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EL DIARIO digital
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"Intenté sacarle el casco para que no me ahogue a mi hermano, que ya se estaba poniendo morado en el piso, y ahí me pegaron una piña, me empujaron y me patearon". Con esa crudeza, Priscila Mora Grandon resumió el violento episodio que la tuvo como protagonista durante las primeras horas del pasado domingo en pleno centro de Santa Rosa, a metros de la Catedral y la plaza San Martín. La joven de 20 años, estudiante del Colegio República y vecina del barrio ARA San Juan, se presentó este lunes por la mañana en la Fiscalía acompañada por su madre y su hermano de 18 para formalizar una denuncia penal ante la fiscala adjunta Anabella Libertad Kletzel.
Lejos de agotarse en las imágenes que se viralizaron en las redes sociales -donde se observa el brutal empujón y la patada que recibe en el suelo-, la presentación judicial expone un calvario posterior dentro de la Seccional Tercera que incluye la negativa de asistencia médica, vejaciones sistemáticas y un abierto encubrimiento policial.
El origen del caos
En diálogo con El Diario, Priscila reconstruyó paso a paso cómo se desató la secuencia. Todo comenzó en el interior de un local bailable, cuando un desconocido intentó entablar una pelea con el grupo de amigos con el que ella se encontraba. Para evitar mayores inconvenientes, decidieron retirarse del lugar, pero al salir volvieron a cruzarse con el mismo joven, quien increpó y golpeó en el rostro a uno de sus amigos. En medio del tumulto, vio caer un teléfono celular al piso; el agresor lo tomó y salió corriendo. Creyendo que se trataba de su propio dispositivo, porque originalmente estaba en manos de su amigo agredido, la joven corrió detrás de él, momento en el cual se hizo presente la policía.
"Yo trataba de agarrar a mi hermano para que no se meta en líos. Incluso un policía muy buena onda me dijo que me lo lleve para que no se lo lleven detenido. Pero en ese instante aparecieron dos policías en moto, un hombre y una mujer, le tiraron el rodado encima y lo hicieron caer al piso", relató.
La situación se tornó desesperante cuando uno de los uniformados inmovilizó a su hermano de 18 años de la peor manera: "Le pisó la cabeza contra el suelo y vi que se empezaba a poner todo morado. Me desesperé y lo tomé del casco al policía para que lo deje respirar. Ahí nomás le pegó una piña en la nariz a un amigo, me empujó a mí con una violencia tremenda y me pateó en el suelo".
Tras la violenta detención en la vía pública, Priscila y su hermano fueron esposados y trasladados a la Seccional Tercera. Lejos de cumplirse los protocolos de resguardo, la joven vivió horas de humillación y maltrato institucional.
Mientras a su hermano lo encerraron en un buzón, a ella la dejaron en el hall central rodeada de efectivos que se mofaban permanentemente de la situación. "Te gusta pegarle a la policía", le repetían a modo de burla, tergiversando por completo su intervención para salvar a su hermano de la asfixia.
El cuadro de vulnerabilidad se agravó cuando llegó el turno de la revisión médica. Cuando la profesional de la salud ingresó para examinarla, los propios uniformados le advirtieron que no lo hiciera bajo el argumento de que a la detenida "le gustaba pegarle a la fuerza", logrando que la médica se retirara del lugar sin constatar los golpes ni las lesiones que presentaba en el cuerpo.
Inmediatamente después, fue conducida a un baño bajo la orden de desnudarse por completo. Los efectivos dejaron la puerta abierta para que todo el personal masculino y femenino pudiera observarla desde el hall, exponiéndola a una requisa denigrante.
Para coronar la impunidad de la secuencia, Priscila relató que horas más tarde ingresó a la dependencia el mismo efectivo que la había agredido en la plaza. El uniformado nunca se quitó el casco ni el pasamontañas para evitar ser reconocido y, cuando ella le exigió explicaciones a una agente de guardia para conocer su identidad, la respuesta fue la evasiva y el encubrimiento: "¿Qué chaleco, qué policía?", le respondían haciéndose las distraídas.
Con el aporte del video, las lesiones y heridas que le quedaron a los hermanos detenidos, y la ratificación de los testimonios en sede judicial, la investigación quedó formalmente en manos de la fiscala adjunta Anabella Libertad Kletzel, quien deberá identificar e imputar tanto a los integrantes de la patrulla motorizada como al personal policial y sanitario de turno en la Seccional Tercera.