La Pampa

Catoni, la bolilla que faltaba en la licuadora libertaria

El salto de Javier Catoni a la política, entre órdenes "de Nación", fundaciones, pirotecnia y patrulleros. ¿Otra vez se desordena la interna del partido de Milei en La Pampa?

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EL DIARIO digital

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El inefable Javier Catoni dejó de jugar al misterio y confirmó lo que flotaba en el aire político pampeano como un video viral difícil de ignorar: el empresario desembarcará formalmente en la política con una candidatura en 2027, posiblemente con la mira puesta en la intendencia de Santa Rosa. 

La confirmación llegó de su propia boca y no fue menor el condimento elegido para explicarla: la decisión, aseguró, "llegó por una orden que viene de Nación y de mi tocayo", en una referencia apenas velada al presidente Javier Milei.

La declaración no solo causó sorpresa por su contenido, sino también por sus efectos colaterales: las autoridades locales de La Libertad Avanza aseguran no estar al tanto de ningún lanzamiento ni de ninguna orden emanada desde la Casa Rosada. Sin embargo, Catoni insistió, ratificó y dejó en claro que su ingreso a la arena política ya no es una hipótesis sino un hecho en marcha.

Un grano en terreno fértil para el desconcierto

El anuncio de Catoni no puede leerse al margen del contexto político en el que irrumpe. La Libertad Avanza en La Pampa atraviesa desde su conformación un estado de interna permanente, con disputas públicas, pases de factura y desprolijidades que, lejos de ordenarse, parecen haberse naturalizado. En ese marco, no resulta extraño que un empresario afirme recibir órdenes "de Nación" mientras la conducción partidaria local asegura no saber absolutamente nada.

Luciano Ortiz, delegado local de Pami.

Los antecedentes abundan. La LA avanza no tuvo candidatos en 2023 porque el partido quedó "flojo de papeles" y no fue autorizado por la justicia electoral. Luego convivió en medio de una feroz interna entre Luciano Ortiz, de Pami, y Nicolas Boschi, de Anses, que expusieron casi sin filtros los cortocircuitos internos por quedarse con la conducción del partido.

Luego Juan Pablo Paterer, un exPRO, llegó para poner orden. Pero en noviembre pasado renunció a su puesto de apoderado, por las desavenencias con el economista Adrián Ravier, que hizo una excelente elección en octubre y arribó al Congreso. En la campaña también hubo recelos con Martín "El Facha" Matzkin, que tenía la banca de Patricia Bullrich y no oculta su anhelo de ser el candidato a gobernador en 2027.

La sensación de un espacio en constante reconfiguración, donde las lealtades son provisorias y las conducciones se discuten fuera de los ámbitos orgánicos, parece constante. Las diferencias no solo fueron políticas sino también personales, con acusaciones cruzadas y alineamientos cambiantes que terminaron por erosionar cualquier idea de verticalidad partidaria.

La escena llegó a un punto casi caricaturesco cuando una dirigente del propio espacio definió públicamente como "cachivacherio" al grupo de dirigentes de La Libertad Avanza, una definición sin eufemismos del clima interno. 

A este armado frágil, atravesado por egos, disputas de poder y una llamativa incapacidad para ordenar su propia tropa, una "licuadora" libertaria, le llegó la bolilla que faltaba.

La irrupción de Catoni no aparece como una anomalía, sino como un síntoma. Un espacio político donde nadie sabe —o dice no saber— quién decide, quién baja líneas y quién representa a quién, resulta especialmente permeable a figuras que se presentan como "enviados", "tentados" o "convocados" desde instancias superiores. En medio de ese desorden, el empresario encontró un terreno fértil para su desembarco: un partido sin disciplina interna clara, con liderazgos en disputa y con más ruido que conducción.

La confirmación

La confirmación se produjo durante una entrevista radial con el periodista Daniel Lucchelli en LU100 Radio Capital, donde el empresario especialista en seguridad de elite desplegó su ya habitual combinación de frases tajantes, alusiones crípticas y un discurso que oscila entre el outsider indignado y el dirigente en construcción.

