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EL DIARIO digital
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"El Alzheimer es una enfermedad que se caracteriza por producir de manera gradual y progresiva la pérdida y muerte de neuronas, lo que conduce al deterioro de las funciones cognitivas, alterando la capacidad funcional y produciendo una gran discapacidad y dependencia", explica Juan Fortea, Coordinador del Grupo de Estudio de Conducta y Demencias de la Sociedad Española de Neurología (SEN). "Y aunque si bien la evolución de la enfermedad sigue un patrón más o menos predecible, ésta es diferente en cada persona y depende mucho de la edad en la que se manifieste el Alzheimer, así como de la genética, hábitos de vida y de otros muchos factores como la historia clínica de cada paciente".
Aunque la causa de la enfermedad no se conoce con exactitud, todo apunta a que tenga un origen multifactorial en que el que parece que están implicados diferentes procesos como la acumulación de ciertas proteínas cerebrales, neuroinflamación, inmunidad, cambios vasculares, genética que predisponen a que ciertas personas la desarrollen. Señalar que, respecto al origen de esta enfermedad, los casos hereditarios son raros y solamente suponen el 1% del total de los casos.
¿Cómo saber si los olvidos de un familiar forman parte del envejecimiento normal o pueden ser una señal de que conviene consultar? Con motivo del Día Mundial del Alzheimer, que se celebra el 21 de septiembre, los expertos revelan algunas claves para identificar cambios cognitivos que merecen atención, sin caer en la alarma ni normalizar automáticamente cualquier alteración por el hecho de envejecer.
"No nos preocupa tanto un despiste puntual como un cambio que antes no existía, que empieza a repetirse y que afecta a actividades que la persona realizaba con normalidad. Consultar no significa asumir que existe Alzheimer, sino entender qué está ocurriendo", explica Francisco Mira, neurólogo en el Hospital Vithar Medimar y director médico de MyBrain.

Cuándo hay que consultar
Más que fijarse en un episodio aislado, los especialistas recomiendan observar si existe un cambio respecto al funcionamiento habitual de la persona.
Entre las señales a las que conviene prestar atención se encuentran:
-Los olvidos frecuentes de información reciente
-Repetir preguntas o conversaciones
-Dificultades nuevas para encontrar palabras o seguir un diálogo
-Problemas para realizar tareas habituales
-Desorientarse en lugares conocidos;
-Mostrar cambios persistentes en la capacidad de organización, el comportamiento o el estado de ánimo.
La diferencia puede estar, por ejemplo, entre olvidar puntualmente dónde se han dejado las llaves y empezar a guardarlas repetidamente en lugares inusuales sin recordarlo después; entre tardar en encontrar una palabra y tener dificultades nuevas y frecuentes para seguir una conversación; o entre equivocarse en un recorrido desconocido y desorientarse en trayectos que forman parte de la rutina habitual.
Estos cambios pueden responder a causas muy diversas y no implican necesariamente la presencia de una enfermedad neurodegenerativa. Una evaluación clínica permite contextualizarlos, explorar su origen y determinar si requieren seguimiento.
Qué hacer
A menudo, es el entorno cercano quien primero nota que algo ha cambiado como repetir preguntas, olvidar conversaciones recientes, tener dificultades nuevas para organizarse o abandonar actividades habituales pueden ser algunas de las señales.
Ante estos cambios, los especialistas aconsejan observar su evolución sin alarmarse ni normalizarlos. Si se repiten o empiezan a interferir en el día a día, conviene hablarlo con naturalidad y consultar con un profesional.
Identificar estos cambios a tiempo no solo permite saber si es necesario realizar un seguimiento. También puede ser una oportunidad para empezar a cuidar la salud cerebral antes de que aparezca un deterioro significativo. "Todavía tendemos a preocuparnos por el cerebro cuando aparecen los primeros olvidos. Debemos cambiar esa mirada: la salud cerebral debería cuidarse mucho antes, igual que hacemos con la salud cardiovascular", añade Mira.

Consejos para cuidar la salud cerebral
La salud cerebral se construye a lo largo de la vida y está estrechamente relacionada con el cuidado de la salud general. Entre las principales recomendaciones se encuentran:
-Moverse de forma regular. La actividad física ayuda a mantener una buena salud general y cardiovascular, estrechamente relacionada con el bienestar cerebral.
-Dormir y descansar adecuadamente. Mantener horarios regulares y una buena calidad del sueño favorece el funcionamiento cognitivo.
-Seguir una alimentación equilibrada. Una dieta saludable forma parte del cuidado global de la salud y de los factores asociados al deterioro cognitivo.
-Mantener el cerebro activo y cuidar las relaciones sociales. Leer, aprender cosas nuevas, conversar, mantener vínculos y evitar el aislamiento contribuyen a mantener la actividad mental.
-Hacer revisiones. Mantener bajo control la presión arterial, la glucosa, el colesterol y otros factores cardiovasculares contribuye también al cuidado de la salud cerebral.
La prevención de la salud cerebral no se limita a los hábitos de vida. La evaluación especializada permite conocer el estado cognitivo de cada persona y detectar cambios en fases iniciales, cuando todavía existe margen para intervenir y establecer estrategias de cuidado individualizadas. En este contexto, la neuromodulación no invasiva se está incorporando como una herramienta dentro del abordaje de la salud cerebral en determinados casos.
"La salud cerebral depende de muchos factores y merece una atención personalizada. Hoy podemos evaluar cómo está funcionando el cerebro y, cuando está indicado, incorporar distintas herramientas para cuidarlo y preservar sus funciones", concluye el Francisco Mira.