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EL DIARIO digital
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El sufrimiento de ochenta minutos valió la pena y el desahogo fue proporcional al drama. Apenas el árbitro marcó el final del partido en Atlanta decretando el épico 3-2 sobre Egipto, Santa Rosa rompió el silencio de una tarde de martes que se había paralizado por completo.
Las persianas bajas de los comercios -que habían acordado un cierre anticipado- y el cese temporal de los colectivos del EMTU le dieron paso, de inmediato, al estallido de las bocinas y los cantos.
El epicentro de la pasión, como siempre, fue la plaza San Martín. Con camisetas, banderas celestes y blancas y el infaltable repiqueteo de los bombos, cientos de santarroseños comenzaron a confluir en el centro de la ciudad para celebrar el pase a los cuartos de final del Mundial 2026.
Familias enteras, jóvenes y chicos le pusieron color e identidad pampeana a una jornada que quedará en el recuerdo por su carga dramática. Argentina sufrió, revivió y Santa Rosa, como todo el país, lo celebró con el alma.