El militante Rafael Guardia recordó este miércoles una vez más el secuestro y las torturas que padeció durante la última dictadura. Repudió que la justicia no haya alcanzado a la pata civil del golpe de estado.

En segundo término, en la jornada de este miércoles del juicio de la Subzona 14, declaró Rafael Mercedes Guardia, que se mostró orgulloso de no haber cedido y no delatar a nadie a pesar de las torturas que sufrió durante la última dictadura militar. "No hablé, no me quebré. El único detenido de Rancul fui yo, nadie más, esa es la prueba", dijo durante su testimonio.

Además, el veterano militante, de 79 años, expresó su repudio a que la justicia no haya alcanzado a la pata civil del golpe de estado. "Tengo la necesidad de decirlo. Ellos fueron a golpear la puerta de los militares", señaló al cierre de su testimonio.

Guardia, que ya había declarado en los dos juicios anteriores, repitió su historia. Era hachero desde los 9 años, hombreaba bolsas, y se hizo militante del PCR para luchar por los derechos de los obreros y contra el golpe de estado que se avecinaba. Hacía un boletín que repartían, con consignas contra el golpe.

El 24 de noviembre de 1975 llegó el Ejército a Rancul con carros de asalto y allanaron su casa. Relató que lo esposaron, lo tiraron arriba de un carro de asalto y lo llevaron a la comisaría. De ahí lo trasladaron a la Seccional Primera de Santa Rosa. Allí lo interrogó Baraldini. "El peronismo se terminó. Murió Perón y se terminó el peronismo. Yo también era peronista, pero eso se terminó. Puede irse", contó que le dijo el militar después de una perorata.

Durante el año 1976 no lo molestaron, pero el 22 de febrero del 77 apareció en su casa un Chevy con dos policías de civil, uno de ellos era Reinhart, que lo detuvieron y lo trasladaron a la Primera de Santa Rosa. Allí lo torturaron con fuertes golpizas durante tres días seguidos. " ‘A este hay que ahorcarlo’, dijeron una vez y me pusieron algo en el cuello, pienso que era corriente, porque me ahorcaba, no me dejaba respirar. Era algo con corriente, un cable, una picana, no sé”, rememoró.

Lo interrogaban por una supuesta célula guerrillera y sobre dónde tenían las armas. “Pensé que me iban a matar. No me daban de comer ni agua", dijo.

“Armé una declaración para que no me mataran y no me siguieran torturando”, reconoció. Tras eso, los sentaron en una silla, le sacaron la venda y le tomaron declaración formal y fue puesto a disposición del PEN. Fue alojado en la U4, en un calabozo de castigo y luego en un pabellón. Después de un tiempo, en avión junto a otros presos, esposados y con la cabeza entre las piernas, fue derivado a la U9 de La Plata, donde permaneció hasta abril de 1978, cuando se le concedió la libertad vigilada.

En la cárcel de La Plata contó que tampoco reconoció ante los presos que era afiliado al PCR. 

Si bien en diciembre le comentaron que estaba en una lista de presos que saldrían en libertad bajo vigilancia, eso no sucedió, y recién logró salir en julio del 78. Lo fueron a buscar las mismas personas que en el Chevy lo sacaron de Rancul.

En Rancul, bajo el régimen de libertad vigilada, le limitaron los movimientos y la posibilidad de reunirse con otras personas. En ese momento, contó, que como había sido un preso político “nadie me quería dar trabajo y era desesperante para mí no tener trabajo”. 

Como consecuencia de su detención, sus cinco hijos fueron reubicados en familias sutitutas. Recién pudo rearmar la familia y reunirse con ellos en el mismo hogar en el '83.