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EL DIARIO digital
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El periodismo argentino perdió este lunes a una de sus firmas más lúcidas y respetadas. Rómulo Berruti, el hombre que con voz pausada y conocimiento enciclopédico supo traducir el lenguaje del séptimo arte para el gran público, falleció a los 88 años, dejando un legado imborrable en la prensa gráfica, la radio y la televisión.
Para millones de espectadores, el nombre de Berruti estará asociado para siempre a las trasnoches de los sábados. En 1983, con el retorno de la democracia, nació "Función Privada" por la pantalla de ATC. En aquel mítico living, Berruti y su ladero inseparable, Carlos Morelli, presentaron películas que de otro modo difícilmente hubieran llegado a los hogares: desde el neorrealismo italiano hasta las vanguardias francesas y el nuevo cine argentino.

El programa no solo proyectaba filmes; los diseccionaba con una pedagogía amable, logrando que el "cine de autor" dejara de ser un nicho de élite para transformarse en un fenómeno de audiencia masiva.
Antes de su popularidad televisiva, Berruti ya era una institución en el periodismo escrito. Durante décadas fue una pieza fundamental del diario Clarín, donde se desempeñó como jefe de la sección Espectáculos y editor de la revista Viva. Sus críticas se caracterizaban por un equilibrio poco frecuente: la capacidad de evaluar con rigor técnico una obra sin perder de vista la sensibilidad del espectador común.
Su curiosidad intelectual no se agotó en el celuloide. Berruti fue un observador agudo de la escena teatral porteña, pasión que canalizó a través de su histórico programa radial "Platea de Primera". Allí, con el mismo entusiasmo que ponía para hablar de Fellini o Bergman, analizaba las carteleras de la calle Corrientes, convirtiéndose en un consultor necesario para actores, directores y público por igual.
Con su partida, desaparece una estirpe de periodistas culturales que entendían su oficio como un servicio a la comunidad y una forma de resistencia cultural. Rómulo Berruti no solo comentaba películas; formaba audiencias, despertaba vocaciones y, sobre todo, invitaba a pensar. Su silla en el living del cine argentino quedará, desde hoy, definitivamente vacía.