Opinion

El odio es una construcción y tiene dueños

Por JP Gavazza

Suenan ahora los repudios de ocasión y hasta los opositores que ayer festejaban con bombos y platillos una persecución insostenible se hacen los compungidos por la "crispación". "Crispación", le dicen a un tipo que gatilló en la cabeza de la vicepresidenta.

Con esa palabra pretenden meter en la misma bolsa cualquier forma de disidencia, y aportan a la teoría según la cual hay distintas partes de una grieta que contribuyeron a este estado de cosas. Y no. No es así.

El mensaje de odio y violencia política que se generó no en estas semanas sino desde hace años tiene nombres y apellidos.

El macrismo y el Grupo Clarín -como símbolos de un armado más extendido- construyen políticamente desde el odio: gestaron eso, lo promueven, lo propagandizan, lo inoculan gota a gota, día a día, en una importante porción social de la Argentina.

Ese odio es clasismo, racismo, centralismo, es una Policía patotera, es espionaje ilegal y estigmatización de la pobreza. El espacio político neoliberal se construyó a sí mismo a partir de eso: del odio. El odio no es aleatorio ni marginal en su gestación: es su alimento preferido y su razón de ser.

Hicieron base, desde ya, en una historia que hace foco de ese odio en el peronismo, o en cualquier movimiento popular que persiga la inclusión y la conquista de derechos. Al tipo que gatilló en la conmovedora noche del jueves el tiro no le salió, pero estaba escrito (porque todas las otras palabras sí salen a cada rato y todo el tiempo): a Cristina la quieren proscripta, presa y muerta.

Es un momento histórico en que el odio florece y convoca y se masifica, no solo en la Argentina y en la región. Es una época difícil, pero en la que por eso mismo es más necesaria la lucha bajo la convicción de que el amor vence al odio.

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