Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
General Pico (Agencia) - En una audiencia de formalización que rompió con el protocolo habitual, Segundo Isabel Alfonzo, el hombre de 66 años detenido en Quemú Quemú tras un grave incidente con la Policía, decidió tomar la palabra para ofrecer un relato que dista diametralmente de la acusación fiscal. Mientras la Justicia lo investiga por intentar asesinar a un subcomisario, Alfonzo asegura que fue él quien resultó víctima de una violenta irrupción policial en su domicilio mientras se encontraba indefenso.
El eje del conflicto, según el detenido, comenzó mucho antes de la llegada de los uniformados. Alfonzo reconoció haber tenido una discusión familiar con su hija al regresar de trabajar, la cual escaló hasta el exterior de la vivienda. Allí, según sus dichos, su hijo mayor intervino y le propinó un golpe en la cabeza que lo dejó desvanecido. Al despertar, el hombre se encontró solo, herido y confundido, lo que lo llevó a refugiarse en su casa.
Es en este punto donde la versión de Alfonzo choca frontalmente con la hipótesis de la Fiscalía. El Ministerio Público Fiscal sostiene que el subcomisario Julio Martínez ingresó al domicilio tras un breve diálogo y que Alfonzo, tras darle la mano, extrajo un revólver Smith & Wesson calibre 38 y gatilló contra el oficial, sin que el proyectil saliera. Según esta versión, la rápida reacción del oficial Nicolás Guzmán, quien disparó postas de goma a las piernas del agresor, evitó una tragedia.
Sin embargo, el imputado quien compareció con ambos brazos vendados ante la jueza Jimena Cardoso relató una escena muy distinta. Afirmó que, tras la pelea familiar, se sentó a la mesa a tomar un fernet y se calzó el revólver a la cintura únicamente por temor a ser atacado nuevamente por sus familiares, desconociendo que la Policía estaba en camino. "Jamás le tomé la mano al señor comisario", sentenció. Según Alfonzo, se encontraba sentado cuando escuchó que gritaban su nombre, inmediatamente la puerta fue derribada de una patada y los efectivos ingresaron disparando. Si bien admitió haber sacado el arma de su cintura ante el estruendo de la irrupción, negó rotundamente haber gatillado contra el personal policial.
"A mí me pegaron, me hirieron de bala, me sacaron las armas y estoy preso como si fuera un delincuente. Yo no le he pegado a nadie", manifestó con pesar ante la jueza y el fiscal Guillermo Komarofky. Alfonzo insistió en que sus armas cuentan con la documentación correspondiente y que su detención es una injusticia derivada de un procedimiento policial desproporcionado.
A pesar de su descargo, la Fiscalía mantuvo una pesada acusación que incluye tentativa de homicidio agravado por la condición de la víctima (miembro de la fuerza policial), amenazas agravadas por el uso de arma y tenencia ilegal de armas de fuego. El fiscal Komarofky enfatizó el peligro de fuga dada la expectativa de pena que inicia en los 10 años de prisión y el riesgo de entorpecimiento, señalando que los familiares del detenido no quisieron denunciar formalmente por el "miedo que el hombre infunde".
Por su parte, el defensor oficial Walter Vaccaro introdujo un elemento técnico clave al solicitar que se considere la figura de "tentativa de delito imposible", argumentando que si el arma no funcionaba, el homicidio nunca podría haberse concretado. Esta teoría dependerá de los peritajes balísticos que se realizarán próximamente sobre el revólver y la escopeta policial.
Finalmente, la jueza Cardoso dio por formalizada la investigación y, aunque la Fiscalía solicitaba seis meses de prisión preventiva, la magistrada confirmó la medida por un plazo de tres meses. Durante este tiempo, se realizarán peritajes antropométricos, pruebas de ADN, exámenes mentales y la reconstrucción técnica de los hechos para determinar si, como dice la Policía, Alfonzo intentó matar, o si, como dice el detenido, fue baleado mientras estaba sentado a su mesa.