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EL DIARIO digital
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Si al metro le queda un minuto, es poco tiempo. Si un plato tarda en hacerse en el micro un minuto, es poco tiempo. Si un vídeo tarda un minuto, es toda una vida. En el ciberespacio, los tiempos son diferentes. Vivir en la era de la inmediatez es lo que tiene, que cuanto más efímeras y rápidas sean las cosas, mejor.
Silvia Morales, psicóloga del área infanto-juvenil y de adultos del Hospital Hospiten Roca, señala que la adicción a las redes sociales y, en concreto, al visionado de vídeos breves como los reels de Instagram o TikTok, aunque no esté formalmente catalogada en todos los manuales de diagnóstico, funciona de manera similar a otras adicciones. La conexión constante a estas plataformas está estrechamente relacionada con la procrastinación de tareas o asuntos importantes que se evitan por la incomodidad o malestar que provocan. En su lugar, se recurre a recompensas inmediatas como un mecanismo de alivio.
'TikTok presenta al usuario microestímulos continuos de corta duración, visuales y auditivos. Esto hace que se ponga en marcha un proceso que se conoce como condicionamiento operante, que es lo mismo que sucede con las máquinas tragaperras, que provoca que hacer scroll aumente las expectativas y cause placer o agrado', detalla David Ezpeleta, vicepresidente de la Sociedad Española de Neurología (SEN). Todo ello, continúa, 'hace que el sistema nervioso esté completamente hiperestimulado y atomizando la atención en estímulos muy intensos y cortos. Esto afecta directamente al sistema de recompensa del cerebro, que es el encargado de mediar la sensación de placer en el organismo, pero de cumplir además con otras funciones, como puede ser la motivación, la atención y la capacidad de memorización'.
La explicación del experto tiene un fundamento científico, y es que la amígdala, que se encarga del control del miedo y de la ansiedad, se sobreactiva cuando se percibe algo como una amenaza. De forma paralela, la corteza prefrontal, responsable de controlar los impulsos, comienza a desactivarse. Es entonces cuando el cerebro ordena activar la acción más fácil y/o placentera. Al buscar lo cómodo o lo gratificante de forma instantánea, se está, en cierto modo, escapando de la incomodidad que implica enfrentar la realidad o la toma de decisiones difíciles.
En este punto, el cerebro infantil es especialmente vulnerable a los vídeos cortos debido a que se encuentra en una etapa crítica para la neuroplasticidad, donde las conexiones neuronales se moldean, según los estímulos que reciben. De acuerdo con Morales, la hiperestimulación con vídeos cortos puede provocar una maduración más lenta de estas conexiones, teniendo como resultado comportamientos impulsivos o disruptivos.
Los efectos de pasar mucho tiempo viendo 'reels'

Las consecuencias de estar tanto tiempo abducido se manifiestan al tratar de realizar tareas más prolongadas y que requieren de mayor concentración. Dos ejemplos: ver una película o leer un libro. En ambos casos, la persona sufre el 'efecto TikTok', es decir, le cuesta mantener la atención, quiere que esa escena lenta se reproduzca en x2 o tiene que releer un párrafo una y otra vez para lograr entender qué está leyendo.
"La sobrecarga de información rápida puede desbordar la memoria de trabajo, impidiendo que la información se procese correctamente y se almacene a largo plazo, produciéndose un retraso en el lenguaje, un peor desarrollo de las áreas de este y menores habilidades de comunicación", informa Morales, quien añade que cuando hay una sobreexposición a vídeos cortos, la dificultad para autorregularse es mayor: "El uso de los mismos para calmar berrinches (el chupete digital) impide que el niño desarrolle sus propias estrategias para gestionar el aburrimiento o la frustración".
Otro de los efectos de esta sobreexposición es la alteración del sueño, la baja autoestima, la ansiedad y la depresión. Esto se debe, en parte, a que el tiempo dedicado a las redes sociales suele desplazar las horas de descanso necesarias para mantener una buena salud mental. Asimismo, puede derivar en la ansiedad social, especialmente en adolescentes, pudiendo presentar riesgo de obesidad por sedentarismo y problemas de visión. Eso sí, según la psicóloga, "afortunadamente, gracias a la?plasticidad cerebral, estos efectos pueden revertirse o mitigarse si se reduce el tiempo de exposición y se fomenta la interacción con estímulos del mundo real".
Señales de alerta de la adicción a redes en niños
Para detectar un uso problemático o adictivo, los padres pueden observar si el menor manifiesta:
-Irritabilidad y ansiedad, con reacciones desproporcionadas.
-Enfado o tristeza cuando se le retira el dispositivo o se limita el tiempo de conexión.
-Aislamiento social, pues prefieren estar conectados en lugar de participar en reuniones familiares o con amigos.
-Abandono de responsabilidades, descuidando tareas escolares o la higiene personal.
-Pérdida de interés en los hobbies que antes disfrutaban.
-Sentimiento de culpa y pérdida de control cuando se ve incapaz de limitar el tiempo de uso.
Para prevenir estos síntomas, Morales recomienda:
-Establecer unos límites en cuanto a horarios.
-Ofrecer alternativas saludables, fomentando actividades al aire libre, deporte o lectura.
-Servir de modelo con un uso moderado y responsable.
-Hablar e informar sobre los riesgos de la tecnología.