La Pampa

Un freno al borde del abismo

Llegaron las restricciones más rigurosas, con extendido consenso y con demora, frente a una segunda ola que agota al personal de Salud y pone en colapso el sistema. La necesidad de que también algunas pujas políticas estériles entren en Fase 1.

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EL DIARIO digital

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Una de cal...

El presidente de la Nación contó con respaldo político suficiente y consenso generalizado en otros ámbitos sociales para tomar las medidas restrictivas que intentarán ponerle freno a la descontrolada segunda ola de coronavirus en el país.

Las medidas, desde ya, tienen su impacto en nuestra provincia, que en esta instancia más que nunca comprueba que no es una "isla" ni nada que se le parezca, como cada tanto replica una vieja leyenda de nuestro territorio.

El virtual regreso a la Fase 1 implica la paralización de numerosas actividades, en principio por un lapso de nueve días, pero sin que haya garantías de que después de ese período no será necesario extender las normativas.

Más que nunca las resoluciones nacionales eran necesarias para La Pampa, que como el país en general atraviesa el peor momento de la pandemia, no solo por la cantidad de contagios y muertes que se cuentan diariamente, sino especialmente por el estado de agotamiento del personal de Salud y el inminente colapso del sistema en general si no se modifican algunas condiciones.

La presencia del Estado provincial también se hace imprescindible en otras dimensiones, como la económica y la simbólica.

En ese sentido, los gobiernos locales parecen haber tomado nota: la Provincia, en la misma semana en que aceitó relaciones con Nación para el avance de obras públicas por más de $1000 millones, puso en estudio una operatoria crediticia que aliviaría a las pequeñas y medianas empresas el pago del aguinaldo.

La Municipalidad decidió interrumpir el funcionamiento del exitoso Mercado Municipal, quizá como una muestra de que también el Estado tiene que hacer lo posible para limitar la circulación, aunque haya un daño para el genuino flanco económico de ese sector, porque mientras tanto -y por ejemplo- las grandes superficies comerciales siguen funcionando.

Se privilegió, posiblemente, la idea de dar un ejemplo concreto en la capital provincial, tal como ha ocurrido en otros sitios del país.

En algún punto, para algunas cosas, la dirigencia política nacional trabaja con cierto nivel de responsabilidad y a la búsqueda de consensos: así se logró, por ejemplo, que el Congreso Nacional avanzara en la innegable necesidad de postergar las elecciones, que en este contexto no son prioritarias aunque no dejan de ser importantes.

Esa votación puso en evidencia que cuando los conductores de los espacios políticos se lo proponen pueden actuar "sin chicanas y sin encuestas en la mano", como bien describió el diputado nacional pampeano Hernán Pérez Araujo, clave en la negociación de ese acuerdo como presidente de la Comisión de Asuntos Constitucionales.

En general, los dirigentes opositores a los que les toca gobernar provincias o municipios perciben la situación de una manera bastante similar a la del Gobierno Nacional, pero esa caracterización se tergiversa o queda en segundo plano cuando se privilegia la tendencia a confrontar para sacar algún rédito electoral.

una de arena

…y una de arena…

Esas pujas, que hasta pueden ser entendidas como parte natural de la política, siempre tienen los límites que imponen la realidad, el sentido común o la ética: la disputa de las últimas semanas del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, gastando energías en confrontaciones estériles, o judicializando situaciones que deben resolverse de otro modo, quedan como una conducta obscena en el panorama actual.

La función de la oposición política es, desde ya, hacer notar sus críticas al oficialismo, pero esos cuestionamientos tienen algún sentido siempre y cuando tengan en cuenta el contexto, no sean automáticos (rechazos inmediatos y sin demasiada argumentación) y tomen nota del estado del país que esa misma oposición dejó cuando terminó su gobierno y legó una deuda histórica, una serie de índices sociales dolorosos y un gabinete que no tenía Ministerio de Salud.

Durante la semana que se fue, otra medida económica del Gobierno Nacional (la suspensión de la exportación de carne) fue motivo suficiente para que la dirigencia del principal partido opositor se alineara con las patronales que anunciaron una medida de fuerza en defensa de su conveniencia y rentabilidad.

También en La Pampa apareció ese coro dirigencial para posicionarse en la vereda de enfrente con argumentaciones que tienen muy en cuenta el interés de los patrones pero que poco miran el bolsillo de la ciudadanía, que en un complejísimo escenario para la vida cotidiana tiene que sumar a su estrés la preocupación por las dificultades que implica el acceso a los alimentos básicos.

Hay, en esa pirámide, escalones de más abajo: los sectores vulnerados, que deben recurrir a comedores o merenderos para completar su alimentación, y que en esta hora padecen como nunca las carencias.

En ese marco, las confrontaciones políticas innecesarias también podrían autodefinir su Fase 1, para quedar suspendidas como ocurre con otras actividades, al menos como reconocimiento al personal de Salud Pública, que en esta semana en nuestra provincia ha tenido que pedir a gritos por la conciencia y responsabilidad social bajo la advertencia de que "no damos más", como resumió la médica Pilar Galende.

La Pampa es una provincia en donde se generalizó el alto riesgo, con contagios que una jornada de la semana superaron los 900 casos y con muertes que se multiplican, además con la constatada circulación de otras variables del virus.

Ese llamado es desde ya a la comunidad, pero también y sobre todo a quienes tienen poder de decisión: el Estado, así como con su presencia tiene aciertos bienvenidos, en otras circunstancias incurre en equivocaciones o demoras, o no está a la altura de las circunstancias.

Las restricciones que aparecen ahora en el país y en la provincia bien podrían haberse tomado con anterioridad, si se hubieran desatendido algunos costos políticos y se hubieran escuchado más y mejor las voces de quienes más contacto tienen con esa cruda realidad, que hace tiempo avisaron de la necesidad de ponerle un freno a la circulación y de parar la pelota con algunas actividades económicas e incluso con esa obsesión de "las clases presenciales".

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