La Pampa

Murió Laurentina Ainó, la pobladora más longeva de La Pampa, a días de cumplir 109 años

Nacida en el invierno de 1917 la infancia de Laurentina estuvo marcada por los mitos del oeste
Nacida en el invierno de 1917, la infancia de Laurentina estuvo marcada por los mitos del oeste.
Falleció a las puertas de un nuevo aniversario. Tuvo 16 hijos y fue un emblema de la vida en el secano pampeano. Mantuvo su lucidez hasta el final, recordaba su infancia junto al mítico bandolero Juan Bautista Bairoletto y aseguraba que anduvo en moto hasta el siglo de vida.

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EL DIARIO digital

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El oeste profundo de La Pampa perdió este jueves a uno de sus faros humanos más potentes. Laurentina Ainó, la pobladora más longeva de la que se tenga registro en el territorio provincial, falleció a los 108 años, a apenas dos semanas de celebrar sus 109. Su partida apaga una vida de sacrificio, arraigo y una vitalidad que desafió todos los manuales de la medicina.

Madre de 16 hijos y testigo directo de las transformaciones más profundas de nuestro suelo, Laurentina pasó sus últimos años rodeada del afecto de una descendencia interminable que ya sumaba decenas de nietos, bisnietos y tataranietos. Quienes la visitaban con frecuencia aseguran que mantuvo una lucidez asombrosa hasta sus últimos días, conservando intacta esa picardía y firmeza típica de la gente de hacha y tiza.

Nacida en el invierno de 1917, la infancia de Laurentina estuvo marcada por la geografía agreste y los mitos del oeste. Entre sus recuerdos más preciados, los cuales repetía con orgullo a quien quisiera escucharla, figuraba su vínculo familiar con Juan Bautista Bairoletto. Según el relato que sostenía con absoluta firmeza, el mítico bandolero rural —perseguido por la policía y cobijado por los puesteros de la zona— había sido su padrino de bautismo.

Aquellas andanzas de "Baitoleto", como le decían los antiguos pobladores, formaban parte del repertorio de anécdotas de una infancia a caballo, en un oeste sin caminos transitables, luz eléctrica ni comunicaciones.

Hace exactamente un año, al celebrar sus 108, Laurentina recibió en su casa a cronistas locales y dejó definiciones que pintaban de cuerpo entero su filosofía de vida. Con una sonrisa pícara, confesó un secreto que dejó boquiabiertos a muchos: "Anduve en moto hasta los 100 años", recordó, rememorando sus recorridas por los senderos de tierra.

Cuando le preguntaban cuál era la fórmula para soplar más de cien velitas con semejante salud, ella no dudaba en relativizar las recetas médicas. Aseguraba que jamás se privó de ningún gusto y que comía lo que quería, con una única y estricta excepción que respetó a rajatabla en el último tramo de su vida: "Le esquivo a la sal, es de lo único que me privo", solía bromear.

El fallecimiento de Laurentina Ainó genera un profundo pesar en las comunidades del oeste, donde se la respetaba como una verdadera matriarca pampeana. Con ella se va una parte fundamental de la historia viva del secano, esa que no siempre sale en los manuales escolares pero que cimentó la identidad de nuestra provincia.

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