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EL DIARIO digital
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La Municipalidad de Santa Rosa informó que el intendente Luciano di Nápoli dispuso una serie de cambios en el área de Tránsito, con el objetivo de "fortalecer la gestión, profundizar las políticas de seguridad vial y consolidar una transformación cultural en el uso del espacio público".
En este marco, la Dirección de Tránsito pasará a estar a cargo de Elba Freiman, que seguirá también como responsable de Documentación. La acompañarán Raúl Luengo, quien tuvo a cargo el área durante la gestión del ex intendente Oscar Mario Jorge; y María Zapata, a cargo del área de Inspecciones.
Freiman ya era funcionaria del área y ahora se hará cargo de la conducción de una dirección clave, reemplazando a quien era la responsable hasta el momento. Es pareja del exconcejal José Depetris . Seguirá, según se informó, ocupando la subdirección de Documentación de la Dirección de Tránsito de Santa Rosa.

La nueva directora reemplaza a Guillermina Castro, una sobreviviente del primer período de gestión de di Nápoli. Asumió en diciembre de 2019 y lo acompañó en la mitad de la segunda gestión del jefe comunal: cinco años. Afrontó el desgaste de un área en permanente exposición pública.

Estas designaciones se anunciaron como un refuerzo del trabajo que el Municipio viene desarrollando en materia de educación vial, control y prevención, "promoviendo una convivencia más segura y responsable en la vía pública". Desde la gestión municipal se destacó la importancia de "avanzar en cambios culturales que permitan mejorar el tránsito en la ciudad, priorizando el cuidado de la vida, la seguridad de peatones y conductores, y el uso responsable del espacio público".
Tránsito, control y conflicto: un sello de la gestión Di Nápoli
Desde su llegada a la intendencia, Luciano di Nápoli convirtió al tránsito en una de las políticas más visibles y discutidas de su gestión. Lejos de abordarlo como un área técnica secundaria, el jefe comunal lo transformó en un eje estratégico de ordenamiento urbano, control estatal y modernización municipal, con decisiones que impactan de manera directa en la vida cotidiana de miles de santarroseños.
A diferencia de gestiones anteriores, caracterizadas por intervenciones parciales o reactivas, la administración Di Nápoli avanzó con un enfoque integral del tránsito, que combina normas, controles tecnológicos, fiscalización permanente y campañas preventivas. RTO, estacionamiento medido y radares no aparecen como medidas aisladas, sino como piezas de un mismo esquema.
La lógica es clara: más regulación, más control y mayor presencia del Estado municipal en un área históricamente atravesada por el desorden y la informalidad.

RTO: prevención, costos y controversias
La implementación de la Revisión Técnica Obligatoria (RTO) es, probablemente, la medida más simbólica y conflictiva del paquete vial. Desde el municipio se la presenta como una herramienta de prevención, alineada con normativa nacional y orientada a reducir siniestros provocados por fallas mecánicas.
Sin embargo, la exigencia generó un fuerte debate político e institucional. Concejales de la oposición cuestionaron el procedimiento utilizado por el Ejecutivo para su puesta en marcha y denunciaron una avanzada sin aval del Concejo Deliberante. A eso se sumó el impacto económico directo sobre los conductores, en un contexto de ingresos ajustados.
La RTO expuso un rasgo distintivo del estilo Di Nápoli: decidir, avanzar y sostener las medidas incluso frente a la polémica, priorizando la eficacia por sobre el consenso previo.
Estacionamiento medido: orden urbano y recaudación
Otra de las políticas centrales fue la modernización y ampliación del sistema de estacionamiento medido. Con un esquema digitalizado y una mayor cobertura en el centro y macrocentro, el municipio buscó ordenar el uso del espacio público y promover la rotación vehicular en zonas comerciales y administrativas.
Aunque la gestión insiste en su carácter organizativo, para muchos vecinos el estacionamiento medido se traduce en un costo cotidiano visible, lo que alimenta críticas y malestar. Al mismo tiempo, se consolida como una fuente estable de ingresos municipales y como una herramienta de intervención urbana.
Radares y fotomultas: el corazón del modelo
La instalación de radares de velocidad y cámaras para detectar infracciones marcó un punto de inflexión en la política de tránsito local. El control automatizado permite fiscalización continua, reduce la discrecionalidad y eleva la certeza de la sanción.
Los datos oficiales muestran un alto volumen de infracciones labradas y, en algunas arterias clave, una reducción de siniestros graves. No obstante, el sistema de fotomultas es también el principal foco de críticas, por el monto de las sanciones y por la percepción de un municipio "recaudador".
Una política que ordena y divide
El impacto en la ciudadanía es heterogéneo. Un sector valora el mayor orden y la reducción de conductas peligrosas; otro rechaza el costo económico y la dureza de los controles; un tercero cuestiona las formas y la falta de debate previo.
Lo cierto es que el tránsito se convirtió en una marca de gestión. Da visibilidad, refuerza la imagen de un intendente con capacidad de decisión y control de agenda, pero también concentra desgaste y críticas.