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Trigo argentino 2022/23: "La confusión está clarísima"

Por Mariano Fava (*)Superada ya la mitad del mes de julio, la ventana de siembra de trigo se empieza a cerrar en nuestra provincia, y por ahora todo es incertidumbre. No se ha podido implantar la superficie que se pretendía, y en el caso de los potreros que sí se sembraron, un buen porcentaje de ellos necesita alguna pequeña precipitación para tener un nacimiento satisfactorio

Por otro lado, todos los informes de las diferentes bolsas de cereales argentinas advierten que la situación del mercado nacional de trigo de cara a la campaña nueva es tensa y confusa, adjetivos a los que no escapa incluso el contexto mundial de este cereal. Todo como resultado de los efectos colaterales de la guerra entre dos jugadores importantísimos en la provisión mundial de trigo como lo son Rusia y Ucrania.

La coyuntura se presenta complicada en Argentina principalmente por un contexto climático de fuertes estrés hídrico, que trae a la memoria una de las peores zafras allá por 2008. Actualmente la situación es aún más crítica que en aquella oportunidad, porque se da en contexto de un aumento importante de los costos de los insumos, con lo cual ha disminuido drásticamente la fertilización, lo que impactará de lleno en el desempeño productivo del cultivo (rendimiento), aun si se revierte la falta de precipitaciones.

Quizás la única noticia alentadora que asoma en el horizonte cercano es la promesa de algunas exiguas precipitaciones para finales de julio o primeros días de agosto, lo que sería sin dudas una bendición, sobre todo para la provincia de La Pampa, ya que al tener esta región una ventana de siembra teórica hasta el diez de agosto daría la posibilidad de implantar una parte del área que no se ha podido hacer hasta el momento, además de asegurar el nacimiento de toda la superficie que se plantó.

Si al análisis agronómico antes hecho le sumamos la perspectiva de mercado, la situación lejos de relajarse se torna más tensa aún. Ya tenemos casi nueve millones de toneladas autorizadas para exportar de la próxima cosecha por parte del Gobierno nacional, volumen por el cual ya ha cobrado los anticipos de derechos de exportación, y de cuyo volumen los exportadores solo han comprado aproximadamente la mitad. Es decir que deberán pujar con la molinería local para poder comprar la otra mitad del volumen, antes que lleguen los buques a puerto. A estos nueve millones ya comprometidos hay que sumarles unos siete u ocho millones para el consumo local (molinería), y un millón de toneladas que se emplea como semilla.

Es decir que si sumamos los compromisos y los sopesamos con la expectativa de producción, vemos que tenemos una tensión de stock importante, porque si finalmente el proyectado para la cosecha nueva no cae más de los 17,5 millones de toneladas, prácticamente estamos con el stock mínimo necesario para cumplir todas las demandas ya pactadas.

Afortunadamente queda un remanente importante de la campaña vieja que va a permitir empalmar ambas cosechas con cierta tranquilidad. Además, el hecho de haber tenido una cosecha tan importante el año pasado, la cual algunos reportes estimaron en casi 23 millones de toneladas, relaja un poco la relación stock/consumo de cara a la cosecha nueva y el escenario antes planteado.

En resumen, vamos a un mercado de trigo fuertemente demandado y con una producción esperada con fuertes recortes, fundamentalmente por un tema climático. Solo resta esperar que julio aporte alguna precipitación en nuestra provincia que permita asegurar el área ya sembrada y aumentarla, aunque sea levemente. Seguramente quienes logren cosechar podrán vender el trigo a buenos valores, tanto sea para la exportación como para la industria de la molinería.

(*) Ingeniero Agrónomo -Posgrado en Agronegocios y Alimentos- @MARIANOFAVALP

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