"No estoy afiliado a La Libertad Avanza", aclaró de entrada, como quien marca distancia para reforzar su centralidad. Y agregó que su propuesta política, por ahora, consiste en "no hacer la vista gorda, como ciudadano, a errores y brutalidades que cometen nuestros dirigentes". Según explicó, su estilo personal —"hecho y derecho, recto y sin vueltas"— sería el principal insumo de su eventual carrera política.

Catoni sostuvo que su recorrido será gradual: "de menor a mayor, de granito a granito", enumerando un itinerario que va desde una comisión vecinal hasta la ciudad, la provincia y, eventualmente, algo más. En ese trayecto, aseguró haber mantenido "un sinnúmero de reuniones con Nación", donde —según su versión— recibió propuestas más firmes de cara a futuras elecciones. Mientras tanto, afirmó, ya está "armando un equipo".

Consultado específicamente sobre si había dialogado con el diputado nacional Adrián Ravier, presidente de La Libertad Avanza en La Pampa, Catoni fue tajante: todavía no. Pero inmediatamente volvió a encender la mecha: "la orden viene de Nación (se le menciona a Martín Menem), de más allá, de más acá… de un tocayo mío". Ante la aclaración de Lucchelli de que se refería a Javier Milei, el empresario eligió no confirmar ni desmentir: "que la gente suponga lo que quiera suponer… viste que la gente colorea y dibuja con los crayones que tiene a mano".

Fundación, perros y política

Un eje central del nuevo Catoni político es la Fundación Catoni: Sembrando Futuro, una ONG sin fines de lucro que el empresario presentó como su principal plataforma de acción social y, al mismo tiempo, como el sostén de su construcción política hacia 2027.

El excéntrico empresario movilizó  en 2024 en dos camiones los restos de un enorme avión desguazado desde Toay hasta su base militar en el campo Don Manuel.

Según explicó, la fundación será difundida próximamente en todos los medios y comenzará con un proyecto tan específico como singular: la creación de un parque recreativo temático para perros, con piletas, servicios de veterinaria y nutrición. "Será un parque exclusivamente para perros", remarcó, y destacó que la fundación no pedirá fondos económicos "de ninguna manera", un detalle no menor en tiempos de sospechas generalizadas sobre las ONG y la política.

La iniciativa, filantrópica en el discurso, se inscribe en una lógica ya conocida: construir territorialidad y visibilidad desde lo social, mientras se acumula capital simbólico para el salto electoral.

Pirotecnia, municipalidad y redes sociales

Catoni también aprovechó la entrevista para cargar contra la gestión municipal, particularmente por el uso de pirotecnia durante las fiestas de fin de año. Denunció que en el Parque Lineal y en la inauguración de la pileta de la laguna Don Tomás se lanzaron cohetes pese a que la ordenanza municipal lo prohíbe.

"Yo tengo la factura de todo lo que se gastaron ahí", afirmó, en una frase que mezcla denuncia administrativa con advertencia política. "No se puede borrar con el codo lo que se escribe con la mano", agregó.

En ese contexto, apeló a un argumento recurrente en su discurso público: el respaldo popular en redes sociales. Según dijo, recibe miles de comentarios de apoyo frente a apenas uno crítico, y aseguró que la gente le reclama soluciones concretas a problemas cotidianos como cloacas, seguridad y el funcionamiento de cocinas de drogas. "Es eso a lo que hay que atender", sentenció, ya en clave de plataforma política.

El choque "sin luces ni sirenas"

Como si el calendario hubiera decidido colaborar con la narrativa, el martes por la tarde Catoni protagonizó un choque entre su camioneta Hummer y un patrullero policial en el barrio Villa Martita. El episodio, menor en términos materiales, se convirtió rápidamente en un nuevo capítulo del personaje. Hace varios años ya había protagonizado un grave siniestro vial en la capital pampeana.

Según su versión, el móvil policial circulaba a alta velocidad, sin luces, sirenas ni balizas. "Fue un choque leve, un roce como pasa recurrentemente", minimizó, aunque no dejó pasar la oportunidad de marcar responsabilidades ajenas. También aludió al "cholulismo" y al "teléfono descompuesto" que, según él, magnificaron el hecho.

