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Cosecha fina 22-23: con daños por heladas, espera la tormenta de Santa Rosa

Por Mariano Fava (*)

La Pampa viene atravesando un semestre (otoño e invierno) que podríamos catalogar de seco. A la falta de lluvias se le sumaron intensas heladas que, si bien son esperables para la época, han tenido un impacto bastante desfavorable en trigos y cebadas implantados, sobre todo de manera temprana allá por fines de mayo y el mes de junio.

Si bien se observan diferencias entre variedades en cuanto a resistencia a frío, casi todos los potreros han sufrido una pérdida importante de área foliar, la cual afortunadamente puede ser revertida, pues aún los cereales no han fijado el área foliar definitiva, siendo la hoja bandera y hoja bandera menos una las que aportan vía fotosíntesis el 80 al 90% del rendimiento.

La buena noticia es que no se han visto pérdidas grandes de macollos, lo que de ocurrir sí tendría más impacto en la producción por la época del año en la cual nos encontramos, ya sobre el fin del macollaje. También se vieron mucho menos afectados los potreros sembrados sobre fin de julio e incluso agosto, luego de las últimas lluvias.

Numerosas evidencias indican un aumento de la tolerancia a heladas por parte de los lotes que se fertilizaron de manera adecuada con fósforo, como así también los lotes laboreados previamente a la siembra. En ambos casos han sorteado con menor nivel de afección las gélidas temperaturas de fin del invierno.

Con los días alargándose y el aumento de la demanda de agua por parte de los cultivos, se genera en el empresario agrícola una preocupación muy importante por la demora en las precipitaciones, y el impacto que esto pueda llegar a tener en los cultivos.

Sabido es que la primavera es definitoria en cuanto a la suerte del trigo se refiere. En general, los años con lluvias primaverales tempranas son zafras con buenas producciones. Sin embargo, no es lo mismo que las precipitaciones acontezcan a fines de agosto o en la primera quincena de septiembre, que si las mismas hacen su aparición sobre el fin de este mes. Si bien el intervalo de tiempo parece escaso, hace una gran diferencia en cuanto a la respuesta del cultivo.

Cuando las lluvias se empiezan a demorar, es común recibir la consulta de algún productor preocupado, deseando conocer cuánto tiempo es capaz el cultivo de "aguardar la lluvia" sin afectar sensiblemente su rendimiento. Para responder esta pregunta vamos a analizar brevemente los aspectos del desarrollo del trigo que más importancia relativa tienen en la generación del rendimiento.

Numerosas evidencias científicas concuerdan en que de los dos componentes del rinde, granos por metro cuadrado y peso de los mil granos, el que más peso relativo tiene es el primero mencionado.

Esto se debe a que, si bien el peso de los granos varía, el mismo se define en un período muy corto de tiempo, que va desde la floración hasta la madurez fisiológica (momento en el cual el trigo deja de acumular materia seca y solo pierde humedad, este coincide aproximadamente con un 37% de humedad en grano).

Además, en caso de algún estrés en este período, el cultivo es capaz de completar el llenado de grano con fotoasimilados generados en etapas anteriores, y que mayormente se alojan en el tallo. Se ha estimado que hasta el 30% del peso de los granos puede ser aportado por removilización de fotosintatos, con lo cual luego del cuaje es poco probable que un estrés pueda afectar de manera importante el peso de los granos, y consecuentemente el rendimiento, a excepción de un golpe de calor que podría producir el fenómeno del "grano chuzo" o arrugado donde sí pierde calidad panadera y rendimiento.

De lo expuesto anteriormente se deduce que debemos dirigir los esfuerzos en lograr la mayor cantidad de granos por metro cuadrado si queremos obtener altos rendimientos. Este componente del rinde queda definido en una ventana de tiempo mucho más amplia que la anterior variable analizada.

Podemos decir que prácticamente empieza con la siembra, pues en ese momento según la densidad de siembra utilizada será el numero de plantas por hectárea, que luego del macollaje nos dejará definido el número potencial de espigas por metro cuadrado. Por ello a medida que atrasamos la fecha de siembra debemos aumentar los kilogramos de semilla por hectárea utilizados, pues contamos con menos tiempo para el macollaje.

Vale aclarar que no todos los macollos llegan a desarrollar una espiga. En general varios de ellos mueren, particularmente este año es probable que algunos lo hagan a causa de las heladas tardías. A su vez, la espiga del trigo que todos conocemos está formada por varias espiguillas, las cuales a su vez tienen varias flores; de la cantidad de flores diferenciadas, de cuántas sobrevivan y cuajen dependerá el numero de granos por metro cuadrado.

El período de tiempo más importante para este proceso es "20 días antes y 10 días después de la floración"; si convenimos que la fecha media de floración de los trigos en La Pampa es el 15/20 de octubre, veremos que podemos esperar las precipitaciones hasta mediados de septiembre sin preocuparnos porque algo grave le pueda pasar al rendimiento de nuestro cultivo, esto obviamente si logramos oportunamente un buen stand de plantas y un aceptable desarrollo de la sementera.

Para ir finalizando es importante mencionar cómo afectan al desarrollo del trigo las variables ambientales radiación y temperatura: la primera lo favorece, es decir, a mayor radiación mayor tasa de crecimiento del cultivo, mientras que la temperatura lo afecta negativamente acelerando el desarrollo del cultivo (a mayor temperatura menos duración de las etapas de desarrollo). Es decir que la mejor combinación para el trigo sería una primavera soleada y "fresca", con lluvias en la primera quincena de septiembre.

En resumen, los cereales de invierno se han sembrado con muy pobres condiciones de humedad. Paralelamente han registrado un fuerte daño y estrés por heladas tardías, lo que pude menguar el número de macollos fértiles. Por todo lo expuesto es sumamente necesario que lleguen las ansiadas lluvias de primavera para que las plantas puedan recuperarse de los daños por frío y además nos permita corregir nutrición, evitando de este modo una merma en el rendimiento de los cultivos pampeanos.

(*) Mariano Fava - Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) - Posgrado en Agronegocios y Alimentos @MARIANOFAVALP

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