Opinion

Una crisis omnipresente que mete bajo la alfombra las "buenas noticias"

Hay obra pública, se genera más empleo, se invierte en Ciencia y hay otras novedades positivas, pero el ritmo cotidiano de las incertidumbres económicas tapa cualquier aproximación al buen humor, y encima en ese contexto a los sectores con menos recursos los obligan al trámite siempre incómodo de la segmentación tarifaria.

Una de cal…

Los esfuerzos para darle pelea a una crisis que no parece tener fin, tampoco alcanzan para cambiar el humor y los ánimos, pero aunque se noten menos son parte de la realidad: hay situaciones que no son noticia cotidiana, pero que sin embargo aportan un latido a la generación de expectativas positivas en medio de un panorama de desaliento.

Podría enumerarse que empiezan a llegar las vacunas pediátricas contra el coronavirus (ese trámite que hace dos años parecía una quimera y se agitaba a veces en tono desestabilizador); que el Banco de La Pampa es reconocido como uno de los mejores del país; o que el área de Salud sale muy bien parada de la estadística nacional que releva la respuesta de los estados ante el derecho al aborto.

En el sector de la economía y el empleo, además, la cantidad de obra pública que se hace en la provincia es la mayor que se recuerde en mucho tiempo, según estimó la cámara de la construcción y eso incluye la esperanza de que al fin antes de fin de año a más tardar en el inicio de 2023 esté funcionando el nuevo hospital de alta complejidad.

A su vez se anunciaron durante la semana que se fue inversiones en el área de la ciencia y la tecnología que permitirían acentuar un crecimiento en ese sector, facilitar el agregado de valor a los productos pampeanos y fomentar nueva mano de obra, en algunos casos especializada.

Esos anticipos, en el marco de programas vinculados con el desarrollo y la investigación, le permitirían a la provincia acceder a un financiamiento de alrededor de $900 millones, tanto para la concreción de obras como para el impulso de diversas actividades en articulación con distintos organismos.

El acto en Buenos Aires también constituyó un intento de respaldo político a un gobierno nacional que viene golpeado por sus propios errores, por una realidad global que no perdona nadie y también por una ofensiva orquestada que defiende intereses y conveniencias muy puntuales.

Confluyen en esa indisimulada embestida sectores del Poder Judicial, la oposición más recalcitrante, los medios de comunicación que son voz del establishment y las corporaciones y fundamentalmente un empresariado al que no le va precisamente mal pero espera forzar una devaluación para garantizarse mejor rentabilidad aun.

El gobernador Sergio Ziliotto tuvo un protagonismo central en esa ceremonia, pues le tocó tomar la palabra durante varios minutos, a diferencia del paso de sus pares, que fue en silencio y casi sin que se notara: el jefe del Ejecutivo pampeano insistió en algunos de los conceptos a los que ya viene dándole aire y vinculó los anuncios específicos que se hicieron ese día con la realidad económica cotidiana, que impacta y genera urgencias.

Esas "buenas noticias" a veces desaparecidas necesitan no solo una respuesta de "los mercados", sino también que la dirigencia política cobre ciencia conciencia real respecto de cuáles pueden ser las consecuencias de una continua escalada hacia la peor profecía autocumplida.

…y una de arena…

Las pantallas de las usinas porteñas aturden cotidianamente con todo lo que está mal e inmanejable, que necesariamente después impacta no solo en los bolsillos sino en los humores: el dólar blue que corre no se sabe hasta dónde, los precios que se desbandan, algunos productos básicos que empiezan a escasear, normas económicas básicas que ya no se pueden aplicar en ese contexto de desconcierto y relativa anomia.

Un dinosaurio en tono miliquero llama a un golpe militar, la oposición juega con el fuego de la agresión permanente porque lee que recolecta votos cuanta más agresividad le ponga a su discurso, la alianza oficialista no termina de atar su remanida "unidad".

Ese panorama genera inseguridades en todas las esferas y en varias dimensiones: la autoridad presidencial está dañada por sus propias equivocaciones, por el peso que tienen los cuestionamientos internos, pero también porque referencias del poder fáctico usan esa situación para arriar agua a su molino.

Aunque haya realidades macro que a la población le quedan teóricamente lejos de su vida cotidiana -todo ese mundillo que a veces parece que depende de unas pocas personas, en el que algunas escasas manos que "cortan el bacalao" toman decisiones inconsultas- es imposible abstraerse de esas situaciones, sobre todo porque por una cosa o por otra, justificadamente o no, todas esas movidas repercutirán mañana mismo o en un par de días sobre el precio del pan y de la leche.

Ya pasa en los negocios de barrio de Santa Rosa que algunos productos no se consiguen porque proveedores y mayoristas no venden lo que les piden, en el medio de una cadena donde la especulación se vuelve norma y donde los vínculos elementales de solidaridad están, desde hace tiempo, rotos por los peores vicios del capitalismo.

Es en medio de ese contexto que a la población más vulnerable, encima, le adosan la tarea de un engorroso trámite para sostener los inevitables subsidios en las tarifas de los servicios públicos.

Ese paso finalmente quizá no es tan complejo como en un momento aparentó, pero sí es novedoso, especialmente molesto en la coyuntura actual y por sobre todas las cosas innecesario cuando el Estado cuenta con toda esa información a disposición como para determinar por su cuenta, y sin necesidad de movilizar a los que menos tienen (menos recursos y menos tiempo).

También es oportuno en esos casos reconocer los vínculos sociales que en algunas comunidades siguen sanos: es muy para destacar el rol que en ese marco ha cumplido en estos días la Cooperativa Popular de Electricidad, facilitando la recolección de la documentación necesaria, poniendo a su personal a que explique amablemente a las personas que lo necesitan, dándole una cara humana a un asunto que de antemano es antipático y espinoso.

En ciudades todavía no tan desbandadas como Santa Rosa también las oficinas de algunos organismos oficiales, como en este caso el ANSES, son lugares amables, dispuestos a bien tratar a las personas que a veces no tienen la posibilidad de acceso a la tecnología o a quienes les cuesta amigarse más con ese tipo de relación institucional.

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