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Sorgo granífero: su aporte ante una campaña "niña"

Por Mariano Fava (*)

Hace varios años que por distintas cuestiones el área de siembra de sorgo granífero viene disminuyendo, ocupando cada vez menos superficie en las rotaciones. Esto es una muy mala noticia, ya que el mencionado cultivo cumple un papel indispensable como recuperador de la materia orgánica que pierden los suelos durante los procesos productivos. Por otra parte, está muy bien adaptado para prosperar en las regiones semiáridas.

Actualmente volvió a ser una alternativa interesante, debido a que durante las últimas jornadas ha mostrado cotizaciones muy similares al maíz. El sorgo es una especie económica de establecer comparada con otras opciones de cultivos similares, con una reconocida rusticidad a estrés hídrico, y como si esto fuese poco, tiene muy buenas aptitudes como destino forrajero, ya sea en pastoreo directo o suministrando el grano en dietas de bovinos.

Adicionalmente, el poderoso sistema de raíces y al abundante rastrojo que produce permiten recuperar rápidamente suelos degradados a causa de la pérdida de materia orgánica. Con el auge de la soja y el maíz resistente al glifosato se han podido eliminar de muchos potreros las "malezas problema" como "gramón" o "sorgo de alepo", que dificultaban e incluso impedían el establecimiento exitoso del cultivo en cuestión.

A pesar del aparente olvido en el cual el sorgo había caído se siguió investigando, y hoy contamos con sorgos graníferos ciclo corto (60-65 días de siembra a floración), intermedio (65-70 días de siembra a floración) y largo (70-75 días de siembra a floración), con alto o bajo contenido de tanino. Los híbridos se emplean tanto para cosecha de grano como para silaje de planta entera o incluso erlage (silaje de la espiga). Además, se encuentran disponibles en el mercado los sorgos blancos para la producción de harinas para consumo humano, con su correspondiente nicho de mercado.

También el mercado nacional ofrece sorgos resistentes a herbicidas de la familia de las imidazolinonas, lo que representa un salto tecnológico muy grande en materia de control de malezas. La otra opción para ampliar el espectro de control de malas hierbas es curar la semilla de sorgo con un antídoto que permite aplicar cloroacetamidas en preemergencia del cultivo, alternativa muy interesante y fácilmente disponible para el productor.

Finalmente están los herbicidas como atrazina, pendimethalin (en determinadas condiciones) y las clásicas moléculas para hoja ancha como dicamba o 2 4 D no volátil. Para más información y modo de empleo de esas herramientas químicas sugerimos la consulta a un ingeniero agrónomo.

El sorgo es la gramínea estival más recomendable agronómicamente hablando para las regiones semiáridas, donde las precipitaciones no alcanzan para que el maíz produzca satisfactoriamente. Esto es debido a varias cuestiones, algunas de ellas son:

-Posee mayor cantidad de raíces secundarias que el maíz, más finas y fibrosas, las cuales pueden llegar a extraer hasta el doble de agua aprovechable.

-Tiene la capacidad de entrar en un período de latencia (dormición) en caso de sufrir un fuerte estrés hídrico, para luego retomar su ciclo cuando se produzcan las precipitaciones, obviamente siempre y cuando las mismas no se demoren demasiado.

-Otra estrategia de defensa contra la sequía son las células motoras que posee en la nervadura central de las hojas, que le permite enrollarlas para evitar la pérdida de humedad, como así también una capa de cera que limita la transpiración.

Los períodos críticos para el sorgo son 2:

1.La emergencia, dado el poco vigor que posee en esta etapa. La profundidad de siembra va desde 2,5 cm en suelos pesados a 4 cm en suelos arenosos, con una temperatura edáfica del orden de los 18ºC.

2.La floración; es el otro período crítico. Está representado por los 4 a 10 días que dura, y aquí temperaturas mayores a 40ºC o estrés hídrico generan esterilidad en el polen de la planta. La temperatura óptima para el desarrollo vegetativo es de 27ºC.

El sorgo precisa 2168 litros de agua para producir un kilogramo de materia seca, mientras que el maíz precisa 2976 litros; el trigo, 4040 litros, y la alfalfa, 7064 litros por kilogramo de materia seca. De lo expuesto se deduce la gran eficiencia en el uso del agua que posee esta gramínea.

Para finalizar daremos algunas recomendaciones generales para aquellos productores que decidan sembrar sorgo granífero. Sugerimos la elección de sorgos ciclo intermedio, resistentes a la "mosquita del sorgo", preferentemente alto tanino. La fecha de siembra sería alrededor de mediados de noviembre. En cuanto a la estructura de cultivo, se deben colocar de 80.000 a 140.000 plantas/ha. La mayor densidad de siembra se utiliza con híbridos ciclo corto y en ambientes de buena capacidad de uso.

Respecto al espacio entre surcos, se puede sembrar a 35, 52 o 70 centímetros. Para las siembras tardías, las menores distancias son más recomendables, pues cubren antes el suelo, aunque anulan la posibilidad de carpir el cultivo en caso de que la maleza avance.

Por último, un párrafo aparte para el tema nutrición. Si bien tiene una tasa de extracción de nitrógeno muy similar a maíz, en torno a 20/22 kilos de nitrógeno por tonelada de grano, la tasa de absorción es superior, por ello es indispensable una buena fertilización con este elemento (previo análisis de suelo) para obtener un buen desarrollo de cultivo y alta producción.

(*) Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) -Posgrado en Agronegocios y Alimentos- @MARIANOFAVALP

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