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EL DIARIO digital
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General Pico (Agencia) - La fisonomía de uno de los accesos a General Pico continuó alterada ayer por la profundización de un conflicto que afecta a todo el país, pero que en la región tiene un epicentro crítico sobre la Ruta Provincial 102. En las inmediaciones de la planta aceitera local, la Cámara de Transportistas (CATRAP) mantiene una guardia activa que refleja el malestar de un sector asfixiado por el desfasaje de costos.
La medida de fuerza, que se inició con la detención momentánea de unidades para solicitar adhesión, escaló hacia un corte selectivo para camiones con carga, dejando libre el paso para vehículos particulares.
El detonante de esta situación fue el fracaso de las recientes mesas de diálogo en La Plata. Mientras la Federación de Transportadores Argentinos (FETRA) y otras entidades como la Confederación Argentina del Transporte Automotor de Cargas (CATAC) y la Federación Argentina de Transporte Automotor de Cargas (FADAC) exigen una actualización de la tarifa nacional de referencia cercana al 30 o 40 por ciento para compensar las subas en el gasoil y los insumos, la propuesta oficial se estancó en un 13,6 por ciento.
Para los transportistas piquenses, esa cifra resulta insuficiente y condena a la actividad a trabajar a pérdida, poniendo en riesgo la sostenibilidad del servicio en plena etapa de cosecha.
Los camioneros de la zona remarcaron la preocupación de las más de 160 familias que dependen directamente de la actividad en la región. Aclararon que no se trata de un conflicto dirigido contra una empresa en particular, sino de una demanda generalizada por la rentabilidad de los fletes de granos y otras cargas generales.
El malestar es palpable en la banquina: los camioneros aseguran que los costos operativos han subido a un ritmo que pulverizó los valores vigentes, haciendo que cada viaje sea económicamente inviable.
La permanencia de los transportistas a la vera de la Ruta 102 es por tiempo indeterminado. El sector aguarda un nuevo llamado al diálogo que traiga una propuesta superadora. Mientras tanto, el paisaje de camiones detenidos y el humo de las ollas populares marcan el pulso de una protesta que no solo busca un número en una planilla, sino la supervivencia de un eslabón fundamental en la cadena productiva pampeana. La tensión crece y el acuerdo parece lejano.
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