fibroso y con una excelente calidad energética, donde la principal limitante pasa a ser la proteína, aspecto que es más o menos preocupante según la categoría que analicemos.

Dicho eso, lo que en realidad queremos analizar en la columna de hoy es la frazada corta que supone tomar la decisión de asignación de área entre cereales de invierno de cosecha versus verdeos forrajeros.

Este es quizás uno de los problemas más antiguos y complejos a los que se enfrenta el empresario agropecuario de La Pampa. Tanto el trigo como la ganadería están en su ADN, y explican gran parte de sus ingresos y capacidad de supervivencia a largo plazo.

Si hoy miramos el mercado mundial de commodities, vemos una tentación fuerte a inclinarse por la agricultura. El empresario agrícola es mucho más flexible en cuanto a cambiar su matriz de producción, pero el mixto forzosamente debe generar el forraje que le demanda la carga animal que posea.

Actualmente tanto el trigo como la cebada tienen muy buenos valores. Si a su vez le sumamos el aporte al margen bruto de un cultivo de segunda, la ecuación mejora aún más. En efecto, con una soja en Chicago en alrededor de los USD 600 por tonelada y un maíz en el rango de los USD 300 por tonelada para el mismo mercado, se recalientan las cotizaciones domésticas, y con ello toda la toma de decisiones de los productores para la asignación de área a los diferentes cultivos.

Cuando uno analiza el mercado internacional de commodities y trata de encontrar alguna explicación que le permita de alguna manera inferir qué va a pasar en el futuro con los precios, en aras de tomar alguna decisión al respecto, observa que muchas variables coyunturales confluyeron en el tiempo para generar esta realidad, y las mismas son:

- Una gran liquidez del mercado mundial para la emisión de dinero de diferentes países para hacer frente a la pandemia, lo que a su vez les proveyó fondos frescos a varios mercados, como el de grano, y otros activos intangibles.

- La sequía en algunos países importantes para el abastecimiento mundial de granos, fundamentalmente soja y maíz.

- La compra constante de China de maíz y soja en el mundo que fortalece los precios de estos granos, lo que a su vez incrementa los precios de los demás, ya sea porque son sustitutos, como la cebada forrajera lo es del maíz, o por la competencia por área de siembra.

En resumen, si bien hay un incentivo fuerte para la implantación de cereales y oleaginosas, que muy probablemente sea aprovechado por el empresario agrícola, tema al que nos vamos a referir en otra columna ya que muy probablemente asistamos a niveles récord de siembra, los empresarios agrícola/ganaderos están limitados por la necesidad de destinar un mínimo de área a la ganadería. Sin duda va a ser un análisis muy complejo de realizar, sobre todo para la invernada, ya que en general la cría se desarrolla mayormente en campos que no tienen aptitud agrícola, lo que muy probablemente deprima los valores de la invernada, la cual hoy está en términos históricos y comparativos con otros productos en el pico de la curva o muy cerca de este.

Mariano Fava - Ingeniero Agrónomo

(MP: 607 CIALP)

Posgrado en Agronegocios y Alimentos

@MARIANOFAVALP