Escuchá esta nota
EL DIARIO digital
minutos
Estados Unidos atraviesa una situación climática crítica a raíz de una ola polar extrema que afecta a amplias regiones del país. El fenómeno, conocido como "ciclón bomba", provocó sensaciones térmicas de hasta 18 grados bajo cero en grandes centros urbanos, desabastecimiento en supermercados, cortes masivos de energía y al menos tres muertes confirmadas en la ciudad de Nueva York.
La combinación de aire ártico con lluvias intensas provenientes del Pacífico generó capas de hielo que complicaron la circulación, derribaron árboles y afectaron tendidos eléctricos. La emergencia impacta a más de 200 millones de personas y obligó a cancelar miles de vuelos en todo el territorio estadounidense, además de paralizar servicios esenciales.
En Nueva York, las autoridades dispusieron que la población permanezca en sus hogares ante el riesgo que representan las bajas temperaturas y la falta de energía en distintos barrios. En estados del centro y sur del país, como Texas y Kansas, donde no es habitual este tipo de clima, se teme un incremento en el número de víctimas fatales, especialmente entre adultos mayores que quedaron sin calefacción en zonas rurales.
El desabastecimiento también se volvió una constante en varias ciudades. Supermercados y comercios quedaron sin mercadería tras compras masivas preventivas, mientras que el colapso logístico profundizó la crisis en las últimas horas.
En paralelo a la emergencia climática, la situación social se vio agravada por un episodio de violencia en Minnesota. Una redada de la policía migratoria derivó en la muerte de un enfermero de 37 años y desató protestas en distintas ciudades, pese a las temperaturas extremas. El hecho reavivó el debate sobre las políticas migratorias y generó fuertes cuestionamientos al accionar de las fuerzas federales.
Las manifestaciones se produjeron en un contexto de creciente tensión, con denuncias de persecución a comunidades migrantes y temor generalizado entre familias que evitan concurrir a escuelas o espacios públicos. Los disturbios se sumaron a un escenario ya marcado por la emergencia humanitaria y climática.
La magnitud de los temporales obligó al gobierno federal a coordinar una respuesta de emergencia para asistir a los estados más afectados y restablecer servicios básicos. El invierno de 2026 ya es considerado uno de los más severos de las últimas décadas, con registros térmicos extremos y una red eléctrica puesta a prueba.
Entre ciudades paralizadas, iglesias cerradas y servicios reducidos a la virtualidad, Estados Unidos enfrenta un escenario inédito en el que la crisis climática y la conflictividad social avanzan de manera simultánea, sin dar tregua incluso ante el frío más intenso.