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EL DIARIO digital
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Tanto la Policía de La Pampa como los propietarios de comercios y supermercados han encendido las alarmas ante el notable incremento del "robo hormiga". Esta modalidad delictiva, que consiste en la sustracción sistemática de productos de menor tamaño, ha tomado una nueva dimensión en el marco de la crisis social y económica actual, obligando a los establecimientos a implementar medidas de prevención inéditas para proteger su mercadería.
En diversas cadenas de supermercados radicadas en Santa Rosa, se ha vuelto habitual observar a los trabajadores dedicados a tareas que antes no eran necesarias, como el encintado meticuloso de cajas de artículos de higiene personal. La explicación de los empleados es contundente: muchos delincuentes retiran el producto como tubos de dentífrico y dejan el envase vacío en la góndola. De esta manera, logran evadir los sensores de seguridad, ya que el código de barras que activa la alarma permanece en la caja descartada.
Sin embargo, este tipo de delitos no discrimina perfiles sociales. Según testimonios recolectados en los locales, se han detectado situaciones donde mujeres adultas, que no presentan signos de vulnerabilidad económica, abren cremas faciales de alto costo para utilizarlas dentro del salón o trasvasar el contenido a otros recipientes. Estos hechos demuestran que la transgresión de la ley atraviesa a diversos sectores de la sociedad, desmitificando que se trate de una conducta ligada exclusivamente a la marginalidad.
Los antecedentes en la capital pampeana confirman que no se trata de episodios aislados. La Seccional Primera ha tenido que intervenir en reiteradas ocasiones ante hechos delictivos ocurridos en la carnicería que el frigorífico Carnes Pampeanas posee sobre la calle Plumerillo. Según los registros publicados por El Diario de La Pampa, este local ha sido blanco de varios intentos de robo de cortes de carne, donde los autores buscan aprovechar el movimiento de clientes para ocultar mercadería. Esta misma situación se repite en cadenas de farmacias nacionales ubicadas en el centro de la ciudad, que han radicado numerosas denuncias por el constante faltante de stock bajo esta modalidad.
Diversos kioskos y despensas de barrio han sufrido hechos de la misma modalidad.
Lo cierto es que el contexto de crisis económica actual parece actuar como un catalizador de estas conductas. No obstante, lo que para algunos puede parecer una sustracción menor, constituye un delito que afecta la seguridad jurídica y el normal desarrollo del comercio local, obligando a los empresarios a invertir cada vez más recursos en vigilancia y sistemas de prevención para frenar una ola de delincuencia que no se detiene.