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En pocos días más se dará inicio a las labores de cosecha de soja y maíz en la provincia de La Pampa. Es muy importante que el empresario rural monitoree y controle la eficiencia de cosecha de los equipos que trabajan en sus lotes, ya que los granos que no entran en la tolva de la cosechadora son pesos que quedan esparcidos en los rastrojos, que por tanto no estarán disponibles para la economía del empresario rural y del país todo.

Antiguamente se sugería una tolerancia de pérdidas de cosecha relacionada a la producción de kilos de grano por hectárea del cultivo en cuestión. Con esa filosofía, a medida que más rendía la especie el empresario toleraba mayor pérdida de kilos por hectárea de grano. Con el avance de la tecnología y la mejora en las maquinarias este concepto ha cambiado. Hoy tenemos valores máximos absolutos de pérdida por hectárea a tolerar en los diferentes cultivos, independientemente del rendimiento que estén arrojando.

Así es que para una soja se considera razonable una pérdida máxima de alrededor de 80 kilogramos por hectárea, repartidos 60 kilos por cabezal y el resto por la "cola de la cosechadora". Como dato adicional podemos decir que 60 granos de soja por metro cuadrado recogidos en los rastrojos representan en promedio, y como regla de cálculo rápido, unos 100 kilos por hectárea.

En tanto que para maíz la pérdida máxima tolerada, sea cual fuere su producción, es de 150 kilos por hectárea, los cuales se dividen en no más de 90 kilos de pérdida por cabezal y el resto por la "cola de la cosechadora". En este caso 33 granos de maíz por metro cuadrado representan unos 100 kilos de pérdida por hectárea.

Arriba de estos valores mencionados debemos actuar, modificando alguno de los componentes de la labor de trilla para permanecer dentro de la tolerancia, no perdiendo dinero injustificadamente, ya que los granos que no recogemos de un potrero, ya sea por inoperancia o desidia, pueden representar hasta un 21% del margen de ganancia de la empresa agropecuaria en ese negocio en particular.

Como regla general y casi instintivamente cuando el productor detecta pérdida de cosecha en un lote, lo primero que piensa es que el conductor de la cosechadora va a alta velocidad, y la verdad es que la mayoría de las veces tiene razón.

El sistema de corte alternativo de cuchilla del cabezal de la cosechadora se desplaza a razón de 540 golpes por minuto. Aplicando las fórmulas necesarias, esta velocidad de corte alternativo la trasformamos en velocidad de avance lineal y veremos que representa alrededor de 7 kilómetros por hora. Por lo tanto ninguna cosechadora por moderna que sea puede superar esa velocidad.

Esta es la justificación de que las empresas de cosechadoras traten de hacer cada vez más grandes los cabezales de recolección como estrategia para ganar capacidad operativa (hectáreas cosechadas por hora), ya que la velocidad de avance no se podrá aumentar hasta que no aumentemos la velocidad de corte del sistema de cizalla del flexi.

Otro dato importante que podemos mencionar es que el "ángulo de ataque" del cabezal al cultivo debe ser de alrededor de 30 grados respecto de como fue sembrado, para que la máquina tenga tiempo de trabajar en vacío, "aliviarse" y que el gasto de las cuchillas sea parejo. Respecto a la inclinación de los dientes del molinete, es hacia adelante para una soja alta, recta para una soja normal y hacia atrás para una soja petisa, según el desarrollo que haya tenido el cultivo.

El golpe de cabezal al cultivo para arrojarlo dentro del sinfín acarreador debe ser al medio de la planta. La posición del mismo debe ser 10 centímetros delante del punto de corte, e ir a una velocidad un 25% superior al avance de la máquina para un cultivo normal, lo que es lo mismo que decir a un índice de molinete de 1,25. Esto se estima viendo la máquina desde lejos, dando la sensación de que el cabezal va "arrastrando o traccionando" la máquina. Para un cultivo alto el índice de molinete debe ser de 1,15 y para un cultivo petiso, de 1,3.

En el caso de maíz, podemos agregar que este cultivo en su modalidad "de segunda" genera más pérdida de difícil control, producto de un mayor porcentaje de individuos volcados. Las pérdidas en cabezal corresponden en un 58% a desgrane de espigas por mala regulación de rolos espigadores y altura de maicero. He aquí una vez más la importancia de la velocidad de avance de la cosechadora respecto de la velocidad de los rolos espigadores del cabezal, pues si la velocidad de avance es mayor a la del cabezal no termina de bajar la planta, consecuentemente ingresará más material al sistema de trilla, redundando en un incremento de "pérdida por cola de máquina". En caso de que la cosechadora vaya muy lento respecto del maicero, el espigado se hace muy adelante (1/5 del recorrido del rolo), por ende las espigas saltan afuera de las cadenas conductoras y quedan en el potrero sin ser recogidas.

En resumen y para finalizar diremos que para muestrear un lote hay que seguir un protocolo respecto de dónde y cuántas veces tirar el aro, que mide 0,25 metro cuadrado. Pero como es muy largo y engorroso de detallar, recomendamos la consulta a un ingeniero agrónomo, que es la persona idónea para detectar el problema. Luego trabajando en conjunto con el contratista o chofer de la cosechadora se deberá encontrar la manera de estar dentro de los límites de tolerancia de pérdidas aceptables para cada cultivo, modificando un factor de la cosechadora a la vez, según el problema al que nos enfrentemos.

Mariano Fava - Ingeniero Agrónomo
(MP: 607 CIALP)
Posgrado en Agronegocios y Alimentos
@MARIANOFAVALP