Campo

Suelo: diferencia entre compactado, duro y asentado

Por Mariano Fava (*)

En la columna de hoy nos vamos a referir a un tema que está despertando mucho interés y debate en el ambiente agropecuario en relación con el suelo y la compactación de este.

Con el surgimiento de malezas resistentes a glifosato se empezaron a realizar algunas labranzas en los lotes como modo de contrarrestar el mencionado problema, lo que ha generado distintos tipos de observaciones a campo que motivan más de una consulta por parte de productores a ingenieros agrónomos respecto de la conveniencia o no de la labranza.

Del mismo modo el resurgimiento del girasol, un cultivo que responde muy bien a suelos sueltos, o en contraposición resulta muy afectado en su desarrollo en suelos compactados, también motiva toda una serie de debates y estrategias en relación con el modelo de producción que arroja los mejores resultados. Siempre teniendo como norte la disyuntiva que plantea el resultado agronómico de corto plazo (la cosecha para la que se está trabajando), versus el mediano y largo plazo.

Este gran debate que se desarrolla actualmente en los sistemas productivos nacionales es el que vamos a abordar ahora para hacer nuestro aporte, con un lenguaje simple, que se entienda para quien no ha estudiado edafología, o más aún, para que sea accesible a aquel lector que incluso no tiene relación con el agro.

Como mencionamos antes en esta columna, cuando hablamos de salud de suelo nos interesan dos tipos de fertilidades:

1.Fertilidad química: relacionada a la disponibilidad en el suelo de minerales para la nutrición de los cultivos

2.Fertilidad física: representada por parámetros tales como resistencia a la erosión hídrica y eólica, mayor porosidad, capacidad de captación y almacenaje del agua de lluvia (o riego), etc. Todos parámetros relacionados con la concentración de materia orgánica en un suelo, la cual a su vez esta íntimamente vinculada al tipo de textura del suelo, es decir a la proporción de arena, limo y arcilla que componen cada lote en particular.

Para no extendernos más allá de lo que una columna periodística permite iremos de lleno al meollo del asunto, afirmando que no es lo mismos un suelo compactado, que duro o asentado.

El suelo compactado responde a una dureza que puede ser originada por el efecto de la labranza o el pisoteo del animal, e incluso puede ser algo genético del suelo.

La respuesta para estos fenómenos en el mediano y largo plazo siempre va a estar relacionado al aumento de materia orgánica en esos suelos, lo que en pocas palabras significa siembra directa y acumulación de residuos vegetales, pero ello no quiere decir que en determinadas circunstancias el pragmatismo imponga la necesidad de algún tipo de labranza circunstancial.

En efecto los residuos vegetales contienen Carbono, el macronutriente mas importante de lo bioquímica, a tal punto que se la suele llamar la esta disciplina la ciencia del carbono.

Los residuos vegetales transitan un proceso de humificación donde con el tiempo pasan a formar parte de la materia organiza del suelo. El suelo tiene 2 tipos de materia orgánica:

1.Materia organiza vieja la cuál es muy resistente a degradación. La pérdida de esta fracción de materia orgánica solo puede ser explicada por procesos muy graves e intensos de erosión como puede ser eólica o hídrica.

2.Materia organiza joven o lábil, que como su nombre lo indica es muy susceptible a perderse por efecto del uso del suelo.

Esta materia orgánica joven es la responsable de la nutrición de los cultivos junto a los fertilizantes, y es en la que mas podemos impactar con las técnicas de producción para entrar en un periodo de virtuoso de acumulación de ésta, lo que nos va a permitir evitar entre otras cosas la compactación del suelo

La ganadería si bien en general origina sistemas de producción con alta fertilidad química, es muy susceptible a producir problemas de fertilidad física. El hecho radica en que la herbivoría es un acelerador de la degradación del forraje, devolviendo al sistema muchos nutrientes con las heces y orinas, pero poco carbono. Dejamos fuera de este análisis el tema distribución de estas heces y orinas en el lote, lo cual es todo un desafío en sí mismo.

El sobrepastoreo sumado al pisoteo animal puede ser mas nocivo para el suelo que la labranza. Del mismo modo, el exceso de labranza (agricultura convencional), puede dar origen a un piso de arado. La respuesta natural ante estos problemas suele ser casi por unanimidad la labranza vertical, muy difundida actualmente.

Si bien en ocasiones es la solución adecuada, en muchos otros casos la compactación es solo superficial y una labranza tan profunda nos solo no es aconsejable desde el costo y el buen trato de la maquinaria agrícola, sino que rompemos la estructura del suelo formada en profundidad, que es la más difícil de lograr.

Como regla general podemos afirmar que en la mayoría de los casos no se debe salir nunca de una pastura con una labranza vertical, al menos que se continúe con un cultivo de girasol lo que no parece ser la mejor situación por varios temas, como por ejemplo problemas de malezas y el hecho de tener que romper una estructura generada durante los años de pradera con una labranza.

Por otra parte, un suelo seco siempre va a estar duro, pero eso no quiere decir que este compactado, ya que cuando llueve y se humedece veremos que el penetrómetro deja de marcar tal dureza.

Quizás lo más difícil de diagnosticar sea el suelo asentado, porque este no presenta una dureza detectable con el penetrómetro, pero si tiene una perdida muy grande de macro porosidad que afecta la captación de humedad (infiltración) y el normal intercambie de gases entre el suelo y la atmósfera.

Para finalizar diremos que la solución más rápida y efectiva a estos problemas del suelo suele ser una labranza, lo menos agresiva posible, que logre romper esa dureza. Igual de importante resulta que esa intervención siga acompañada de un cultivo que aumente rápidamente la materia orgánica en los lugares donde queremos evitar la recompactación, siempre tratando de evitar el sobrepastoreo de praderas, verdeos y rastrojos de cosecha.

(*) Mariano Fava - Ingeniero Agrónomo (MP: 607 CIALP) -Posgrado en Agronegocios y Alimentos- @MARIANOFAVALP

También te puede interesar...