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EL DIARIO digital
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El gobernador Sergio Ziliotto encabezó este martes por la mañana el acto institucional a 50 años del golpe militar del 24 de marzo. El primer mandatario y dos víctimas del terrorismo de estado fueron los oradores, con los pañuelos blancos de fondo. El mensaje central apuntó contra el negacionismo: "Si no fueron 30 mil, que nos digan donde están", resumió el gobernador en su discurso.

La conmemoración se realizó en el Monumento de la Memoria, la Verdad y la Justicia, ubicado en la Avenida Belgrano Sur y Avenida Illia, de nuestra ciudad. Hubo víctimas, intendentes, miembros del gobierno, diputados, y público en general. Al lado del parque está la Seccional Primera de Policía, principal centro clandestino de detención durante la dictadura.

El gobernador Sergio Ziliotto afirmó que "este no es un 24 de marzo más: hay responsabilidades que debemos asumir como sociedad". En ese marco, consideró héroes a las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo por haber sostenido durante décadas la lucha por la verdad y la justicia.
Recordó que en la década del 80 comenzó a gestarse el reclamo por el retorno de la democracia y sostuvo que las elecciones de 1983 fueron el resultado de la militancia y el compromiso de miles de hombres y mujeres que pusieron en riesgo sus vidas para recuperar la libertad.
"Con la llegada de la democracia, el coraje y la decisión política iniciaron un proceso que debe continuar: el juicio a los responsables", señaló. En ese sentido, destacó que la decisión del entonces presidente Raúl Alfonsín marcó el camino de cómo debía buscarse justicia, lo que permitió que se llevaran adelante juicios en todo el país.
Ziliotto subrayó que en La Pampa el juicio de la Subzona 14 terminó con la idea de que la provincia había sido una isla durante la dictadura. "No fue una isla", remarcó, y recordó que a lo largo de la historia los gobiernos democráticos provinciales aportaron su parte en la búsqueda de verdad.

En ese sentido, mencionó que a fines de 1983 un decreto del gobernador Rubén Marín ordenó investigar lo ocurrido durante la dictadura. También recordó que, años después, y acorde a las circunstancias, el gobierno provincial tomó la decisión de reconocer públicamente que avergonzaba la actuación de la Policía de La Pampa durante el terrorismo de Estado, al haber sido el brazo ejecutor de la represión en el territorio.
"Por eso hoy estamos aquí, en este paseo, al lado de donde partió la cacería desenfrenada contra quienes pensaban distinto del poder hegemónico, contra quienes rechazaban el genocidio", expresó.
El gobernador también destacó los cambios institucionales impulsados en democracia. Señaló que la seguridad en La Pampa dejó de estar basada en una ley heredada de la dictadura y que hoy la provincia cuenta con una Ley de Seguridad Pública y Ciudadana, aprobada por la Legislatura.
"Con sus falencias, como todo proceso humano, es una norma que reconoce que la seguridad es una construcción colectiva, en la que la ciudadanía también debe ser parte", indicó. Y agregó que ese camino busca justamente que los hechos del pasado no vuelvan a repetirse.
Al cumplirse 50 años del golpe de Estado, Ziliotto afirmó que la fecha debe servir para recordar, pero también como base para seguir luchando. "La lucha no se detiene: los genocidas deben seguir presos y la justicia debe avanzar", sostuvo.
Advirtió además que aún hoy persisten intentos de justificar el terrorismo de Estado mediante la teoría de los dos demonios. "No fue una lucha entre iguales. Fue terrorismo de Estado", afirmó.
En ese marco, dejó un mensaje dirigido especialmente a las nuevas generaciones, que no vivieron la dictadura en carne propia. "Debemos transmitirles el ejemplo de quienes desaparecieron", señaló.
"Si es cierto que todavía hay quienes niegan la cifra de los 30.000, entonces que digan dónde están", expresó.
Finalmente, aseguró que el legado de los 30.000 desaparecidos es la base para seguir luchando por una sociedad más justa, y subrayó que esa construcción solo es posible en el Estado de derecho, con unión, paz y respeto.

"Somos todos iguales, y esa igualdad solo la garantiza la democracia", concluyó. "Desde el lugar que me toca ocupar y también desde mi propia experiencia de haber vivido aquellos años, no tengan ninguna duda de que desde el gobierno seguiremos trabajando por ese anhelo: una mejor calidad de vida, que solo la democracia nos puede dar".
En el acto también Fernanda Galeano, de la agrupación Hijos La Pampa, tomó la palabra y reconstruyó una historia marcada por el horror y la supervivencia.
Contó que en 1978 un grupo armado irrumpió en la casa familiar en la que vivían en Moreno, provincia de Buenos Aires. Allanaron la vivienda y secuestraron a toda la familia: a su madre, embarazada de ocho meses; a su padre; y a sus tres hermanos, que entonces tenían 9, 11 y 12 años.
A su padre no volvieron a verlo nunca más. "Es uno más de los 30.000 detenidos desaparecidos", dijo.
Su madre fue llevada al centro clandestino de detención de Campo de Mayo. Allí, relató Galeano, le indujeron el parto mediante tortura. "La obligaron a parir en ese horror, encapuchada, mientras la torturaban", recordó.
En medio de ese escenario, la mujer hizo un único pedido a sus captores: poder ver a su hija, aunque fuera por un instante. Los represores aceptaron, pero con una condición: debía permanecer en silencio durante todo el parto.
"Mi mamá hizo silencio. Y me pudo ver", relató.
Luego la devolvieron al lugar de cautiverio. Allí la sometieron a nuevas humillaciones: le tiraban la comida en el piso y la trataban como a un objeto. Ni siquiera tenía nombre. "Era el número 2", recordó su hija.

Tiempo después, sin que la familia supiera cuánto había pasado, volvieron a buscarla. A la bebé se la entregaron en una bolsa, como si fuera basura.
Madre e hija recuperaron la libertad juntas. "Tenemos la suerte y el milagro de ser de las pocas que sobrevivimos", dijo Galeano.
Cuando regresaron con su familia, la recién nacida tenía menos de veinte días. La llevaron de inmediato al médico. Las marcas de la violencia también estaban en su cuerpo: tenía un ojo gravemente lastimado y las uñas arrancadas.
"Somos infancias sobrevivientes", afirmó. "Las heridas que nos dejaron perdurarán para siempre, pero tomamos las banderas de lucha de nuestras madres y de nuestras abuelas".
Su cierre fue un mensaje que resonó en el lugar: "No queremos venganza. Queremos justicia. Y si quieren la memoria completa, la historia completa, que nos digan dónde están".
El acto se cerró con la colocación de placas recordatorias en el Paseo de la Memoria.