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Consejos (y claves) para motivar a los hijos en el estudio

La motivación hacia el estudio depende de muchas variables. El papel de los padres es muy importante a la hora de fomentar la curiosidad y las ganas de aprender.

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EL DIARIO digital

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Son muchos los padres que se sienten frustrados debido a que observan en sus hijos una falta de motivación a la hora de estudiar. Lo cierto es que la ausencia de motivación puede relacionarse con muchas variables y no tiene por qué vincularse con una única causa. Hay niños y adolescentes que no sienten ganas ni interés por el estudio debido a que están atravesando problemas emocionales, sufren un trastorno del aprendizaje, están lidiando con problemas familiares, etc.

Por ello, es importante analizar de manera particular cada caso con el fin de determinar un plan de acción específico. No obstante, algunas recomendaciones generales pueden ayudar a los padres a fomentar la motivación de sus hijos a la hora de estudiar.

¿Qué es la motivación?

La motivación se define como aquello que nos mueve a enfocarnos en una tarea determinada, de manera que esta se hace llevadera y estimulante. En definitiva, la motivación es aquello que en cierta manera nos mantiene vivos e ilusionados. Las personas desmotivadas suelen mostrarse apagadas, desganadas y carentes de iniciativa. En niños adolescentes es común que aparezca desmotivación a la hora de estudiar, algo que puede relacionarse no sólo con las características del propio alumno, sino también con la forma en la que se lleva a cabo la enseñanza y el proceso de aprendizaje. Generalmente, se habla de que existen dos tipos de motivación: la extrínseca y la intrínseca.

Motivación intrínseca: Es aquella que lleva a las personas a actuar por sí mismas. Es el impulso interno que hace que los individuos se propongan metas y trabajen para alcanzarlas. Dado que hay un propósito propio, no se precisan incentivos externos para llevar a cabo la conducta. La persona no actúa por la imposición del entorno, sino que se involucra en la actividad porque esto le satisface y le hace sentir plenitud. Por ejemplo, un alumno estudia porque desea convertirse en periodista cuando sea mayor o porque simplemente siente curiosidad por saber sobre un tema.

Motivación extrínseca: Este tipo de motivación es la que lleva a las personas a involucrarse en ciertas tareas por la influencia de estímulos externos. No hay un propósito propio ni un objetivo personal. La movilización se deriva del entorno. Por ejemplo, un alumno estudia para evitar que se le castigue por suspender.

Formas de motivar a los hijos en el estudio

Como venimos comentando, la motivación hacia el estudio depende de diversas variables. Aunque es importante analizar cada caso en concreto, algunas recomendaciones generales pueden ayudar a los padres a alimentar la motivación de sus hijos.

1. Inculcar el valor del estudio

No se puede esperar que un niño se muestre motivado hacia el estudio si en su familia el rendimiento académico se considera algo secundario. Los niños necesitan que se les enseñe desde edades tempranas el valor de estudiar no como un fin en sí mismo sino como un medio para aprender y lograr cosas en la vida. Inculcar a los pequeños la importancia de aprender sobre el mundo hace que vean las tareas escolares no como un lastre sino como una herramienta para ganar conocimientos.

Esto implica que los padres muestren un interés genuino hacia el colegio y lo que rodea al mundo académico. Es importante que pregunten a sus hijos qué tal les ha ido en clase, qué han aprendido durante el día, qué deberes tienen que hacer, cuándo es su próximo examen, etc. Si no existen estos comportamientos por parte de los adultos de referencia, difícilmente el niño o adolescente va a darle importancia al estudio.

2. Ajustar expectativas

Las expectativas también juegan un papel importante en lo referente a la motivación. Es importante que los padres conozcan bien a sus hijos, que identifiquen de manera objetiva sus puntos fuertes y debilidades. Es clave que las expectativas estén ajustadas, de manera que se transmita confianza en las posibilidades del niño de conseguir cosas sin por ello marcar estándares inalcanzables. Caer en alguno de ambos extremos favorece que el niño se frustre por no conseguir lo que se espera de él. Los niños necesitan que se confíe en ellos teniendo en cuenta sus límites y posibilidades.

3. Poner el foco en el proceso más que en el resultado

En la línea del punto anterior, es importante que los hijos perciban que sus padres brindan valor no tanto a la nota final, sino al proceso que hay detrás. Es clave que se reconozca el esfuerzo y la constancia en el estudio, incluso cuando no se ha logrado el aprobado. Hay niños que sufren trastornos del aprendizaje o dificultades que les hacen difícil conseguir un rendimiento elevado. Sin embargo, cuidar su autoestima y reforzar su empeño es esencial para que la motivación no decaiga.

