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La despedida del goleador que hizo historia 

El Colo marcó una época en el fÃtbol de la Liga Cultural
El Colo marcó una época en el fútbol de la Liga Cultural.
Arturo Daniel "Colo" Gehl (43 años) decidió ponerle punto final a su extensa trayectoria que incluyó cuatro décadas diferentes. 

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EL DIARIO digital

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Domingo 29 de marzo, 16:07 horas. Día nublado, con fina llovizna. Estadio Enrique Francisco Parodi, localidad de Doblas, Departamento Atreucó, La Pampa. Pueblo fundado el 4 de junio de 1911 bajo el nombre de Hipólito Yrigoyen. Actualmente cuenta con 1770 habitantes y está ubicado 83 kilómetros al sudeste de la capital de la provincia.

En ese sitio y a esa hora se vivió uno de los momentos más emotivos de los últimos tiempos en la Liga Cultural. Fue la despedida del máximo goleador que dio el suelo pampeano a lo largo de la historia. Desde aquella vez en que un maestro de escuela hizo rodar una pelota por primera vez en el año 1903, nunca nadie convirtió tantos goles oficiales hasta el día de hoy.

Arturo Daniel "Colo" Gehl decidió ponerle punto final a un camino que se extendió por 27 años, 7 meses y 20 días desde su debut en primera división un 9 de agosto de 1998. Fueron en total 10094 días en la máxima categoría donde anotó 370 goles.

La jornada fue histórica e inolvidable de principio a fin. El estadio lleno y teñido de rojo como si se disputara una final de torneo, medios de comunicación de toda la provincia, la entrada en calor con la mirada puesta en el futbolista que se despedía y después llegó el turno de los homenajes.

Primero un pasillo compuesto de todos los jugadores, equipo arbitral y niños del pueblo, luego las plaquetas y los obsequios por parte de ex compañeros, comisión directiva y amigos, el saludo de los rivales, la foto con Julio Furch y el abrazo con el árbitro Paolo Macchi quien fue cómplice de una tarde para el recuerdo al hacer una pausa durante el partido en el minuto 11 (el número de camiseta del Colo) para que pueda recibir el aplauso de todos los presentes.

A los 30 del segundo tiempo, el entrenador Saúl Araya hizo un doble cambio e ingresó Agustín Corcuera en reemplazo de Gehl que se fue entre lágrimas y saludado por todos. Fue el cierre de un recorrido extraordinario para un futbolista íntegro, que se entregó por completo en un ámbito donde no hay millones de pesos en juego, sino el orgullo de representar al club del pueblo.

El día después de esa jornada, Arturo Daniel Gehl, dialogó con El Diario sobre lo que se vivió en Doblas.

–¿Pudiste dormir el domingo a la noche después del partido?

–Sí, un poco tarde, porque se me vinieron muchos recuerdos a la cabeza, pero sí, dormí tranquilo. Había sido una semana de emociones desde que lo anuncié, me llegaron muchos mensajes. Y ni hablar cuando llegó el momento de salir a la entrada en calor: ahí fueron muchísimas sensaciones encontradas. No sé si nervios o qué, pero fueron muchas cosas juntas en la cabeza y en el cuerpo.

–¿En algún momento se te cruzó arrepentirte del anuncio? ¿Te dieron ganas de seguir después de ver esa demostración de cariño o la decisión ya estaba tomada?

–No, al contrario. Cada momento que iba pasando y cada gesto de cariño que recibía me confirmaban cada vez más que era la mejor decisión. Sinceramente, no me esperaba lo del domingo. En ningún momento creí que iba a vivir algo así. Fue una muestra del trabajo realizado, que llegó a su fin. Bien o mal, pero creo que la gente me mostró cariño y fue a agradecerme muchísimo lo que yo me brindé por el club. Fue un cierre espectacular y me voy con una paz tremenda de haberlo dado todo.

–Qué bueno no tener que entrenar esta semana, ¿no?

