Una columna del investigador Marcos Rebasa en un medio nacional puntualizó los puntos oscuros del proyecto que impulsa Mendoza.

“¿Por qué invertir mil millones de dólares, cuando no están despejadas las dudas que aquí se enumeran?”. La duda la expone Marcos Rebasa, investigador del Centro de Estudios Scalabrini Ortiz, en una columna que firmó en el portal El Cohete a la Luna sobre la obra de Portezuelo del Viento.

Allí Rebasa detalla lo que él entiende como los “puntos oscuros” del proyecto y defiende el nuevo estudio de impacto ambiental que reclamaron La Pampa, Buenos Aires, Río Negro y Nequén en el Consejo de Gobierno de COIRCO.

El primer cuestionamiento apunta al primer EIA que realizaron entre las universidades de La Plata y el Litoral. Y cita en este aspecto el análisis de la Universidad de La Pampa que expresó objeciones sobre ese estudio.

Dice Rebasa que la UNLPam describió al estudio como “incongruente” ya que “no considera en su trabajo temas esenciales como el trasvase de las aguas del Río Grande al Río Atuel”,una omisión que la UTE justifica “con una indicación que le diera el COIRCO”.

“Esa es la cuestión principal de la controversia actual, ya que esta circunstancia es pública, tanto en algunos documentos del proyecto como en lo informado por funcionarios mendocinos, pero al mismo tiempo es omitida en el estudio que analizamos y en las manifestaciones sobre el proyecto en algunos ambientes institucionales”, remarcó.

También apuntó a la falta de consideración sobre las influencias del cambio climático en los caudales del Río Grande y su proyección en todos los usos del agua, entre otros puntos.

“Al concluir que el proyecto 'es factible desde el punto de vista ambiental', el estudio omite las falencias metodológicas y de información, así como de tareas de campo que lo hacen inconsistente como EIA, carente de sustento, que se contrapone a los resultados de sus propias matrices”, indicó.

Si rescata la afirmación que hace la UTE sobre la necesidad y conveniencia de la revisión del Plan Único de Distribución de Caudales efectuado en 1976 a propuesta del MIT, por obsoleto y fuera de contexto a 50 años de realizado.

Energía.

En la columna también se cuestionan los resultados del Estudio de Factibilidad Económica, que estima un costo de u$s 525 millones. “Exige un precio de venta de energía muy alejado de los valores actuales, por lo que concluye que el proyecto no es viable, sin considerar los beneficios de agua para el consumo o riego”, remarcó.

También advierte que “la potencia media de la central hidroeléctrica a ser aprovechada es muy inferior a los 210 MW de potencia nominal” y que estaría “cerca de los 90 MW”.

Expone además el inconveniente que significaría la obra sobre el Río Grande para el caudal del Río Colorado, que viene en baja desde hace años. “El cierre para la construcción de la presa y la duración del llenado del embalse sólo prometen inconvenientes, que pueden ser graves en el cauce aguas abajo hasta la provincia de Buenos Aires, con afectación del consumo humano y del riego actual o proyectado”, señaló Rebasa.

Sobre el trasvase del Grande al Atuel, el informe señala como parte de “el conjunto de equívocos intencionales o no que acompaña a este proyecto”.

“Ese trasvase supondrá, en una duración que puede ir de 5 a 15 años, en una sustracción de hasta 34 m3s del caudal del Río Grande, y en la disminución proporcional del caudal del Río Colorado”, detalló.

Rebasa puntualiza la importancia de “despejar dudas” para quienes habitan la cuenca del Colorado, y también para los ciudadanos de Mendoza.

“Si bien el objetivo energético está en cuarto lugar entre las prioridades de la presa, teniendo en cuenta su costo ello nos lleva a preguntarnos: ¿cuál es el significado que tiene para la Provincia de Mendoza este proyecto? ¿Cuáles son sus objetivos principales y reales más allá de las descripciones formales de esta 'obra del siglo'? ¿Por qué invertir tamaña cantidad de fondos, 1.000 millones de dólares aproximadamente, cuando no están despejadas estas dudas?”, sentencia.