Salud

Aguantar 10 segundos a la pata coja: el test que mide tu salud general

Un sencillo test de equilibrio consistente en mantenerse al menos 10 segundos sobre una sola pierna proporciona una información muy valiosa sobre el estado general de salud y el riesgo de muerte a medio plazo.

No ser capaz de mantenerse a la pata coja durante tan solo 10 segundos se asocia a un riesgo de muerte dos veces superior en personas de mediana edad o mayores. Así se desprende de un estudio publicado recientemente en la revista British Journal of Sports Medicine. Los autores de la investigación consideran que esta prueba sencilla de equilibrio podría incluirse en los controles de salud de rutina que se realizan, sobre todo, a las personas mayores.

Uno de cada cinco de los más de 1700 participantes del estudio no superó el test y se comprobó que la incapacidad para hacerlo aumentaba con la edad. En general, aquellos que fallaron tenían peor salud: una mayor proporción eran obesos o tenían enfermedades cardíacas, presión arterial alta y perfiles de lípidos en la sangre (colesterol y triglicéridos) poco saludables. Además, la diabetes tipo 2 era tres veces más frecuente entre quienes no se sostenían sobre una sola pierna.

No obstante, conviene aclarar que se trata de un estudio de tipo observacional, por lo que hay que valorar sus resultados con cautela. “Es importante recordar que lo que se ha encontrado es una asociación entre equilibrio y mortalidad y no una relación de causa directa”, apunta Joel Gambín, cirujano especializado en traumatología del deporte de Imske (Instituto Musculoesquelético Europeo). “Por lo tanto, debemos entender el equilibrio como una señal más de nuestra salud, que a su vez depende de muchos otros factores”.

El equilibrio como indicador de salud

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El neurólogo Javier Camiña, vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), explica cómo influye el equilibrio en el estado general de salud y el riesgo de muerte: “En la exploración neurológica habitual proporciona una información muy valiosa porque muchas enfermedades pueden afectar al equilibrio o a la deambulación”. El análisis del equilibrio, para el que se utilizan otras pruebas aparte de la empleada en la nueva investigación, “nos da muchos datos con pruebas sencillas y de rutina”. Entre otras cosas, aporta indicios “de si el cerebelo está funcionando correctamente”. El cerebelo es la estructura del sistema nervioso central destinada al control del equilibrio, la postura, el tono muscular y la coordinación de los movimientos.

En enfermedades neurológicas tan diversas como el ictus o el Parkinson hay una clara afectación del equilibrio, pero este indicador va mucho más allá y también se relaciona con otras patologías. En términos generales, cuantas más enfermedades tenga una persona, mayores probabilidades tendrá de padecer problemas de equilibrio o de la marcha.

Un ejemplo muy claro es el de la diabetes tipo 2, que precisamente sufrían muchos de los participantes en el estudio que no superaron el test de mantenerse al menos 10 segundos sobre una sola pierna. Camiña explica el motivo: “Las personas con diabetes a menudo desarrollan una afectación de los nervios -sobre todo los de las piernas-, que se llama polineuropatía diabética”. Esta dolencia hace que tiendan a presentar “una menor sensibilidad en las piernas y, por lo tanto, tengan afectado el equilibrio”. Una de las consecuencias es que tienen más riesgo de caídas.

El riesgo de caídas es uno de los aspectos más importantes en relación con el equilibrio. Tal y como expone Gambín, “más del 30% de las personas mayores de 65 años sufren una caída al año y muchas de ellas las experimentan de forma repetida”. Esto tiene un efecto directo en la salud general de la población. “De hecho, la mortalidad al año tras una fractura de cadera está alrededor del 20%”, apunta el experto, quien reitera el valor del equilibrio “como predictor de otras muchas causas de muerte”. En este sentido, cree que se debe poner el foco “en la combinación fatal de pérdida muscular, pérdida de equilibrio y obesidad”.

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¿Qué hago si no supero el test?

Cabe preguntarse, a la vista de todo lo anterior, si aquellas personas que no sean capaces de mantenerse unos segundos a la pata coja deben consultar al médico. Lo primero que hay que aclarar es que lo habitual es que una persona joven y sana supere la prueba correctamente. De no ser así, según indica Camiña, “generalmente se asociará a otros síntomas: se trata de una persona que se cae con frecuencia, se tropieza mucho, tiene mareos…”. En todo caso, aclara que, en personas jóvenes “una alteración del equilibrio aislada probablemente no sea nada”.

Una cuestión diferente es cuando esa pérdida de equilibrio se presenta de forma brusca y súbita. En ese caso hay que sospechar que se está produciendo un ictus, que requiere atención médica urgente.

En personas mayores, cuando se registra una pérdida progresiva del equilibrio hay que buscar una enfermedad neurodegenerativa, como puede ser el Parkinson. Además, las pruebas que se utilizan para medir la marcha y el equilibrio son muy reveladores en pacientes que ya cuentan con un diagnóstico de cara a evaluar la progresión de la enfermedad. Otro motivo puede ser que hayan empezado a tomar algún fármaco que les produzca efectos secundarios o altere su patología de base. Por ejemplo, si a un paciente hipertenso se le prescribe un tratamiento para la hipertensión, en algunos casos le puede producir una reducción drástica de la tensión que hace que se maree o esté inestable.

Otras formas de medir el equilibrio

Existen otros métodos para evaluar el equilibrio en la consulta médica. Según expone Gambín, con frecuencia son métodos complejos “que precisan un tiempo de realización de en torno a 10 minutos”. Ese es, precisamente, el lapso temporal del que disponen habitualmente los especialistas en medicina de familia y comunitaria para diagnosticar y tratar a cada paciente. “Que este test se pueda realizar en menos de 1 minuto abre la puerta a un mayor uso”, expone el experto refiriéndose a la prueba de mantenerse a la pata coja durante 10 segundos.

La prueba más conocida es el test de Romberg, que forma parte de la exploración básica en sujetos que sufren mareos o pérdidas de equilibrio. Para realizarla se pide al paciente que se sitúe de pie con los brazos estirados a ambos lados y los ojos abiertos. A continuación, se le solicita que cierre los ojos y se compara su estabilidad con la previa a cerrar los ojos. Se considera que el individuo no supera la evaluación cuando aparece un balanceo intenso y en cualquier dirección nada más cerrar los ojos, o bien cuando la oscilación empeora. “Una alteración de esta prueba puede indicar un problema de oído interno o del sistema nervioso”, precisa Gambín.

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