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EL DIARIO digital
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Boca vuelve a mirar el banco de suplentes como una de sus grandes decisiones futbolísticas. La conducción de Juan Román Riquelme, que como presidente lleva dos años y medio al frente del club, acumula ya un recorrido más extenso en la gestión deportiva: desde comienzos de 2020, cuando llegó junto a Jorge Amor Ameal y tomó el control del fútbol profesional.
El primer entrenador elegido por Román fue Miguel Ángel Russo, antes incluso de que terminara 2019. Desde entonces, en seis años y medio, el club atravesó distintos ciclos y modelos: Sebastián Battaglia, Hugo Ibarra, Jorge Almirón, Diego Martínez, Fernando Gago y Claudio Úbeda, además de los interinatos de Mariano Herrón y los dos pasos de Russo.
Ese mapa reciente sirve para entender por dónde podría salir el próximo nombre. Todavía no hay una señal definitiva, pero el abanico combina viejos gustos de Riquelme, entrenadores que ya fueron mencionados en otras oportunidades y candidatos que aparecen casi por decantación.
Uno de los nombres que más se repite es el de Cristian "Kily" González. Su relación con Riquelme viene de la Selección y de un breve paso compartido por Boca. Además, su perfil encaja con una tendencia de esta gestión: técnicos con recorrido, pero todavía sin una trayectoria extensa en clubes grandes. Ya había sonado en anteriores búsquedas y muchos lo ubican entre los preferidos del presidente.
También aparece Néstor Lorenzo, otro conocido de Román desde 1996, cuando coincidieron en Boca. Después de años como ayudante de José Pekerman, consolidó su propio camino al frente de la selección colombiana, a la que llevó a la final de la Copa América 2024. Su presente lo posiciona bien, aunque el Mundial que tiene por delante puede chocar con las urgencias de Boca.
El caso de Antonio Mohamed parece más complejo. El Turco viene de nuevos éxitos en México, donde volvió a ratificar su peso como entrenador. Más de una vez expresó sus ganas de dirigir a Boca, aunque en otras oportunidades se mostró distante ante posibles ofrecimientos. Hoy parece una alternativa difícil, aunque una llamada formal podría modificar el escenario.
Eduardo Domínguez es otro apellido que inevitablemente aparece. No sería, en principio, el perfil más cercano al gusto de la dirigencia, pero sus resultados lo sostienen siempre en la conversación. En Estudiantes acumuló títulos y más de una vez complicó a Boca. Para muchos hinchas, además, pesa su vínculo familiar con Carlos Bianchi. Hoy dirige Atlético Mineiro y no hay indicios claros de una salida, incluso con la posibilidad de cruzarse con el Xeneize en una eventual final de la Copa Sudamericana.
En la lista también está Mariano Herrón, un nombre imposible de descartar. Es uno de los hombres más cercanos a Riquelme, lo acompaña habitualmente en el palco y mantiene diálogo futbolístico permanente con el presidente. Después de su último interinato en mayo de 2025, parecía que su ciclo en el club estaba agotado, pero continuó al frente de la Reserva y siguió sumando títulos. Si Boca decide profundizar el modelo interno, podría ser el elegido.
Una opción de mayor experiencia sería Ricardo Gareca. Su perfil remite, en algún punto, a la apuesta por Russo: un entrenador con oficio, llegada al jugador y una idea futbolística sin demasiadas vueltas. Su etapa en Perú fue histórica, con la clasificación a un Mundial después de 36 años. Sin embargo, sus últimos pasos por Vélez y la selección de Chile no dejaron buenas sensaciones. Además, para un sector de los hinchas todavía pesa su salida a River en 1984.
Gabriel Milito aparece en algunas conversaciones, aunque su llegada parece prácticamente imposible. Ya estuvo en condiciones ideales cuando se fue Fernando Gago, sin trabajo y con sondeos previos, pero dejó trascender que sus aspiraciones de presidir Independiente en el futuro le impedían dirigir a Boca. Luego asumió en Chivas de Guadalajara, justamente el club del que Boca había sacado a Gago a fines de 2024.
Tampoco parece correr Guillermo Barros Schelotto, más allá de su continuidad en Vélez. El Mellizo tuvo otras oportunidades estando sin trabajo y no fue convocado. Además, no está claro si Riquelme lo tendría realmente en consideración, porque hasta ahora nunca avanzó por ese camino.
El nombre de Martín Palermo tendría un impacto fuerte en el Mundo Boca. Su llegada podría cerrar parte de una grieta histórica y su carrera como entrenador ya reúne méritos suficientes como para aspirar al cargo. El obstáculo principal sigue siendo conocido: su vieja distancia con Riquelme y su negativa pública a trabajar alguna vez con la actual conducción. La pregunta es si Boca podrá, en algún momento, reunirlos.
Por último, también surge Carlos Tevez. Su caso tiene puntos de contacto con el de Palermo, aunque con una diferencia: Carlitos nunca fue tan tajante respecto de una eventual llegada bajo la gestión de Riquelme. Todo indica que, ante una oferta concreta, podría aceptar de inmediato.