Opinion

Un grito contra el odio y un caldo de cultivo extendido

El atentado a Cristina Fernández de Kirchner conmueve y moviliza: una respuesta madura y pacífica del campo popular y las instituciones pampeanas, en un contexto influenciado por los mensajes de odio, que con medido oportunismo se transforman en hipocresía.

Una de cal…

La reacción popular e institucional frente al inolvidable ataque a la democracia que significó el intento de asesinato a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner fue una respuesta saludable, conmovedora y con volumen político a esa expresión de violencia política.

Así como a nivel nacional se movió una multitud en paz y armonía, la muchedumbre que se dio cita en la Plaza San Martín de Santa Rosa dejó el mensaje de la necesidad de garantizar la convivencia y no salirse de los pactos democráticos que se respetan al menos desde el año '83, después de la oscuridad de la dictadura.

El gobierno pampeano dio los pasos necesarios como para consensuar un documento con el visto bueno de todos los partidos políticos de la provincia, en el que de manera moderada y formal se rechazó el mecanismo de la violencia y se convocó a la población a buscar mecanismos de acuerdo y concordia que dejen de lado los ataques y agresiones.

La presencia popular en el centro de la capital provincial graficó la aceptación extendida de esa idea en la comunidad: además de las agrupaciones partidarias y organizaciones sociales fue notable que asistieron de manera genuina personas por su propia cuenta, movidas por la convicción y no por la conveniencia, sensatamente conmovidas por el gravísimo episodio del jueves por la noche, y de algún modo dimensionando el significado de ese hecho.

Un párrafo interesante del documento, que en afán de cosechar avales también es a primera mirada poco profundo y bastante general, reconoce que "el intento de magnicidio sufrido por la vicepresidenta de la Nación es un punto de inflexión que exige no solo un enérgico rechazo, sino la acción concreta de reconciliación de argentinas y argentinos".

Tras los primeros momentos de convulsión, pasados los temblores de las primeras impresiones, la mayoría de las instituciones y dirigencias de la provincia estuvieron a la altura de las circunstancias para tratar de calmar las aguas y pacificar, sin exacerbar grietas ni posicionamientos extremos, y difundiendo mensajes de serenidad y armonía: esa fue la metodología, ese fue el tono, tanto del oficialismo como de la representación institucional de la oposición más importante.

Las sensaciones que quedaron tras el intento de femicidio son un combo de tristeza, angustia, bronca e incertidumbre, pero frente a lo cual resulta saludable y enriquecedor que la respuesta institucional y popular haya sido la movilización y no la parálisis, la tranquilidad y no el rencor, ciertas demostraciones de unidad y no más divisiones.

Desde ya que de acá en más se espera que esas primeras conductas puedan volverse costumbre y se impongan también en los espacios, sectores y personas que no han estado del todo a la altura de las circunstancias, y que por acción u omisión contribuyeron durante largo tiempo a sembrar la semilla de esos mensajes de odio cuyo desenlace es un misterio.

…y una de arena…

Se vive una época en que esos discursos que exacerban la aversión, la hostilidad, la discriminación, resultan muchas veces exitosos cuando se trata de recolectar adhesiones: posiblemente no es exactamente una novedad en la historia nacional, donde el desarrollo de ese tipo de mensajes ha contribuido a potenciar la representación de algunos espacios políticos.

La discriminación y la violenta animosidad que en los últimos años se desperdiga en distintos puntos del mundo ha conseguido, por ejemplo, llegar a la presidencia del Brasil, y como para determinadas organizaciones el fin justifica los medios hay un proceso de imitación en nuestro país, donde incluso más por conveniencia que por convicción hay dirigentes que basan su construcción en la réplica de esos extremismos, además con respaldo de los medios de comunicación que responden a poderosas corporaciones.

Ese clima, que se gesta y se desarrolla principalmente en territorio porteño pero que derrama hacia otros puntos, es caldo de cultivo para episodios como el que se produjo el jueves, por más que haya ahora una estampida dirigencial para esquivar las propias responsabilidades o generalizarlas de tal modo, metiendo todo en la misma bolsa, que al fin de cuentas no hay nadie que sea efectivamente un poco culpable.

Los comportamientos políticos, de todos modos, dejan ver algunas puntas: la pronta aparición tras el atentado de personajes como Javier Milei, Amalia Granata o Patricia Bullrich -ineludibles referencias de la derecha extrema- demuestran que frente al riesgo de la democracia prefieren cuidar su quintita y no cesan en el aliento del odio y la estigmatización.

Lejos de ser un fenómeno marginal o reducido, esos fondos y esas maneras han caracterizado no solo el desempeño público de ciertas personas, sino directamente la construcción de espacios políticos nacidos o potenciados en esa metodología: el enfrentamiento, la provocación, el combate furioso.

La derecha argentina, imitando a otras de la región y del mundo, se ha ido hacia extremos de violencia y tiene la estrategia de dibujar esa transformación como si fuera en realidad un cambio social en el que hay dos bandos que se siguen polarizando: bautizaron "grieta" a un fenómeno que no consiste tanto en el distanciamiento de posiciones sino en la radicalización de la derecha hasta convertirse en ultra.

Ese escenario se potencia en las redes sociales y termina arrastrando a espacios que históricamente defendieron los valores democráticos, o a dirigentes que terminan siendo furgones de cola de alianzas que no pueden comandar.

La oposición firmó el documento consensuado que se leyó en el acto pampeano, pero su dirigencia tomó distancia del repudio al odio al sacarle el cuerpo a ese encuentro popular. 

El intendente radical de Guatraché Sergio Arrese dio la nota y se puso a contramano de la provincia, definiendo que en la comuna a su cargo no haya feriado, tal como lo hicieron en el nivel nacional los gobernadores de Jujuy Gerardo Morales y de Mendoza Rodolfo Suárez.

A menos de diez horas del atentado, la senadora Victoria Huala lo que tuvo para decir es que estaba en desacuerdo con ese feriado y con la decisión oficial de llamar a una movilización en defensa de la democracia.

En síntesis: vociferar repudios y solidaridades no es suficiente -y al contrario, puede confundirse con el oportunismo y con la hipocresía- si después los actos no van en el mismo sentido que esas palabras.

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