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EL DIARIO digital
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Mientras el Gobierno nacional avanza con un nuevo aumento de los peajes, la Ruta Nacional 5 continúa mostrando un cuadro crítico en materia de seguridad vial, sin obras estructurales que acompañen el mayor costo que deberán afrontar los usuarios. Se trata de una de las trazas más transitadas del país y, al mismo tiempo, de una de las más peligrosas, con un historial de siniestros viales que año tras año se agrava.
La Dirección Nacional de Vialidad, a través de la Resolución 42/2026, formalizó el proceso para autorizar una suba tarifaria de hasta el 19% en los peajes concesionados a la empresa estatal Corredores Viales SA. De aprobarse el nuevo cuadro tras la consulta pública que se extenderá por 15 días hábiles, el peaje para vehículos livianos en las cabinas de Olivera, Trenque Lauquen y Nueve de Julio pasará a costar al menos $1.800.
El incremento no se agota allí. La normativa también anticipa el escenario de la próxima licitación de la concesión de la Ruta 5, que habilitaría a la futura empresa adjudicataria a duplicar el valor del peaje. A esto se suma la eliminación de la bonificación por pago automático: los usuarios de Telepase perderán el beneficio económico y abonarán lo mismo que quienes paguen en efectivo.
Una ruta cara y cada vez más peligrosa
El aumento de los peajes contrasta con la falta de inversión en infraestructura vial. Lejos de transformarse en una autovía, como reclaman desde hace años organizaciones y especialistas, la Ruta 5 mantiene extensos tramos de calzada simple, con alto tránsito pesado y condiciones que favorecen los choques frontales.
Un informe elaborado en conjunto entre estudiantes universitarios de la Universidad Siglo 21 y la Fundación Estrellas Amarillas expone con crudeza esta realidad. A partir de datos oficiales de la Secretaría de Transporte de la Nación y de un mapa georreferenciado colaborativo, el relevamiento revela que entre 2013 y 2024 se registraron 162 víctimas fatales en siniestros ocurridos sobre la Ruta 5.
El trabajo señala que el 75% de las víctimas fatales fueron varones jóvenes y que la mayoría de los fallecimientos se produjeron en colisiones frontales en tramos sin doble vía. El año 2024 resulta especialmente alarmante: según el informe, la cantidad de muertes se triplicó respecto de años anteriores, marcando un agravamiento sostenido del problema.
El análisis por edades también enciende luces de alarma. La franja más afectada es la de personas de entre 15 y 34 años, aunque el informe advierte además sobre la cantidad de niños y niñas de entre 5 y 14 años que perdieron la vida en esta ruta.
Tramos críticos y choques frontales
Los datos coinciden con relevamientos independientes realizados en territorio bonaerense. Un informe del perito en accidentología Jorge Lasala, difundido por medios de Bragado, indica que solo en 2024 hubo 11 personas fallecidas entre el kilómetro 88 donde finaliza la autovía Mercedes-Luján y el kilómetro 159, en el acceso a Chivilcoy.
De unos 28 siniestros viales registrados en ese tramo, ocho tuvieron víctimas fatales. Siete de ellos fueron choques frontales y uno un atropello de peatón sobre la cinta asfáltica. La mayor concentración de muertes se dio en jurisdicción de Suipacha, en sectores sin autovía ni infraestructura adecuada para un corredor con intenso flujo de camiones.
Más peajes, la misma deuda
Desde la Fundación Estrellas Amarillas advierten que los registros oficiales subestiman la magnitud real del problema. Según sus datos, los relevamientos independientes llegan a triplicar la cantidad de víctimas mortales informadas por el Estado. "Una víctima que no figura en la estadística es una vida que no existe a la hora de planificar políticas públicas", sostienen.
El reclamo es claro y se repite desde hace años: declarar la emergencia vial en la Ruta 5 y avanzar de manera urgente en su transformación en autovía. Sin embargo, mientras las obras no llegan, el Estado nacional avanza con aumentos de peaje que encarecen la circulación sin ofrecer a cambio mejoras en seguridad.
La Ruta 5 es la columna vertebral de una de las zonas productivas más importantes del país. Hoy, para miles de pampeanos y pampeanas, el contraste resulta difícil de explicar: se paga cada vez más por transitar una ruta que sigue cobrándose vidas.