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EL DIARIO digital
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La amistad es uno de los vínculos más sofisticados que existen desde el punto de vista psicológico, y al mismo tiempo uno de los más infravalorados. No es simplemente "llevarse bien", sino "una relación elegida, basada en confianza, reciprocidad y apoyo emocional sostenido en el tiempo", explican psicólogos.
A diferencia de la familia, que no elegimos, "la amistad implica un acto repetido de voluntad", es decir, "elegir a esa persona una y otra vez". El psicólogo Robert Selman hablaba de la amistad madura como una "interdependencia autónoma": aceptar al otro tal como es, sin posesividad, y con compromiso.
Tener amigos es muy importante. Desde la neurociencia, informan en detalle, "sabemos que los vínculos de amistad activan circuitos de recompensa similares a los del amor romántico dopamina, oxitocina, serotonina. Esto hace que tener amigos "influya en nuestra biología".
Qué nos aportan los amigos
Yendo más allá, es importante saber qué nos aportan los amigos y las buenas amistades, más allá de la felicidad. Como indica Albaladejo, la evidencia científica es clara: "La conexión social protege la salud". Un metaanálisis de Julianne Holt-Lunstad (2015) concluyó que "el aislamiento social aumenta el riesgo de muerte prematura en un nivel comparable a fumar 15 cigarrillos al día".
Pero más allá de las cifras, los amigos nos ofrecen:
Regulación emocional hablar con alguien de confianza calma el sistema nervioso
Perspectiva cuando estamos atrapados en nuestros propios pensamientos
Validación de identidad.
Nos permiten ser algo más que nuestro rol de madre, pareja o profesional.
Pero no sólo eso, según los expertos, hay algo especialmente valioso en las amistades y es que "los amigos nos dan permiso para ser imperfectos. Nos conocen en el presente, no desde narrativas del pasado y eso tiene un impacto psicológico enorme".
¿Qué puede hacer que no tengamos amigos?

Sin embargo, hay personas que, por su personalidad, no logran hacer amigos o, simplemente, no quieren tener amigos. Como explica Albaladejo, existen ciertos factores externos o estructurales que pueden hacer que una persona, de repente no tenga amigos, por ejemplo:
Mudanzas
Divorcios
Cambios de trabajo
Jubilación
Pero también hay factores psicológicos que pueden influir como:
Apego inseguro
Ansiedad social
Baja autoestima
Experiencias de traición previas
Una autosuficiencia excesiva que dificulta mostrar vulnerabilidad.
Pero no sólo eso, sino que cada vez es más frecuente ver "la soledad en personas hiperconectadas". Y es que, "tener cientos de contactos en redes no garantiza conexión real, y algunos estudios recientes sugieren que ciertos patrones de uso pueden incluso aumentar la sensación de aislamiento".
La personalidad de los que no tienen amigos
En cuanto a la personalidad que pueda tener una persona que no tiene amigos, Albaladejo deja claro que "no existe un perfil único". Según los expertos, "podemos encontrar personas con apego evitativo, muy autosuficientes, personas que han sido heridas en el pasado y levantan muros protectores, o individuos con dificultades de empatía o reciprocidad".
Pero también, añade, "hay personas introvertidas con muy pocos amigos que están perfectamente satisfechas". La introversión "no es un déficit social". Lo importante no es el número, sino "si la persona se siente acompañada o aislada".
Elegir no tener amigos no tiene por qué ser un problema, el problema, según la experta, "no es tener pocos amigos, sino la soledad no deseada".
Una sola amistad significativa "puede marcar una gran diferencia". La señal de alerta aparece cuando la persona siente que "no tiene a nadie a quien llamar en un momento difícil, o cuando el trabajo y las pantallas sustituyen por completo el contacto humano"
Qué significa que alguien no tenga amigos
Por tanto, no tener amigos puede ser una elección temporal, puede ser consecuencia de circunstancias vitales o puede ser señal de un malestar más profundo como "depresión, ansiedad social o trauma relacional".
Lo que sí sabemos es que "la soledad crónica no elegida tiene efectos fisiológicos como aumento del cortisol, mayor riesgo cardiovascular y deterioro cognitivo". Como apunta, "estudios recientes con grandes muestras poblacionales también relacionan la soledad persistente con mayor riesgo de demencia". De hecho, "la conexión social es hoy reconocida como un factor protector de salud".
Señales de alerta
En base a esto es importante reflexionar sobre si, al no tener amigos, estamos en una situación de alerta. Algunas pistas frecuentes son:
· No poder nombrar a nadie a quien acudir en caso de problema.
· Hablar solo del trabajo o la familia como únicas fuentes de relación.
· Sentir envidia o dolor al ver grupos de amigos.
· Mejorar anímicamente tras encuentros sociales, pero volver rápido al aislamiento.
· Repetir frases como "yo no necesito a nadie", desde una aparente autosuficiencia que puede esconder miedo.