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EL DIARIO digital
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El rock nacional y su último gran frontman. Dos ruedas. Una pasión. Un viaje. Una experiencia. El deporte y los lazos. La salud y la opción de elegirla para sentirse vivo. La psicodelia. Todo está conectado.
La bici es como la música, tocada por intérpretes talentosos que entienden de compases, de momentos y de tempos. Para atacar, para rematar, para encontrar el ritmo perfecto y leer el instante justo en la ruta, como quien descubre la nota indicada en un pentagrama. Viajar, lanzarse, explotar. Moverse como una bandada de aves en una misma dirección, en una sincronía exacta.
"Cambió la luz.
Y él pedaleó.
Las callecitas de Basilea seguían igual.
Mundo exterior.
Y mundo interior.
Fueron lo mismo por el sendero que recorrió.
Bravo por el tío.
Por el tío Alberto.
Si ves en el fondo, vos ves el fondo, gracias a él.
Se descuidó ".
El Indio Solari canta, con Los Fundamentalistas, "El tío Alberto en el día de la bicicleta".
Y, debate mediante, homenajea a Albert Hofmann, el químico e intelectual suizo que vivió el viaje más famoso del mundo en bicicleta un 19 de abril, 82 años atrás.
Hofmann descubrió el LSD y al ingerirlo por primera vez sintió sus efectos mientras volvía a su casa en bicicleta, el único medio de transporte permitido en medio de la Segunda Guerra Mundial. Ese episodio dio origen, con el tiempo, a la evocación de la fecha.
A partir de ahí, la excusa perfecta es viajar a otra historia, mucho más cercana. Una historia de acá nomás, en la que también la bicicleta une mundos, tiempos y experiencias. La de Víctor Hugo Breser y Bautista Peón Somoza.

Cincuenta años sobre el mismo camino
Entre Hugo y "Chimi" hay 50 años de diferencia. Breser tiene 65; Bautista, 15. Uno lleva décadas de ciclismo en el cuerpo, con trofeos, recuerdos y experiencia acumulada. El otro asoma como una de las grandes promesas del deporte. Lo que los conecta es la bicicleta.
Para Breser no se trata solo de una práctica deportiva. Es parte de su vida.
"La bici es una pasión, hace 42 años forma parte de mí. Mi familia, mis amigos, todos saben que me va a acompañar hasta mis últimos días. Decir algo más sobre la bici me va a hacer lagrimear. No podría decir otra cosa ".
Su vínculo con el ciclismo también estuvo presente en uno de los momentos más difíciles que le tocó atravesar. Después de un tratamiento complejo de salud, el deseo era uno: volver a pedalear.
"La hago corta. No he hablado mucho de esto. Estuve dos meses en Buenos Aires dándome rayos, donde tuve el tumor. Lo único que quería era volver a Santa Rosa e ir hasta la Ruta 14, volver ahí, a ese lugar, a dar pedaleadas".
La bici, dice, también cambia la cabeza.
"Podés salir de mal humor, tener problemas, y a los cinco kilómetros ya sos otra persona; ves las cosas de otra manera, desde un ángulo que no tenías y resolvés lo que tenías que resolver".
Un diamante en bruto
Bautista Peón Somoza, al que el pelotón con cariño le dice "Chimi", aparece del otro lado de esa línea generacional. Tiene 15 años, pero arriba de la bicicleta muestra decisiones, lectura de carrera y condiciones que llaman la atención. Y Breser, entrenador, no duda cuando habla de él.

"Chimi, sin ninguna duda, es un corredor diferente. Por la manera en la que piensa, en cómo resuelve cada situación, parece un experimentado. Es muy chico, pueden pasar mil cosas de aquí en más, pero tenemos un diamante en bruto, sin ninguna duda".
Bautista ya consiguió resultados que otros no. Es subcampeón argentino 2026 CRI de la categoría 2010 en Catamarca, sexto al sprint en la prueba de pelotón, campeón de Rural Bike cadetes e 2026 en Sierra de los Padres, y subcampeón de los Juegos de La Araucanía con el equipo pampeano. Sin embargo, mantiene la calma.
"Muchas personas me dicen que no me apure, que todo va a su tiempo, que no me explote ahora. Creo que voy despacio y todo se va a ir dando". También tiene claro qué le falta para seguir creciendo.
"Más experiencia, más roce en carreras nacionales para ser un corredor como ellos".
Aprender del que ya hizo el camino
El vínculo entre ambos comenzó hace pocos meses, pero ya dejó marcas. Bautista recuerda con claridad su llegada a la casa de Breser, donde se encontró con trofeos, historias y enseñanzas.
"Empecé hace un par de meses. Cuando llegué a su casa fue increíble, vi todos los trofeos que tenía, me contó historias y tomé apuntes en mi cabeza para ponerlos a prueba".
Desde entonces, el trabajo es cotidiano. Entrenamientos, planificación y objetivos compartidos. Pero también una idea clara: no apurar los tiempos.
"La prueba de crono en el Argentino no la pudimos preparar porque no había tiempo. Hicimos algo para que salga y logró un segundo puesto. Entendíamos las ganas de correr que tenía y su edad, y priorizamos el objetivo de que se divierta. Después habrá tiempo para trabajar", explica Breser.
El entrenador destaca, además, una virtud particular del pibe: su rendimiento cuando el viento sopla de frente. "Es impresionante cómo va con viento en contra. Avanza muchísimo".
Río Pinto como próximo desafío
La temporada sigue y ambos ya tienen un objetivo cercano: el Desafío al Valle de Río Pinto, el próximo 3 de mayo. Será una nueva prueba para Hugo y Bautista y otro capítulo en esta relación que la bicicleta hizo posible.
"Yo hago las dos, ruta y mountain. Y hago las dos cosas porque me gustan. Si hay una carrera afuera como Río Pinto y no la corro, tal vez me arrepentiría", se sincera 'Chimi'.

Breser acompaña ese entusiasmo, pero sin perder de vista el proceso. Entiende que el talento está. Lo que sigue es crecer, sumar experiencia y sostener el disfrute.
Detrás de esa historia hay algo más profundo que una preparación o una carrera. Hay una pasión compartida. Un lenguaje común. Una bicicleta que, entre uno y otro, acorta medio siglo de diferencia. Y, desde ellos, la invitación a un viaje único e inolvidable. Para vivir la experiencia y eternizarla.