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EL DIARIO digital
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Por Walter Goñi (*)
Algunas postales no son casuales en la política pampeana; son doctrina. En el universo del PJ pampeano, el cuadro de una mesa servida en General Pico y con la figura sonriente de Carlos Verna de fondo valen más que cualquier discurso.
En los últimos días, el exgobernador volvió a tomar la centralidad absoluta del escenario: sin cargos ejecutivos, pero con el peso específico de su liderazgo, reclamó para sí la titularidad de la lapicera y comenzó a desfilar a las figuras clave del espacio. El mensaje es transparente: el ordenamiento del peronismo se teje en el norte.

El encuadre del álbum político tuvo sus tomas precisas. La primera captura de la serie inmortalizó a la vicegobernadora Alicia Mayoral, retratada bajo el tono institucional y distendido de "Una buena manera de comenzar la semana". Tiempo después llegó el retrato con el intendente de Santa Rosa, Luciano di Nápoli, en el punto de mayor contraste y tensión dentro del PJ, fijado bajo la consigna "Charla entre compañeros". Y recientemente, el rollo sumó a la intendenta piquense Fernanda Alonso, una imagen positivada con un mensaje de tono netamente de construcción interna: "Siempre Plurales". Tres impresiones con luz propia, tres mensajes encriptados y un solo fotógrafo en la cabecera.
Sin embargo, reducir esta secuencia a un simple "casting" de candidatos a la gobernación sería una lectura corta del lente político. ¿Y si la mesa de Pico no opera solo como una pasarela de aspirantes, sino básicamente como el laboratorio donde se busca un ordenamiento general del PJ?

Allí es donde cobran valor los espacios en blanco del álbum. Las ausencias en la galería no son descuido, sino señales de una negociación que aún no cerró sus casilleros clave. Por ejemplo, no haber sentado todavía a Ariel Rauschenberger revela que la arquitectura sigue en pausa. La omisión de Daniel "Paly" Bensusan también sugiere que la nómina aún no tiene el visto bueno definitivo. Y, por sobre todas las cosas, la foto final de ese ordenamiento requiere que La Plural santarroseña consolide su propio despliegue territorial en la capital; sin esa pata firme en el principal distrito de la provincia, cualquier intento de contención desde el norte queda a mitad de camino.
El problema es que la cartografía electoral pampeana ya no se encuadra como antes. Pico ha dejado de ser ese paisaje inexpugnable capaz de garantizar por sí solo la victoria del PJ provincial. Ese centro de gravedad demográfico y político se trasladó progresivamente a Santa Rosa, donde la intendencia ubica a di Nápoli en un ángulo de ventaja estratégica innegable.

El jefe comunal santarroseño, además, hizo los deberes para no quedar fuera de foco ante un eventual y destructivo "abrazo del oso". Con la reserva de Fuerza Pampa como un negativo guardado en el cajón -vía de escape institucional y herramienta de presión-, garantizó un encuadre alternativo ante cualquier intento de marginación.
En este marco de negociaciones subterráneas, el paisaje de unidad que Verna retrata -en un estudio estrictamente unipersonal- contempla una composición particular: ubicar a Sergio Ziliotto en un plano específico de la boleta nacional, encabezando la nómina de candidatos a senadores.
La incógnita que paraliza los pasillos del Centro Cívico es si el actual mandatario aceptará quedar en ese contraluz. En el entorno de la Casa de Gobierno nadie se anima a asegurar que Ziliotto se conforme con ese margen sin tener el protagonismo que cree merecer en la definición del encuadre final de la fórmula y en la iluminación de la campaña.

Por ahora, la galería del "Ingeniero" no suma nuevas imágenes... a menos que decida recurrir a una retórica de doble exposición, con algún ilustre desconocido, para despistar a propios y extraños. ¿Y si el próximo retrato que se imprime en Pico lleva la figura de Ziliotto? Esa estampa, más que una foto de unidad, sería la instantánea que inaugure el verdadero capítulo final de la interna oficialista.
(*) Director Periodístico de El Diario de La Pampa.