Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
Es una enfermedad muy estigmatizada de la que se oye hablar pero que se conoce poco. Afecta en Argentina a unas 300.000 personas. Cada año se diagnostican muchos nuevos casos, en su mayoría en niños o en mayores de 65 años.
La epilepsia es una enfermedad que se caracteriza por la aparición de crisis epilépticas recurrentes, producidas por una alteración de la actividad eléctrica de las neuronas de la corteza cerebral. Aunque socialmente se suele asociar la epilepsia con convulsiones y pérdida de conciencia, estas manifestaciones solo representan una parte de los casos. "Solo entre el 20% y el 30% de las crisis epilépticas se presentan como convulsiones, lo que hace que muchos pacientes, familiares e incluso profesionales sanitarios no las identifiquen inicialmente como crisis epilépticas", explican los neurólogos.
Otros síntomas de la epilepsia
Además de las convulsiones, muchas crisis pueden presentarse como:
-Ausencias.
-Desconexión del entorno.
-Sensaciones extrañas.
-Alteraciones visuales.
-Hormigueos.
-Movimientos automáticos repetidos.
-Episodios breves de pérdida de respuesta.
En palabras de los neurólogos, esta variabilidad en la presentación de la epilepsia, "explica que el diagnóstico pueda demorarse durante años y que, al mismo tiempo, también existan diagnósticos erróneos". De hecho, el retraso en diagnosticar la epilepsia puede llegar a los 10 años.
¿Cuándo aparece?

Aunque es más frecuente que lo haga en la infancia o en la tercera edad, la epilepsia puede aparecer en cualquier momento de la vida. En la infancia suele estar relacionada con alteraciones del desarrollo cerebral o causas genéticas, mientras que en edades avanzadas se asocia con mayor frecuencia a enfermedades cerebrovasculares, ictus, tumores, traumatismos, enfermedades degenerativas u otras patologías relacionadas con el envejecimiento. De hecho, el aumento de la esperanza de vida está favoreciendo un incremento de casos en mayores de 65 años.
¿Se puede prevenir?
La sociedad científica apunta a que hasta un 30% de los casos de epilepsia podrían prevenirse actuando sobre factores de riesgo modificables. La prevención de traumatismos craneales, el control de los factores de riesgo vascular, la vacunación y la prevención de infecciones del sistema nervioso, así como el adecuado seguimiento del embarazo y el parto, son medidas que pueden contribuir a reducir la incidencia de la enfermedad.
"Un 10% de la población tendrá una crisis epiléptica a lo largo de su vida y alrededor de un 3% desarrollará epilepsia. Son cifras que muestran la magnitud de esta enfermedad y la necesidad de seguir mejorando tanto en prevención y diagnóstico como en atención urgente", señalan los neurólogos.
Calidad de vida
La Organización Mundial de la Salud considera que es una de las enfermedades neurológicas con mayor carga de discapacidad y mortalidad. En Europa, las personas con epilepsia tienen una mortalidad entre 2 y 3 veces superior a la de la población general, una reducción de la esperanza de vida de entre 2 y 10 años y, en torno al 60% de los pacientes, presentan además comorbilidades psiquiátricas, neurológicas o intelectuales.
¿Cómo se reconoce una crisis epiléptica?
La variedad de síntomas hace difícil reconocer que estamos ante una crisis epiléptica. De hecho, dependen de la zona cerebral donde se produzcan las descargas eléctricas, pero nos dan algunas pistas para saber reconocerlo bien:
Pérdida de conocimiento o conciencia: La persona se queda ausente y no responde a estímulos.
Síntomas motores: Convulsiones, rigidez corporal o espasmos.
Signos sensoriales: Alucinaciones visuales, auditivas o gustativas. Algunos pacientes también experimentan auras.
Automatismos: Realizar movimientos repetitivos sin ningún fin (por ejemplo, chascarse los labios, frotarse las manos, tocarse la cara, de forma repetitiva y sin motivo).
De todas ellas, las alteraciones repentinas de la conciencia que duran uno o dos minutos y que pueden acompañarse de disfunciones motoras son las más comunes.
¿Cómo actuar?
Si presenciamos uno de estos episodios, no está de más grabar un pequeño vídeo con el móvil para consultarlos con el médico. Además, si somos los espectadores tenemos que tener esto en cuenta:
No perder la calma.
No mover al paciente del lugar en el que se encuentra.
No introducir nada en su boca.
Colocarlo suavemente de lado para evitar que se atragante o se ahogue.
No sujetarlo si sufre convulsiones.
Evitar que se golpee con objetos cercanos colocando una almohada o manta debajo de la cabeza.
Esperar junto a la persona hasta que se recupere y desaparezca la desorientación.