La Pampa

Boquetes en las paredes y quita de máquinas: signos de vaciamiento en el Frigorífico Pico

La planta ubicada en Trenel ocupa a unos 400 empleados
La planta ubicada en Trenel ocupa a unos 400 empleados.
En la previa de una asamblea clave convocada para este jueves, accionistas disidentes y proveedores denuncian el virtual abandono del predio piquense, abultadas deudas de servicios y el sigiloso desguace de equipamiento.

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EL DIARIO digital

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La parálisis del Frigorífico General Pico ingresó en una zona de alta turbulencia. La empresa de la familia Lowenstein, que a comienzos de este año frenó de golpe los motores de su planta local y se refugió en el concurso de acreedores, convocó a los socios a una asamblea general ordinaria para este jueves a las 11:00 horas. Sin embargo, el temario formal sobre balances y renovación de autoridades llega envuelto en graves denuncias por irregularidades administrativas, deudas millonarias y signos inequívocos de abandono edilicio.

El contraste entre el discurso oficial y la realidad del predio no puede ser más severo. A principios de junio, una bocanada de aire fresco pareció aliviar a las familias de los trabajadores: el Sindicato de la Carne, que encabeza Dardo Loza, anunció con entusiasmo que la firma retomaría las operaciones —primero en Trenel y luego en Pico— de la mano del Frigorífico Gorina, que asumiría el gerenciamiento operativo. La novedad prometía dejar atrás el parate iniciado a fines de diciembre, cuando la faena cayó a niveles marginales antes del goteo de suspensiones y la posterior presentación judicial.

Pero a horas de la asamblea, las postales que llegan desde el predio piquense están muy lejos de un esquema de reactivación. Fuentes del sector y voceros de un grupo de accionistas confirmaron a El Diario que la planta se encuentra en penumbras: no tiene suministro de luz ni de gas por falta de pago y muestra un deterioro avanzado.

Más alarmante aún es el presunto desguace de las instalaciones. Según señalaron las mismas fuentes, en los últimos meses se habría concretado el retiro de maquinaria pesada mediante la apertura de boquetes en las paredes perimetrales que dan al exterior. La parálisis también estrangula a la cadena de valor local: pequeñas y medianas empresas tercerizadas y proveedores de servicios arrastran acreencias impagas que ponen en jaque su propia continuidad.

La marejada institucional viene de arrastre. Tiempo antes del anuncio sobre el desembarco de Gorina, el grupo inversor LTF Argentina —que aportó financiamiento a la firma— apuntó duro contra la conducción de Tito y Alan Lowenstein. En ese entonces, denunciaron que en la asamblea del 24 de abril (impugnada en la Justicia) el directorio bloqueó de manera irregular el voto de los accionistas mayoritarios que cuestionaban la marcha del negocio.

Con acusaciones cruzadas, un edificio a oscuras y boquetes en los muros, la reunión de este jueves no será un simple trámite corporativo: será el escenario donde se determine si la histórica planta cárnica aún conserva chances de recuperación o si se precipita hacia un vaciamiento definitivo.

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