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EL DIARIO digital
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En política, el archivo suele ser un juez implacable, pero pocas veces de manera tan inmediata y fulminante. La presentación de la declaración jurada del jefe de Gabinete de la Nación, Manuel Adorni, lejos de disipar las sospechas por presunto enriquecimiento ilícito, terminó por confesar una flagrante contradicción que hizo crujir las estructuras éticas de La Libertad Avanza y desató una feroz interna en la cúpula oficialista.
El funcionario, que hasta hace semanas se mostraba inflexible desde el atril de la Casa Rosada, admitió en una entrevista televisiva con la señal La Nación+ haber omitido intencionalmente cientos de miles de dólares ante la Oficina Anticorrupción bajo una llamativa justificación: "Ahorramos en negro, como la mayoría de los argentinos". Según el ministro coordinador, el bache patrimonial se originó en una inversión de 200.000 dólares en criptomonedas que le reportó una ganancia neta de otros 300.000, fondos que decidió mantener fuera del radar para que "no caigan en manos de la vieja política".
El "sincericidio" televisivo chocó de frente con sus propias declaraciones institucionales. El pasado 29 de abril, al brindar su informe de gestión ante la Cámara de Diputados, Adorni había enfatizado bajo juramento que "nunca existió ocultación alguna" y que cumplía a rajatabla con la Ley de Ética Pública. Días después, el 4 de mayo en conferencia de prensa, chicaneaba al periodismo pidiendo "tranquilidad" porque "todo lo que tiene que estar declarado, está declarado". Aquellas certezas se derrumbaron anoche en un minuto de aire.
Furia interna y el factor Milei
La pirotecnia discursiva de Adorni colmó la paciencia de las espadas políticas del espacio. La primera en soltarle la mano públicamente fue la senadora nacional Patricia Bullrich, quien minutos antes de ingresar a una crucial reunión de la mesa política oficialista destrozó la línea de flotación del jefe de Gabinete.
"Esto es más que un error, esto es una omisión ética. Y nuestro Gobierno tiene la moral como política de Estado", disparó de forma tajante la legisladora en declaraciones exclusivas a Clarín. Con sus dichos, Bullrich no solo invalidó la liviana justificación del "ahorro en negro", sino que además dejó el destino del funcionario supeditado al plano de los tribunales: "Ahora será la Justicia la que tendrá que determinar". El clima para la cumbre de la mesa política de las 13:30, donde ambos debían sentarse cara a cara, quedó al borde del colapso.
La confesión de Adorni también arroja sombras sobre el grado de conocimiento que el presidente Javier Milei tenía sobre las maniobras de su mano derecha. El propio jefe de Gabinete había revelado que, al iniciarse el escándalo, le aseguró al mandatario que "todo era falso" y que Milei "confió ciegamente sin necesidad de ver nada". Hoy, la confianza ciega de la mística libertaria se enfrenta a la dura realidad de los papeles presentados ante los organismos de control.
Acorralado en Comodoro Py
Más allá del costo político y el reproche ético que le propinó el ala dura del oficialismo, el principal frente de tormenta para Adorni se ubica en los despachos del juez federal Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita. Ambos magistrados lo investigan formalmente por presunto enriquecimiento ilícito y lavado de activos, enfocados en un marcado desajuste entre los ingresos declarados por el funcionario y su esposa, Bettina Angeletti, y su nivel de gastos e inversiones.
Con la admisión pública de que ocultó medio millón de dólares de manera intencional durante dos años y medio, y la posterior confirmación de que con su esposa "no van a entrar a ningún blanqueo", la estrategia de defensa legal del jefe de Gabinete parece haber quedado herida de muerte. La Justicia ya prepara los pedidos de justificación de bienes, mientras el Gobierno nacional asiste a la primera gran fractura expuesta en su relato de transparencia y pureza estética.