4. Asociar el estudio con emociones positivas

En este sentido, el papel clave no es solo de los padres sino también del centro. Muchas veces, el estudio genera rechazo porque se vive como algo tedioso y aburrido. Fomentar la motivación implica crear un clima positivo y alegre en torno a la actividad académica. Por ejemplo, no es lo mismo estudiar historia "empollando" que hacerlo construyendo una historia con ilustraciones y un lenguaje sencillo.

El uso de recursos como el juego, la música, el dibujo… son de gran ayuda. Y, por supuesto, todo ello acompañado de sonrisas y buen humor. Muchos niños desarrollan rechazo hacia el estudio porque este se vive como un castigo donde se señalan los errores con una connotación muy negativa. Por ello, también es clave aprender a corregir desde una visión constructiva, entendiendo el error como una parte más del aprendizaje.

5. Establecer metas

Fijar metas es especialmente importante para alimentar la motivación. Puede ser de gran ayuda el anotarlas en algún lugar visible, de manera que el niño o adolescentes puedan tenerlas presentes en el día a día. Tener metas permite contar con un "para qué", es decir, un fin que alcanzar con el estudio. No obstante, para que esta estrategia funcione es esencial que las metas estén bien concretadas y acordadas con el menor. No servirá utilizar objetivos ambiguos y lejanos en el tiempo, ya que esto se percibirá como algo lejano y abstracto. Es preferible recurrir a metas a corto plazo.

6. Refuerza sus talentos

Muchos niños se sienten desmotivados en el centro escolar porque no se les permite cultivar sus talentos. Hay menores que destacan en actividades que no tienen por qué ser académicas. Por ejemplo, el deporte, la cocina, el teatro… A veces, cuando el rendimiento académico no es el esperado, se tiende a castigar retirando aquellas actividades que le gustan al niño o adolescente. Sin embargo, esto sólo fomenta un círculo vicioso en el que la desgana es cada vez mayor. La autoestima también se ve mermada, ya que aquello en lo que el menor destaca es eliminado. Es importante que, ante todo, siempre se busque fomentar los talentos y puntos fuertes del menor.

7. Identifica su estilo de aprendizaje

Muchas veces, se pretende utilizar la misma fórmula para enseñar contenidos a todos los alumnos. Sin embargo, en el estudio no todas las estrategias son aptas para todo el mundo. Es importante ayudar al menor a identificar su estilo y el canal por el que adquiere mejor los contenidos. Algunos niños se sienten más cómodos con el formato audio, es decir, retienen mejor la información que les llega por el canal auditivo. En cambio, otros prefieren aprender el contenido mediante el canal visual, utilizando imágenes, esquemas y gráficos. Por último, hay menores que se sienten más a gusto con la puesta en práctica. En lugar de memorizar contenidos, prefieren aplicar la información.

8. Haz que el aprendizaje se produzca también fuera del aula

Muchas veces, se espera que sea el centro el único responsable de fomentar el aprendizaje en los alumnos. Sin embargo, los padres también tienen mucho que hacer cuando se pasa tiempo en familia. Es importante que ellos fomenten la curiosidad, el espíritu crítico y las ganas de aprender sobre el mundo. Para ello, se pueden hacer planes culturales (ir a un museo, por ejemplo), fomentar la lectura en casa o debatir sobre temas que se estén tratando en clase.

Conclusiones

En este artículo hemos hablado sobre algunas recomendaciones generales que pueden ser útiles para fomentar la motivación hacia el estudio en los hijos. La desmotivación ante las tareas académicas se relaciona con muchas variables, por lo que siempre es importante evaluar cada caso particular para entender lo que sucede. No obstante, es esencial que los padres adopten una actitud implicada para hacer del estudio algo estimulante.

Es importante que en casa se brinde valor al estudio y al aprendizaje, enfatizando la importancia de este para aprender sobre el mundo y conseguir objetivos en un futuro. Es clave cuidar siempre la autoestima del menor y ensalzar sus fortalezas, ajustando además las expectativas que se tienen sobre su rendimiento. También es aconsejable conocer su estilo de aprendizaje y establecer metas concretas. Además, es esencial priorizar el valor del proceso frente al resultado, ya que muchas veces el esfuerzo no se acompaña del rendimiento esperado.

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