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El fin del "dólar soja" y la incertidumbre como factor común

Por Mariano Fava (*)

Durante el mes de septiembre el Gobierno nacional tomó la decisión de generar un tipo de cambio más competitivo para la soja, como una manera de incentivar la liquidación de este poroto por parte de los productores, de manera que los exportadores pudieran comercializarlo fronteras afuera e ingresar así los tan ansiados agrodólares. El objetivo final de esta medida no fue otro que el de engrosar las alicaídas reservas del Banco Central de la República Argentina, que ponían al Gobierno y al país al borde de una crisis terminal.

Lo hecho por el flamante ministro de Economía, si bien fue extremadamente exitoso, ya que se superó el objetivo inicial de generar cinco mil millones de dólares vía exportación, deja en evidencia que las retenciones están afectando severamente el desempeño productivo del campo. Lo dicho se sustenta en que el dólar a doscientos pesos por tonelada de grano equivaldría a comercializar la soja con cero retenciones a tipo de cambio oficial Banco Nación Vendedor Divisa. Esto es importante de entender, pues en el fondo no es que se le dio un dólar especial a la soja, sino que se emuló un precio sin retenciones.

No hace falta ser economista para advertir dos o tres grandes lineamientos por donde van a pasar la macroeconomía y la suerte del negocio agropecuario en lo inmediato. Con el aumento de la tasa de interés en los Estados Unidos como una manera de hacer frente a la fuerte inflación que está golpeando al país del norte y al mundo en general, se produce forzosamente una revalorización del dólar que impactará de manera negativa en los precios de los commodities, aun a pesar de la guerra entre Rusia y Ucrania, evento el cual el mercado ya tiene descontado.

Del mismo modo todos entendemos que el tipo de cambio en Argentina está fuertemente atrasado y esto es fácil de advertir con solo comprar el dólar oficial versus cualquier otro dólar de referencia (MEP, LIQUI, LIBRE, etc.). Esta brecha engloba toda una serie de parámetros, algunos técnicos como lo es la relación entre los billetes de pesos circulando en la economía en contraste a las reservas de dólares del Banco Central de la República Argentina, como otras cuestiones más subjetivas relacionadas con la confianza del mercado en el Gobierno y en definitiva en el país.

Pero no es menos cierto que en un contexto de inflación coqueteando con los tres dígitos, es difícil sincerar el tipo de cambio sin desatar una escalada aun mayor de los precios y un aumento de los niveles de pobreza. Es por ello por lo que el Gobierno se encuentra en una encerrona que va a tener un fuerte impacto en las actividades económicas en general y en la agrícola en particular.

Seguidamente vamos a tratar de advertir qué ocurrirá en el negocio agropecuario en los próximos meses si el Gobierno logra "aguantar" esta paridad US$/$, como una manera de generar comportamientos defensivos y proactivos para encontrar oportunidades.

Con el fin del dólar soja retornan al mercado de granos la precaución y la incertidumbre, se ralentizarán las ventas y se postergarán inversiones. Sin embargo, hay una que no se va a poder soslayar por la época del año en la cual nos encontramos, y es el establecimiento de cultivos de verano.

En efecto, durante los meses de octubre y noviembre se realizará el grueso de la siembra de las principales especies de verano de nuestro país, en un contexto que parece indicar que nos encaminamos a una drástica disminución de la producción de trigo, soja y maíz. El único cultivo que puede experimentar algún aumento en el volumen sería el girasol, aunque aún no está claro el impacto que tuvo la sequía en el NOA y NEA.

La única manera de que esto se revierta parecería ser la ocurrencia de un semestre lluvioso, lo cual es muy poco probable si miramos los pronósticos del tiempo de mediano plazo, que prometen una zafra con lluvias por debajo de la media, comúnmente conocida como "Niña".

Como la implantación de cultivos demanda una inversión muy alta en una coyuntura de crédito escaso y caro, el productor se verá en la disyuntiva respecto de cuánto grano vender para apostar a una próxima campaña, la cual tiene muchas chances de ser climáticamente adversa, o en contraste bajar la exposición al riesgo, sembrando menos, con menos tecnología, y quedarse con la mayor cantidad de grano en el silo bolsa como resguardo de valor, ya que si no invierte en sementeras o en maquinarias, es poco lo que necesita para vivir en términos de liquidación de grano.

Por lo antes dicho se proyecta una drástica caída del estimado de producción de trigo, que inició en la cifra de veintidós millones de toneladas proyectadas para 2022-2023 y que actualmente no sería raro que esté cerca de los quince millones si se siguen demorando las lluvias.

Adicionalmente, la falta de humedad y los altos costos de los fertilizantes hacen que cultivos como el maíz, muy exigentes en nutrientes, vean reducida su área de siembra, así como su paquete tecnológico, con lo cual es probable que la reducción en la producción de cara a la próxima zafra esté cerca de los siete a diez millones de toneladas.

Finalmente, en la soja, que siempre era la vía de escape de los productores como respuesta a coyunturas complejas, el advenimiento de las malezas resistentes a glifosato, la necesidad de un fertilizante arrancador fosforado, el aumento de costos de fletes, la altísima alícuota de retenciones y la promesa de una campaña Niña hacen pensar que se registrará un fuerte recorte de la siembra de esta oleaginosa en la modalidad de "cultivo de segunda".

En resumen, resulta evidente advertir que nos encaminamos a una caída de la producción argentina de granos y oleaginosas global sin precedentes y el piso lo pondrá el clima. Así las cosas, la originación de divisas durante el próximo año estará afectada tanto por la cantidad de grano como por el precio de este, si continúa la actual política monetaria del tesoro de los Estados Unidos. Mientras tanto el productor agropecuario de las zonas marginales y lejanas a los puertos deberá ser muy prudente en ¿qué?, ¿cuánto? y ¿cómo? sembrar, si no quiere fundirse trabajando.

(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos - @MARIANOFAVALP

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