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EL DIARIO digital
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Ya no es noticia, es una especie de género literario. O, quizás, una nueva disciplina que se practica exclusivamente en el microcentro de Santa Rosa: el "tiro al bolardo". En las últimas horas, el protagonista fue un Peugeot 206 que, por razones que la lógica vial todavía no logra explicar, terminó su marcha contra uno de los famosos pilotes de hierro y cemento.
El escenario fue el de siempre, ese diseño de "centro moderno" que ya tiene varios meses pero que, para algunos conductores, sigue siendo tan indescifrable como un jeroglífico. El vehículo quedó con la trompa "arrugada", demostrando una vez más que, en el duelo entre el metal francés y el poste santarroseño, el invicto lo mantiene el poste.
¿Están ahí o se mueven?
Lo curioso es que, a esta altura del partido, los bolardos ya deberían ser parte del ADN visual de cualquier conductor local. Están ahí, quietos, en el mismo lugar desde que se inauguró la obra. No saltan a la calle, no se cruzan de imprevisto ni aparecen por arte de magia. Sin embargo, parecen ejercer una fuerza magnética irresistible para quienes deciden doblar "finito" o simplemente circulan con la mente en cualquier lado menos en el asfalto.
¿Cuánto tiempo más necesitan los conductores para asimilar el nuevo escenario del microcentro? Quizás sea hora de ponerles luces de neón, o tal vez, simplemente, de que quienes van al volante empiecen a mirar más por el parabrisas y menos por el recuerdo de cuando las calles eran anchas y sin obstáculos. Por ahora, el marcador sigue favoreciendo a los bolardos, que resisten estoicos mientras los paragolpes pasan a mejor vida.
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