–Sí, pero algún día voy a ir igual. Seguramente voy a seguir cerca, porque creo que el equipo también necesita que uno esté ahí al lado, ayudando desde donde sea. Voy a seguir estando junto a los chicos y, sobre todo, junto al club.

–¿Te ves como técnico? ¿Te gusta la tarea táctica, el manejo de grupo? ¿Te imaginás en ese rol o preferís ser hincha o dirigente?

–Sí, la verdad que me gusta. Me apasiona mucho la dirección técnica, la táctica, la estrategia, analizar un partido, buscarle la vuelta, ayudar a un jugador a crecer y a ser mejor. Pero también sé que me tengo que preparar mucho para eso. Ahora estoy trabajando con la quinta división, un poco con infantiles, dando una mano. También tengo la intención de empezar el curso de técnico, si se puede, e ir visitando gente que está trabajando o que ha trabajado en el fútbol para seguir preguntando y aprendiendo.

–Jugaste en cuatro décadas distintas: los noventa, los 2000, los 2010 y los 2020. ¿Cómo cambió el fútbol desde aquellos años en los que empezaste hasta ahora?

–La cuestión física cambió muchísimo, eso es lo principal. Hoy se juega a un ritmo impresionante. Y también veo que el jugador necesita mucho más del director técnico. No sé si será porque se trabaja mucho más lo táctico, pero creo que ese es otro cambio muy grande. Yo recuerdo nuestros inicios, ni hablar en infantiles, donde prácticamente no se le daba bolilla a eso y se dejaba mucho más librado a la resolución del jugador. Creo que antes había más jugadores ricos técnicamente, con mucho potrero. Hoy se ha trabajado y especializado mucho más en la táctica y en lo físico. El ritmo actual es muchísimo mayor al que nos tocó a nosotros al principio.

–No te voy a pedir un equipo ideal de compañeros, pero estos días estuve viendo a quiénes tuviste al lado y aparecían nombres como Marcos Alarcón, Juan Manuel Zubeldía, Gastón Molina, César Paolo Cocchi, Cristian Baldissoni, el Poli Urreaga, Sergio Guerra, Mauro Barreiro… ¿qué otros se te vienen a la cabeza?

–Nicolás López, el Pitu López Alducín, Jordan Cornara, Gonzalo Arriola, Guido Vázquez, Juan Pablo Saffeni. También el Nani Muñoz, con quien jugamos acá en Doblas. Marciano Cocco, Ricardo Corcuera… Franco Barragán también. La verdad es que tuve la suerte de jugar con los mejores de mi época, o casi todos. Me faltó por ahí jugar con el Jero (Gutiérrez) o con alguno más, pero tuve esa suerte. Y también Miguel Rosón, claro. Lo disfruté en su mejor momento y le copié de todo.

–¿Eras de mirarle mucho los movimientos?

–Todo. Les miraba todo. Y más todavía lo que pude aprovechar en los entrenamientos, en el día a día. Esa es la manera de mejorar. Y si me voy a mis inicios, cuando estuve con Miguel "Chueco" Domínguez y el "Pelado" Menéndez, también aprendí muchísimo mirándolos. Es así.

–¿Y de los goles te acordás de alguno que te haya quedado especialmente marcado, ya sea por lindo o por importante?

–Sí, el que me tocó hacer con Sarmiento, que fue gol de oro. Ese quedó en la historia, porque justo en ese momento estaba esa regla y fue un desempate. Me tocó meter el gol y ganar.

–Creo que fue el único gol de oro de la historia de La Pampa, porque después esa regla se aplicó muy poco y no siguió...

–Claro, sí, se aplicó uno o dos años, me parece. Y justo coincidió que nos tocara a nosotros y que me tocara a mí empujarla. Ese queda. Después, en semifinales del Provincial con Doblas, me tocó hacer acá contra Independiente de Arauz un gol que nos dio el pase a la final por primera vez en la historia. Y también esos partidos con Estudiantil, en el que hice seis goles en una semifinal del Provincial. Tuve la suerte de hacer goles lindos e importantes, y sobre todo en mi club.

