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EL DIARIO digital
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Irritabilidad y pérdida de interés son solo dos de los síntomas que pueden indicar a los padres de que el uso de los dispositivos móviles está haciendo mella en sus hijos. La tecnología puede tener usos beneficiosos en el entorno escolar, pero lo cierto es que cada vez se ven más niños y más pequeños que tienen problemas por un uso abusivo de las pantallas.
Así lo explica Paloma Méndez de Miguel, psicóloga Infantil de Olympia Centro Médico Pozuelo y del Hospital Universitario Quirónsalud Madrid: "las pantallas ofrecen una estimulación lumínica, acústica, sonora y cambiante que hace que los niños se aburran en contextos más neutros o menos intensos, como jugar con otro niño, escuchar al profesor o leer un cuento". Este hecho incide negativamente tanto en su motivación por el aprendizaje como en sus relaciones entre iguales que le pueden resultar menos estimulantes".
Otro de los problemas que pueden producir los videojuegos, por ejemplo, es que producen un estímulo constante en el niño y este no controla lo que ocurre como sí hace en el juego tradicional. Muchos expertos apuntan a que aunque aún no se sabe exactamente hasta qué punto puede afectar el uso de las pantallas y las tecnologías en los cerebros de los niños en desarrollo. Sin embargo, ya hay estudios que dicen que una exposición muy precoz puede tener relación con el desarrollo de déficit de atención y disfunción ejecutiva. "Los menores se acostumbran a tiempos de atención muy cortos y cuando tienen que hacer un esfuerzo sostenido para aprender un material menos estimulante muestran dificultades".
Síntomas de alarma
A la irritabilidad cuando se intenta limitar el uso de pantallas y a la pérdida de interés por otras actividades podemos sumarle otros signos de alarma de que algo está pasando en los más pequeños. Se produce un "aislamiento social porque la relación que establecen con sus iguales es virtual. Además, muestran baja tolerancia a la frustración y dificultades de regulación emocional", apunta Méndez.
Además, el uso de pantallas también tiene un impacto negativo sobre el sueño de niños y adolescentes. La luz azul que emiten los dispositivos puede "inhibir la producción de melatonina -la hormona que induce al sueño y regula el tiempo de sueño y vigilia-". Además, el uso de redes sociales y videojuegos produce una estimulación mental y una activación emocional que interfieren al sueño. Por no hablar de que el uso nocturno hace que los jóvenes no duerman las horas necesarias, lo que impacta en su rendimiento académico y en su salud general.
¿Cómo hacer un uso del móvil más adecuado?
"La tecnología y las pantallas tienen sus ventajas pero como en todo, hay que saber dosificar", dice Méndez. Para ello propone algunas pautas para enseñar a los niños a usar la tecnología de una forma adecuada y para huir de todos los posibles problemas que pueden producir:
-Autoobservación del adulto: hemos de ser conscientes de los hábitos que hay en el hogar con respecto a la tecnología, lo que incluye a todos los miembros del mismo. No hay como predicar con el ejemplo
-Establecer un horario: marcar unos tiempos en los que dejar de lado móviles y tablets puede resultar muy beneficioso. Nos permitirá no dividir la atención y favorecerá la disminución del estrés.
-Teléfonos silenciados: a la hora de realizar actividades compartidas (comer, cenar, o ver una película) es importante prescindir de los aparatos que puedan interferir en la comunicación familiar.
-Generar alternativas de ocio individual y conjunto: cuando negamos a los hijos el acceso a la tecnología es importante ofrecerle otros recursos. Hay que educar en el ocio familiar y con iguales desde una edad temprana.
-Procurar que el móvil no esté en la habitación de los menores cuando van a dormir.
-Utilizar controles parentales para regular el tiempo. "Si la regla se pone desde el inicio -cuando comienzan a utilizar el móvil o la tableta- es más fácil que se acostumbren y no genere conflicto".

Edad para limitar las redes sociales
Hace no mucho el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, anunció que se regularía la edad a la que se puede comenzar a utilizar las redes sociales, siguiendo la estela de otros países como Francia. Méndez señala que esta medida es algo controvertida pero que es fundamental "retrasar el uso de redes sociales y la supervisión por parte de los padres si son menores. Como mínimo antes de los 14 años un niño no necesita redes sociales. Cada niño tiene un desarrollo madurativo distinto y un entorno social diferente que aumenta o disminuye el riesgo de estar expuesto en redes".