La Pampa

A 50 años de una "noche terrible"

Por Rodolfo Gigena (*)

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EL DIARIO digital

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Sí, terrible, como señala el título de esta nota. Muchos sinónimos aparecen: espantosa, siniestra, horrible, palabras que podrían describir lo sucedido en aquella noche del 24 de marzo. Han pasado 50 años y todavía sigue en mí todo lo vivido y sus consecuencias.

Sigue vivo el deseo de comunicar a las nuevas generaciones todo lo sucedido en esos hechos que forman parte de la historia de nuestro país: la abrupta interrupción de un sistema que los argentinos hemos elegido, como es la democracia.

En el diario La Capital

Esa noche estaba en el querido diario La Capital. Nelson Nicoletti escribía sobre el golpe; yo, en un pequeño compartimento, clasificaba las noticias que recibíamos en los teletipos. De pronto escuché que se abría la puerta de la redacción y una voz preguntaba por Nicoletti. Salí y observé a militares que se lo llevaban.

Era el comienzo de una noche larga, oscura, de dolor y tristeza; de detenciones, de exilios, de cesantías y, lamentablemente, de desaparecidos.

Hoy mi amigo Nelson puede narrar todo lo vivido durante su detención. Es un sobreviviente que, junto a quienes padecieron la dictadura, permite reconstruir la historia del golpe, un hecho que muchos todavía intentan relativizar.

El fallecimiento de mi madre

Al comienzo de esta nota aparece el término "consecuencias". Y fue así: esa madrugada del 24 de marzo, cuando llegué a mi casa cerca de las cuatro, mi madre —todavía despierta— me preguntó por mi hermano, el "Lalo". Estaba preocupada porque él había estado detenido durante el levantamiento encabezado por Juan José Valle, el 9 de junio de 1956.

El plan de aquel movimiento era destituir a la dictadura autodenominada Revolución Libertadora, que un año antes había derrocado a Juan Domingo Perón. Los detenidos en La Pampa corrieron el riesgo de ser fusilados, aunque nunca llegó la orden. Cabe recordar que el general Valle fue fusilado el 12 de junio.

Tiempo atrás escribí en Facebook sobre aquella charla con mi madre. Se llamaba Celina López. Le dije que se quedara tranquila, que mi hermano estaba bien, aunque la vi nerviosa. Me acosté, pero era imposible conciliar el sueño.

A las siete escuché un sonido extraño. Me levanté y vi a mi madre apoyada en la mesa de la cocina, con los ojos rojizos y tristes, el rostro casi desfigurado. Se trataba de un ataque de presión. Fallecería el 2 de abril.

Siempre me pregunto por qué no me quedé con ella esa noche, sentado en la cama, quizá hablando de cualquier cosa. Pero recuerdo que el cansancio me vencía. Esa noche mi padre, Eudaldo, la acompañaba en silencio. Él era uruguayo y había sido protagonista de muchas luchas: la Semana Trágica en Buenos Aires, detenciones, traslados de trabajo. Fue un político-sindicalista que conoció la cárcel.

El "Nunca Más"

Han pasado 50 años del golpe y mis pensamientos continúan recordando lo sucedido. Esa misma noche aparecieron militares en el diario para ver qué se iba a publicar. Observaban fotos y escritos, mientras nosotros seguíamos con nuestra labor, profundamente preocupados por la situación de Nelson Nicoletti. Nos preguntábamos cómo estaría su esposa Marta, sus familiares y amigos.

Al día siguiente, con mi madre enferma, concurrí al diario. Teníamos escasas informaciones sobre Nelson. También tomamos conocimiento de las primeras medidas: la clausura del Congreso Nacional, de las legislaturas y de los concejos deliberantes; el nombramiento de nuevos jueces; la intervención de los sindicatos; la restricción de las actividades políticas y la censura en los medios de comunicación.

Recuerdo que, casi siempre en las primeras horas de la tarde —mi ingreso era a las 14—, recibía llamadas en el diario y nadie hablaba: solo se escuchaba música.

Hoy, en la tranquilidad de mi jubilación, cada 24 de marzo se agolpan los recuerdos de aquella noche. Charlo con amigos y escribo algo. No sé si compartir esos momentos me ayuda; quizá sea un desahogo.

Quiero al sistema democrático, con todos sus errores. Y coincido en la necesidad de recrear siempre el reclamo de Memoria, Verdad y Justicia**. De ese recuerdo surge, una vez más, el Nunca Más.

* (Periodista)

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