Opinion

Hito para una larga lucha y un cóctel de incertidumbres

Satisfacción y reconocimiento por la sanción de la ley de Alcohol Cero que desde la concientización militó Estrellas Amarillas; dudas y convulsiones por la economía, atada además a movidas contradictorias, mensajes centralistas, debilidad presidencial y falta de credibilidad política.

Una de cal…

La Legislatura provincial sancionó durante la semana que se fue una legislación que se vino madurando, que se conversó con insistencia y que encontró un consenso tal como para salir con unanimidad: la llamada Ley de Alcohol Cero, que determina que a partir de ahora en las calles y en rutas de la provincia las personas que manejan incurren en una irregularidad si les es detectado que tomaron alcohol, por mínima que sea esa cantidad.

La propuesta, que incluso genera todavía alguna disidencia en distintos ámbitos de la comunidad, es consecuencia de una lucha perseverante y concientizadora de la fundación Estrellas Amarillas, que es la verdadera madre de esa idea, por más que en el largo camino haya encontrado el respaldo de algunas personas con roles institucionales que tempranamente percibieron la necesidad de dar ese paso adelante.

La cauta celebración de la organización fue también una coronación para el extendido esfuerzo que implica concientizar y transformar algunas impresiones que se dan por certezas, o costumbres que de tan enraizadas hasta parecen naturales y que aun en este momento cuesta erradicar.

La expectativa de la Fundación Estrellas Amarillas es que el ejemplo pampeano se imponga también en el nivel nacional, donde se están haciendo interesantes avances a fin de que se concrete una normativa que abarque a todo el país, para de ese modo dejar atrás el "mínimo" de 500 miligramos de alcohol por cada litro sangre que hasta ahora están permitidos al conducir.

Ahora llega también el turno de las comunas pampeanas, puesto que cada municipio tendrá en adelante la misión de debatir su adhesión a la nueva realidad, lo que implicaría también ejercer su poder de policía y poner energías en el control y en la concientización.

La ley que Estrellas Amarillas impulsó y sigue impulsando es el fruto de la experiencia, y además de una experiencia dolorosa: madres que vienen peleando por esta normativa saben en carne propia la incidencia del alcohol en siniestros viales que resultan fatales y que podrían haber sido evitados.

Desde ya que no es la única problemática que genera mortalidad en ese ámbito, y en todo caso hay una disputa casi mano a mano entre los episodios que involucran el alcohol y los que incluyen altas velocidades (ni hablar cuando las dos situaciones van de la mano): hay ejemplos cotidianos, casi diarios, de "accidentes" que se producen en las calles de las ciudades pampeanas, o en las rutas provinciales.

Para la agrupación también fue como un definitivo reconocimiento a su accionar por parte de la Cámara de Diputados y Diputadas, por lo que se hizo evidente alguna emoción por esa correspondencia de parte de los y las representantes del pueblo, que saludaron lo actuado en largos años por la fundación, de manera absolutamente transversal, saltando fronteras sectoriales y partidarias, y llegando también a los establecimientos escolares para enseñar y difundir saberes desde el conocimiento técnico y legal, pero también desde la sensibilidad.

…y una de arena…

La situación económica, atada a la realidad política que potencia las incertidumbres, tiene en vilo a una porción mayoritaria de la ciudadanía, pero en especial a los sectores que siempre tienen las de perder, los más vulnerables, los que no entran en la mesa de decisiones, los que -para aludir a inolvidables palabras del exgobernador Carlos Verna- no tienen palenque donde rascarse.

Hay en esa realidad un combo de situaciones y acciones o inacciones que inciden negativamente no solo en determinados índices, sino fundamentalmente en los ánimos de la población: hay especulaciones interesadas, desmedidas ambiciones y corridas cambiarias golpistas; hay agitación opositora, ofensivas mediáticas y sectores económicos que tiran de la cuerda sacralizando la conveniencia de su rentabilidad.

Y hay, también, ruidos políticos que sacuden las estanterías del propio oficialismo, que se infringe daños a sí mismo con demostradas incapacidades, con limitaciones evidentes y contradicciones sistemáticas, que han logrado debilitar la figura presidencial, quitarle potencia a la idea de la política como herramienta para aportar soluciones y también socavar la credibilidad de la coalición de gobierno.

La designación de Sergio Massa como una suerte de "súper ministro" que coordine la economía, la producción y la relación con los organismos internacionales, es presentada ahora como una suerte de panacea, aunque en realidad es una última carta que juega el gobierno para salir de su llamativa parálisis, además con permanentes e insólitos incumplimientos respecto de los compromisos que adopta en el discurso.

Fue paradigmática, en ese sentido, la referencia que el propio presidente hizo días atrás al advertir que nadie le torcería el brazo para, a las pocas horas, dar a torcer su brazo y ceder a la extorsión de los especuladores facilitándoles el negocio con una medida específica del Banco Central.

De ahora en más se verá qué significa todo este juego, en el que el empoderado Massa es también representante de sí mismo y de su trayectoria: las medidas que se dispongan determinarán ganadores y perdedores y pueden tanto marcar una tendencia a cierta justicia social o equidad como garantizar la multiplicación de las desigualdades e incluso la naturalización de las estafas por parte de los sectores que en la mayor parte de la historia argentina han disfrutado de los privilegios.

El gobernador pampeano Sergio Ziliotto y sus pares de otras provincias se vieron poco menos que obligados a una movida (previa a la renovación del gabinete) que de algún modo permitiera despabilar al poder que maneja el gobierno central, también para que se entiendan que algunas situaciones de la realidad no son necesariamente las que cotidianamente escupen los medios afincados en territorio porteño, que además de representar a corporaciones dedicadas al negocio y no a la comunicación como derecho humano, tienen una muy limitada mirada del mundo y del país.

La permanente agitación de determinadas temáticas y supuestas situaciones del contexto, suele ignorar completamente las reales circunstancias que se viven más acá de la General Paz, donde a veces el dólar blue, los piquetes callejeros, la inseguridad u otros temas que se vuelven obsesión de las pantallas en CABA y AMBA no son tan importantes en la vida cotidiana de las provincias, donde reinan problemas diferentes a los de la capital, y también otros escenarios más saludables y amables.

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