–Y en cuanto a cosas pendientes, ya me imagino por dónde va la respuesta, pero ¿qué espina te queda al cerrar la trayectoria?

–Haber ganado una Liga Cultural o un Provincial. Estuvimos muy cerquita. Nos tocó justo cruzarnos dos años seguidos con un Ferro de Pico de otro nivel. Pero bueno, el jueves pasado tuvimos una charla con los chicos y con los más grandes, con los que ya no juegan, y yo creo que ese equipo de Doblas, durante todos esos años, marcó una época, dejó algo en el fútbol nuestro y quedó más grabado que algunos equipos que salieron campeones. Entonces, si bien en un momento nos dolió no haber podido dar esa vuelta, creo que hicimos un muy buen trabajo.

Hablábamos de que se está terminando una Generación Dorada para el club, como le pasó en su momento al básquet argentino, y que después tuvo que reconstruirse. En Doblas también se ve eso: estaban afuera de la cancha Bonomo, Javier Etcheverry, varios de esa camada. Empezar de cero es un trabajo grande y lleva tiempo...

–Sí, y nada te asegura que vayas a volver a encontrar una camada así. Yo creo que lo nuestro, además del gran trabajo que hizo Dardy Corcuera, también coincidió con las condiciones naturales de cada uno y con una diferencia de edad de dos, tres o cuatro años entre varios jugadores. Eso hoy lo veo muy difícil. Y más todavía por la cantidad de chicos que tenemos en el colegio. Pero bueno, es un desafío para los que estamos dentro del club: transmitir eso que vivimos nosotros y tratar de preparar a los chicos para que Doblas vuelva algún día a estar en los primeros planos.

–Recién hablabas de esas charlas con los más grandes. Antes las sobremesas de los asados, la previa de los partidos, todo eso servía para transmitir historia, valores, respeto. ¿Cómo ves a las nuevas generaciones? ¿Hay que adaptarse y buscar nuevas herramientas para llegarles?

–Sí, cambió todo. Uno se tiene que adaptar a eso. Pero también molesta que por ahí no se le dé tanta bolilla a lo que realmente importa o a lo que supuestamente tanto les gusta. Yo recuerdo cuando me tocó estar en el plantel de Primera, tenía 15 años y tenía compañeros como Dardy, Chueco Domínguez o Juan Carlos Gamba. En los asados uno se quedaba escuchándolos hablar de dónde habían jugado, de lo que habían vivido, de un montón de cosas. Y hoy eso no pasa. Hoy, incluso cuando les querés dar una orden o una indicación, no te prestan mucha atención o no te dan demasiado tiempo para explicarles. Hay que ser muy preciso, porque noto un déficit de atención muy grande en los chicos. No sé si es porque no les gusta o porque tienen tantas cosas para distraerse que le dedican muy poco tiempo a cada una. Pero sí, eso cambió mucho.

– Más allá del resultado, estuvo bueno que el partido de tu despedida haya sido con Julio Furch enfrente: otro goleador, otra persona muy querida, con ese gesto de bajar desde Primera División para estar acá. ¿Qué te dejó ese encuentro?

–Fue espectacular. La verdad que es algo que tenemos que valorar. Cada domingo que podamos tenerlo acá en nuestras canchas hay que valorarlo y homenajearlo. Él jugó donde todos soñamos jugar y, sin embargo, tiene una humildad enorme. Fue increíble haber jugado contra. No puedo pedir nada más: hasta mi hijo se sacó una foto con él. Es un fenómeno. Y además tiene un equipazo. Verlo jugar, con la simpleza con la que juega, es para ponerlo delante de los chicos y decirles: así juega un delantero, así juega un nueve. Ojalá en cada cancha a la que vaya los chicos lo puedan ver y aprender cómo tiene que jugar un delantero.

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