La Pampa

La Velada del Santo, una tradición que resiste en el oeste pampeano

Una celebración rural en Puelén que combina fe, encuentro comunitario y transmisión familiar, en el puesto La Salina, parte del relevamiento del patrimonio cultural inmaterial de la provincia.

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EL DIARIO digital

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En el Puesto La Salina, en el departamento de Puelén, en el sudoeste pampeano, cada 16 de julio se renueva una práctica que combina fe, encuentro y memoria familiar: la Velada del Santo. Se trata de una expresión del patrimonio cultural inmaterial que persiste en el oeste pampeano, sostenida por la transmisión entre generaciones y por el compromiso de quienes habitan el territorio.

La celebración está vinculada al día de la Virgen del Carmen y tiene su origen en una práctica iniciada por el padre de Joaquín Cerda, puestero de 82 años, quien hoy continúa con la tradición en su campo. Tras haber estado interrumpida durante algunos años, la Velada fue retomada recientemente y actualmente se transmite a su hijo, con la intención de asegurar su continuidad.

"Mientras yo viva lo voy a seguir haciendo. Cuando muera no se, pero calculo que alguien la va a seguir haciendo", dijo el puestero en el video que contiene el relevamiento.

El relevamiento de la Dirección Provincial de Patrimonio Cultural de la Secretaría de Cultura del Gobierno de La Pampa, a partir de una ficha elaborada en el Puesto La Salina (Puelén) con el testimonio de Joaquín Cerda, recrea esa tradición comunitaria.

Una peregrinación, a caballo o a pie

La jornada comienza alrededor de las 10 de la mañana y se extiende durante todo el día e incluso la noche. Uno de los momentos centrales es la peregrinación, que puede realizarse a caballo o a pie. La imagen de la Virgen es trasladada desde la barda hasta una casa de piedra natural, en un recorrido que marca el inicio de la celebración. Durante toda la jornada se encienden velas que deben permanecer prendidas, por lo que se las ubica cuidadosamente para resguardarlas del viento.

La ceremonia religiosa, acompañada por el sacerdote de Puelén, se realiza sin importar las condiciones climáticas. Luego de la misa, la actividad se traslada a la vivienda familiar, donde el encuentro se vuelve protagonista. Allí se comparte el almuerzo, la cena y distintos momentos de sociabilidad: juegos de cartas, partidas de taba y espacios de conversación que se prolongan durante horas.

Uno de los rasgos distintivos de la Velada del Santo es su carácter abierto. No hay invitaciones formales ni difusión en medios: la convocatoria se realiza de boca en boca y cualquier persona que llega es recibida. Esa lógica hace que la cantidad de asistentes sea incierta, por lo que la familia anfitriona prepara abundante comida —carne de vaca y de chivo— para garantizar que todos puedan participar.

Religión y vida cotidiana

A lo largo del tiempo, la celebración fue incorporando cambios. En sus inicios se realizaba en El Sauzal, en la casa de los abuelos de Cerda, y comenzaba al amanecer. Con el traslado al actual puesto, el horario se modificó para las 10 de la mañana debido a las bajas temperaturas del invierno. También cambiaron algunos aspectos materiales, como la elaboración de las velas, que anteriormente se realizaba en el lugar y hoy ya no.

Más allá de estas transformaciones, la esencia de la Velada se mantiene: un espacio donde lo religioso se entrelaza con la vida cotidiana y donde el encuentro comunitario ocupa un lugar central. En ese sentido, la práctica no solo tiene un valor espiritual, sino también social, al funcionar como punto de reunión para familiares, amistades y personas de la zona.

El relevamiento de la provincia advierte, sin embargo, algunos factores de vulnerabilidad. Entre ellos, el desinterés de las nuevas generaciones por la vida en el campo y la escasa difusión de la celebración. Para quienes la sostienen, darla a conocer es una de las claves para garantizar su continuidad.

En ese equilibrio entre permanencia y cambio, la Velada del Santo sigue siendo, año tras año, una práctica que reafirma vínculos, transmite saberes y mantiene viva una forma de habitar el oeste pampeano.

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