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EL DIARIO digital
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Un adolescente de 16 años salvó su vida de milagro tras ser acorralado y atacado en plena vía pública por dos perros de raza dogo argentino en un sector residencial de Toay. El ataque, que incluyó mordeduras en el cuero cabelludo, las piernas y las manos, fue frenado a tiempo gracias a la providencial intervención de un vecino que escuchó los gritos desesperados y enfrentó a los animales con un caño metálico.
El dramático episodio ocurrió en cuestión de minutos. "Yo estaba en mi casa preparando una torta para la merienda y le pedí a mi hija de 13 años que fuera a comprar dulce de leche, pero él se ofreció a ir en su lugar", relató Sandra, madre del joven, en diálogo con LU 10 Radio Capital.

Apenas cinco minutos después de que saliera caminando, un automóvil frenó de golpe frente a la vivienda familiar para avisar la emergencia: dos perros estaban atacando a su hijo a la vuelta de la esquina. "Salí corriendo y cuando llegué me quería morir; mi hijo se estaba desmayando", recordó la mujer entre lágrimas.
Acorralado tras un camión
Según la reconstrucción del ataque, los animales utilizados habitualmente para la caza de jabalí se escaparon a la calle tras un descuido de sus dueños, quienes dejaron la puerta abierta. El adolescente, de 1,85 metros de estatura, iba caminando por la vereda cuando una perra le salió al cruce desde atrás de un camión estacionado. Al darse vuelta, el segundo dogo terminó de cerrarle el paso.

"El más chico lo agarró de la remera y la perra le saltó para alcanzarlo y lo tiró al suelo. Ahí le hizo mordidas en la cabeza que afortunadamente fueron superficiales", detalló Sandra. Pese a que el joven logró incorporarse e intentar defenderse, los canes volvieron a la carga y lo sujetaron del gemelo con intenciones de derribarlo nuevamente.
Fue en ese instante crítico cuando un vecino del barrio salió en su auxilio golpeando a los animales con el caño de una pileta. "Fue su ángel de la guarda. Si ese hombre no estaba en la calle, esto terminaba en una tragedia absoluta", remarcó la madre.
Tras la agresión, la mujer radicó la denuncia penal correspondiente, solicitó la constatación de las vacunas de los animales y reclamó que los dogos sean retirados del vecindario para evitar nuevos ataques. Asimismo, aclaró que la propietaria de los canes se puso a disposición de la familia para colaborar con la atención médica del chico.