La semana estuvo marcada por dos cuestiones fundamentales en la agenda local: el fallo de la Corte Suprema de Justicia que repone el río Atuel para nuestra provincia y el caso de coronavirus que disparó alarmas pero no contagios.

Una de cal…

6a

Como ya ocurrió en otras ocasiones, pero posiblemente más que nunca y con mejores razones, la provincia en pleno celebró la decisión de la Corte Suprema de Justicia que le puso un número concreto al caudal que el río Atuel tiene que tener en el momento en que ingresa a La Pampa.

La decisión del máximo organismo judicial implica un claro triunfo para nuestra provincia en la puja con Mendoza, y además modifica el paradigma para entender y resolver este tipo de conflictos, puesto que a contramano de lo propuesto todo el tiempo por la provincia cuyana -y a lo que accedió el juez que votó en solitaria minoría también esta vez- el agua no es tomada como un recurso económico, sino como un elemento ambiental.

La Corte vuelve a hacer una apuesta al entendimiento político entre las partes, pese a que la mezquindad mendocina está demostrada institucionalmente y a que esas aspiraciones han sido un fracaso detrás del otro, incluso en esta misma instancia en que para disimular la derrota que significa el fallo el poder político mendocino metió a jugar -de modo desfasado e inconducente- la carta de Portezuelo del Viento.

El gobierno provincial decidió ser parcialmente generoso a la hora de celebrar el fallo: convocó a una conferencia de prensa a las organizaciones que sin dudas lucharon durante décadas para que esto fuera una realidad, recordó con nombre y apellido a paradigmas de esa pelea y hasta dejó una silla para que tuviera su lugar la oposición (en general extrañamente inactiva para saludar la decisión cortesana).

Desde ya, el oficialismo -e incluso la dirigencia no partidaria- llenó de loas la actitud del gobernador Carlos Verna, que efectivamente fue quien desde el gobierno más energías puso en la reivindicación de los derechos sobre los recursos hídricos: con oportunidad y oportunismo, convirtió la cuestión en política de Estado e invirtió recursos y discursos para que la pelea se transformara en causa popular.

Eso no impide ver otros costados del mismo proceso: el PJ pampeano en general, durante años, gambeteó una confrontación judicial y eligió, muy a su modo, la transacción política, ya fuera con la Nación en el medio, o sin ella. Una estrategia que se demostró sistemático fracaso.

El peronismo también acomodó sus cuitas internas en la ocasión: le dejó una silla al marinismo en la conferencia de festejo, pero le evitó el reconocimiento al gobernador Oscar Mario Jorge, que fue el que formalizó la presentación ante la Corte aunque en general políticamente siempre le restó volumen a la pelea con Mendoza, también en un contexto que lo encorsetaba dentro del justicialismo nacional.

De todos modos, cuando el Estado pampeano dejó de remolonear ya corría 2014 (el acuerdo político más serio entre Nación y las provincias había sido en 2008) y el oficialismo se negaba a ver un camino marcado desde abajo: ya en 2011 dos ciudadanos comunes, abogados, habían sido guías de cuál era el sendero a recorrer.

Miguel Palazzani y Andrés Gil Domínguez, también ausentes en los reconocimientos generales después de la victoria, plantaron ante la Corte aquel mojón que marcó cuál era la discusión de fondo que había que dar, cuál el canal a seguir, cuáles los intereses a confrontar y cuáles los argumentos a plantear para que se diera la victoria que en ese ámbito tanto se celebró durante la semana que se fue.

…y una de arena…

6b 

La detección de un caso de coronavirus en la capital provincial disparó las alertas de las autoridades sanitarias y la ciudadanía, aunque a la luz de los testeos posteriores y la situación actual lo que el martes aparentaba como una alarma y desperdigaba la preocupación se transformó en un aviso sin necesidad de graves inquietudes (pero sí de las necesarias cautelas y prevenciones).

Lo que generó mayores intrigas fue el hecho de que el caso detectado fue en la persona de una comerciante, con lógicos vínculos a partir de esa función, y en un negocio que es visitado masivamente por una importante porción de santarroseños y santarroseñas.

El gobierno se vio poco menos que en la obligación de apelar a una decisión antipática de manera preventiva: difundió el domicilio de la verdulería a fin de alcanzar a la mayor cantidad posible de la población que acudió al negocio, para de ese modo hacer verificaciones que confirmaran o desecharan la posible circulación del virus.

En principio, y a partir de los análisis realizados a contactos estrechos, la historia tuvo un final parcialmente feliz: no se dispararon los casos ni hubo contagios extendidos como se temió en algún momento.

Las circunstancias vividas en esas horas repusieron al menos dos costados del fenómeno coronavirus en vinculación con los comportamientos comunitarios.

Por un lado, queda demostrado que la permanente insistencia oficial y la responsabilidad ciudadana es, en principio, un éxito, puesto que las noticias en esta situación no fueron peores porque -entre otras cosas- hay en general un cuidado de la población con las recomendaciones básicas y cotidianas: el lavado de manos, el uso del barbijo, el distanciamiento social.

Esos factores facilitaron que no hubiera contagios, al menos entre las personas que se analizaron hasta ahora: si hubieran reinado la desidia o la irresponsabilidad, si algún cliente hubiera tomado mates con la verdulera afectada, si hubiera conversado largos minutos como si la pandemia no existiera, si no fuera una costumbre el lavado de manos, posiblemente otras sería la historia.

En ese sentido, es necesario un reconocimiento al comportamiento ciudadano y a la oportuna insistencia estatal para reafirmar esas buenas costumbres.

Distinto es el otro costado, negativo y desechable: el conocimiento del caso disparó las peores miserias humanas en forma de estigmatización y ataques irracionales e innecesarios, del mismo modo que la difusión de tergiversaciones, exageraciones y mentiras.

El mismo martes en que se difundió la noticia, en horas de la tarde hubo una histeria tan generalizada que parecía que la capital pampeana entera se había contagiado de coronavirus: ese rasgo social se fogonea con el miedo, la ignorancia, la falta de empatía, y está vinculado con el deplorable uso que en ocasiones se hace de las redes sociales (cuando se convierten en redes cloacales) o incluso con la irresponsable utilización de algunos medios de comunicación, que en lugar de convertirse en canal de un servicio informativo, especulan desde el sensacionalismo y facilitan las olas de pánico.