El parte policial consignó que el siniestro ocurrió en la esquina de Evangelista y Rojas mientras el móvil realizaba recorridas de prevención. Los controles de alcoholemia dieron negativo en ambos conductores, cerrando el episodio desde el punto de vista formal, aunque no desde el simbólico.

Un prontuario "polémico" 

El desembarco de Javier Catoni en la política no ocurre en el vacío. Llega precedido por una acumulación de episodios, controversias y relatos que, con el paso del tiempo, fueron moldeando una figura pública tan reconocible como discutida en Santa Rosa. De hecho, el propio Catoni alude a ese universo cuando afirma que "mucha gente fantasea y tiene mitos respecto a mí".

Entre esos mitos —y también hechos concretos que generaron debate— aparecen sus reiteradas referencias a entrenamientos de tipo militar y a su especialización en seguridad de elite, un perfil que siempre cultivó con celo y que le permitió construir una imagen asociada a la disciplina, el orden y la preparación física extrema. El excéntrico empresario movilizó el 19 de marzo de 2024 en dos camiones los restos de un enorme avión desguazado desde Toay hasta su base militar en el campo Don Manuel.

Ese costado, lejos de diluirse, se profundizó a fines del año pasado con la inauguración de un gimnasio de características elitistas, presentado como un espacio exclusivo, orientado a un público seleccionado y alineado con esa lógica de exigencia, fortaleza y control.

La apertura de ese gimnasio no pasó desapercibida: fue leída por muchos como una extensión natural de su universo simbólico y, para otros, como un gesto de diferenciación social que reforzó su perfil polémico. 

Otro de los episodios que lo colocaron en el centro de la escena ocurrió hace dos años: fue el intento de instalar un helipuerto en un barrio residencial de Santa Rosa, iniciativa que despertó resistencia vecinal, cuestionamientos administrativos y una discusión pública sobre límites, habilitaciones y convivencia urbana. El episodio funcionó como una suerte de ensayo general de lo que vendría después: Catoni avanzando, vecinos reaccionando, el Estado mediando y los medios amplificando. Finalmente, el Concejo Deliberante le rechazó el permiso.

A eso se suma una pregunta que sobrevuela cada aparición del empresario y que él mismo reconoce de manera indirecta: el origen de sus fondos. Sin dar precisiones, Catoni suele esquivar el tema o responderlo con frases generales, lo que alimenta especulaciones, sospechas y relatos cruzados. Lejos de despejar del todo esas dudas, el empresario parece convivir con ellas, incluso capitalizarlas, como parte de una narrativa donde el personaje resulta tan importante como el proyecto.

En ese marco, su afirmación de que la Fundación Catoni "nunca va a pedir fondos económicos" puede leerse también como una respuesta anticipada a esos interrogantes persistentes. 

Así, el Catoni que ahora anuncia su salto a la política no es un recién llegado ni un desconocido. Es un actor que arrastra una historia de conflictos, emprendimientos singulares y polémicas reiteradas, que forman parte inseparable de su construcción pública. Un outsider que, paradójicamente, ya conoce de memoria el escenario, los focos y las reacciones.

Empresario, especialista en seguridad de elite, protagonista frecuente de controversias públicas, Catoni construye su figura política desde un lugar deliberadamente incómodo para el sistema tradicional. No milita, no se afilia, no confirma respaldos, pero al mismo tiempo habla de órdenes "de Nación", reuniones estratégicas y un proyecto político de alcance municipal.

Su discurso combina indignación moral, apelaciones al sentido común y una narrativa de persecución o incomprensión, mientras se posiciona como alguien que "solo quiere ayudar". La ambigüedad parece ser parte central de su estrategia: decir sin decir, confirmar sin oficializar, anunciar sin pedir permiso.

Con 2027 todavía lejos, el lanzamiento de Catoni no es un cierre sino un punto de partida. Y aunque en La Libertad Avanza local miren el fenómeno con sorpresa —o directamente con desconocimiento—, el empresario ya se anotó en la carrera. A su manera, con perros, fundaciones, pirotecnia, patrulleros y una supuesta orden que baja desde lo más alto del poder.

El resto, como él mismo diría, quedará librado a los crayones que cada cual tenga a mano.

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